La marihuana es ilegal solo para quienes la disfrutan

Esta es la frase con la que el Dr. Hibbert le responde a Homero la pregunta sobre la legalidad de la marihuana después de que el profesional se la recetara para curar su dolor de ojos.

Y es que más claro no lo podría haber dicho. La lucha por la despenalización de la marihuana ha conseguido sus frutos en tan solo dos países de todo el globo: Canadá y Uruguay. El resto se divide entre quienes lo penalizan para cualquier uso y entre quienes lo legalizan solo para uso medicinal: Argentina es uno de estos desde el 2017. Si bien se reglamentó su uso, este gran paso quedó muy lejos de mejorar la situación. Como el autocultivo para uso medicinal no se permite, la única manera de conseguir el remedio se da por su producción nacional y/o importación, pero esto tampoco sucede como se supone. Fue recién en febrero de este año cuando en Jujuy se habilitó el primer centro destinado al estudio y cultivo del cannabis medicinal. Esto significó que la ley estuvo dos años en desuso luego de su sanción.

Pero la pregunta aquí es otra. ¿Qué es lo que convierte en tabú a esta planta de la que se parece tener escasa, si es que nula y equivocada, información? ¿Sobre qué se asienta la idea de mantenerla por debajo de la línea legal?

“Es una droga y es dañina”

Toda droga es dañina, es sabido. La cuestión en este debate muchas veces se torna acerca de cuál es más o menos dañina (aunque la marihuana sea menos dañina que el tabaco) [1] en cambio de centrarse en lo conveniente de su legalización. 

Si se habla de drogas, daño y consumo, no se puede dejar de nombrar a la droga más consumida: el alcohol. Esta droga, si bien es legal y reglamentada, registra más de 3 millones de muertes por año además de ser la causante de más de 200 enfermedades y trastornos [2]. Sin embargo, en vez de pensar en su ilegalidad para regular su consumo, son comunes los aumentos de restricciones en la edad y por supuesto los impuestos -cada vez más altos- ante estos productos. ¿Acaso no causa ruido que a la droga más consumida en todo el mundo (teniendo en cuenta que casi la mitad de jóvenes menores de edad la consumen aun sabiendo de que esto afecta notoriamente en la maduración cerebral [3]) se la mantenga legal y que los esfuerzos para “evitarla” sean el aumento su precio en vez de penalizarla como a la marihuana? ¿El debate sobre la penalización es entonces en torno al daño que causa, o están envueltos en el medio el aprovechamiento empresarial y las ganancias que se tienen a costa de millones de muertes y enfermedades alrededor del globo?

Si de consumo se trata, la marihuana es la primera droga ilícita más consumida y, junto con el resto de las drogas incluyendo las legales, se lleva el tercer puesto después del alcohol y el tabaco [4]. Sabiendo que su consumo está trepando el 20% de la población argentina no es difícil dilucidar las grandes ganancias que representa el cannabis ilegal para el narcotráfico. Legalizar su consumo significa, por una parte, desmantelar un enorme negocio que se costea gracias a la falta de leyes y a la ineficacia de la penalización. Por otra parte, la despenalización de la marihuana garantiza a esos millones de consumidores en el país un producto de calidad, regulado y controlado por el Estado. Por lo tanto la legalización es el primer paso importante para poder acceder a un control de esta droga como se desea. 

La lista de resultados (muy) positivos que tiene el cannabis medicinal [5] ya no es tema de discusión, por lo menos en la Argentina, donde este tipo de uso ya es legal. Pero esto no quiere decir que los problemas estén solucionados. Por ejemplo, para tener acceso a aceites de cannabis medicinal el Programa Nacional para el Estudio y la Investigación es quien contempla aquellos casos en los que se puede acceder a su compra. El problema radica en que este Programa solo contempla a pacientes con epilepsia refractaria, dejando al resto de las patologías -como trastornos del espectro autista y dolores crónicos- fuera del acceso a su remedio. Y esto en vez de mejorar con el tiempo, empeora. Hay que tener en cuenta que el ente que da la autorización para comprar legalmente cannabis estaba a cargo del ex Ministerio de Salud de la Nación, actualmente inexistente. Además de lo anteriormente nombrado, existe la burocratización digital del acceso al medicamento. Esto es un problema ya que, considerando la brecha digital y la complejización que traen las fallas de funcionamiento de la plataforma resta y empeora la situación de quienes necesitan la medicina.

Lo peor es que a esto se le suman las trabas legales para autocultivar cannabis -medicinal o recreativo-. Es decir, existe una ley a medias que si bien contempla que el cannabis es efectivo en sus usos medicinales, no contempla las complejizaciones que la falta de regulación representa para quienes necesitan conseguirla. El autocultivo medicinal se dilucida fácilmente como la mejor salida para que las personas quienes, por receta médica necesitan el uso de esta planta medicinal, la obtengan sin trabas burocráticas, de dinero o de desigualdades a la hora de acceder a herramientas digitales. Sólo faltaría además de esto, una conveniente regulación de su plantación, pero esto no se puede hacer sin su previa legalización, claro está.

Pero es que si de marihuana se habla, se lo hace con una bruma de prejuicios y falsa información alrededor. “La marihuana es la droga que abre las puertas hacia drogas más pesadas”, la frase más famosa que se escucha de boca en boca, no está fundamentada en absoluto. Los estudios indican que aunque sí se registre que las personas antes de consumir drogas “duras” comienzan con las “livianas”, no se comienza necesariamente con la marihuana [6]. Y es que si se tiene una mirada precisa del tema, la puerta hacia el resto de las drogas sería más bien, el alcohol primero y el tabaco segundo, y aún así ningún tabú envuelve a estas dos. El simple concepto de “droga de iniciación” es vago por sí mismo, pero es el argumento en contra que más se utiliza. Lo interesante es que en el caso de la marihuana se basan en mitos y tabús, más no en verdaderos hechos. La marihuana no es comparable con las drogas duras como la heroína o la cocaína de las que sí se tienen pruebas de lo dañinas y adictivas que son, pero es la desinformación la que hace creer lo que se dice. Si una persona en la situación actual consume marihuana, está interactuando con una droga ilegal; la puerta de entrada a las drogas duras no está en las drogas sino en su ilegalidad.

Y es que no es novedad que funcionarios legislen sin información acerca del tema, pero no es enteramente su culpa. El hecho de que la misma cultura decida ocultar el consumo de marihuana es el paso principal para dejarle la puerta abierta a los tabúes y a la desinformación, a los mitos sin fundamentos y al prejuicio que nace con el ocultamiento de todo aquello que es malo porque así nos han dicho. El primer paso para derribar cualquier barrera creada por la ceguez cultural es la información, y allí es cuando el segundo paso se da automáticamente: legislar.

FUENTES:

[1]: Según estudio publicado en la revista Journal of the American Medical Association. https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/1104848 
[2]: Estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS). https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/alcohol 
[3]: Estudio del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA). https://www.iafa.go.cr/informacion-general-sobre-drogas/alcohol-y-adolescencia
[4]: Estudio de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar). http://www.observatorio.gov.ar/media/k2/attachments/2018-10-05ZEncuestaZHogares.pdf
[5]: Resumen de la mano de la Fundación CANNA de CANNA Fertilizantes S.L. https://www.fundacion-canna.es/uso-medicinal-de-cannabis
[6]: Estudio del Observatorio Chileno de Drogas SENDA. http://www.senda.gob.cl/media/boletines/Boletin%2011%20Es%20la%20marihuana%20una%20puerta%20de%20entrada%20a%20otras%20drogas.pdf

Escrito por

De ocupación: estudiante de Ciencia Política en la UCC; de vocación: la lucha, y de objetivo: el despertar interés en las personas a través de la escritura de análisis críticos.

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