El MERCOSUR: Desistir o seguir

Hace algún tiempo resuenan en el Sistema Internacional rumores del futuro del Mercosur. Politólogos, internacionalistas, periodistas y expertos en integración, analizan el porvenir de esta integración latinoamericana desde distintos puntos de vista e ideologías en lo que compete a su futuro. Si hay algo que es seguro, entre tanto análisis y conjeturas, es que el Mercosur ha fallado.

Creado en 1991, el organismo conformado hoy por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay estableció en su fundación con la firma del Tratado de Asunción “La libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, el establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común, la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados partes y la armonización de las legislaciones para lograr el fortalecimiento del proceso de integración”. Aquí se entiende que desde el primer momento las ambiciones de la integración fueron fundamentalmente a nivel  comercial y económico, lo cual en el inicio pareció un primer paso con la esperanza de que en el largo plazo, Latinoamérica se conforme como unidad regional en todos los aspectos. Pero esto nunca sucedió.

Debido a esto se pueden percibir ciertas particularidades del Mercosur. Dentro de los objetivos principales del Mercosur, la libre circulación de personas no se presenta como una meta a futuro, y a su vez, la posibilidad de crear fronteras de acceso más flexibles, conlleva a maximizar problemáticas estructurales de la región como el narcotráfico y la trata de personas. Esto hace que el Mercosur se encuentre con el dilema entre trabajar por una integración, o independizarse de ésta completamente.

Siguiendo la lógica de la teoría funcionalista del spillover, la integración regional se inicia en temáticas económicas a partir de un sector específico, puede ser a partir de la eliminación de los aranceles y las subvenciones nacionales y luego esta acción conduciría a  la integración hacia otros sectores y, de esta manera, la integración se profundizará por medio de la expansión sectorial (Perrotta, 2013).

Pero justamente en el Mercosur, el spillover no sucede en su totalidad, ya que luego de la conformación de la unión aduanera, a partir su crisis de principios del 2000, hasta su reformulación entre 2003 y 2012, el Mercosur no ha logrado salir de su estancamiento ni llegar a nuevos horizontes acorde a las necesidades e intereses de este nuevo siglo. Dentro del Mercosur lo que ocurre es un derrame funcional, en el cual se expandió la integración en ciertas áreas pero se estancó la cooperación en otras, lo cual obstaculiza que el proceso de integración regional se “derrame” totalmente.

Los Estados miembros del organismo, deben contar con una madurez estatal en términos de economía, comercio y también de defensa, con la finalidad de alcanzar espacios de intercambio comercial y económicos. Es innegable que el Mercosur no está al día con los requisitos de todos estos campos, y por esto mismo es fundamental entender que, por más que los objetivos sean comerciales y económicos, debe haber entre los Estados una fusión en seguridad, que proteja y pueda velar por los intereses y el bienestar de la integración, pero esto se ve amenazado al mismo tiempo por los propios políticos que actúan en contra de su buen funcionamiento.

En las últimas semanas, las noticias sobre el futuro del Mercosur empezaron a hacerse notar. Tras la asunción del Presidente brasileño Jair Bolsonaro, se ha puesto en duda la continuidad del Mercosur. A fines del 2018, el Ministro de Economía de Brasil declaró con énfasis que “La prioridad de Brasil no es el Mercosur”. Esta declaración preocupo a la región sudamericana, y sobre todo a Argentina, teniendo en cuenta que Brasil es un socio fundamental para que la economía del país salga de su estancamiento.

Las dudas sobre la posibilidad de que el Mercosur se desintegre fueron  disipadas en reiteradas oportunidades por el Presidente Macri, alegando que el bloque comercial es fundamental para el crecimiento de ambos países.

Además de la constante comunicación con el mandatario brasileño, con su última visita a la Argentina, en la cual durante la jornada de reuniones y aprovechando la buena relación entre ambos presidentes tanto ideológica como económica, se ha llegado a varios acuerdos y se ha retomado la idea de una moneda única, la cual podría demorar años y una serie interminable de políticas a implementarse.

Frente a esto ha cambiado el escenario en el cual se encuentra el Mercosur. Se ha pasado de un estancamiento de años, tanto en materia comercial y económica, a finalmente poder proyectar un horizonte sobre este proceso de integración fallido.  

Sin embargo, teniendo en cuenta que el Mercosur no delega su autoridad a instituciones y las decisiones son tomadas por los Jefes de Estado, se dificulta la coordinación de estas por los gobiernos internamente, ya que la alternancia genera que no haya una guía a seguir acorde al camino del Mercosur y de lo que se quiere lograr a través de este proceso. Cada presidente toma decisiones acorde al interés de la política interna, y a lo que la agenda de la misma demanda en los distintos ámbitos de relación de las naciones

Esta tendencia a su vez, dificulta la fluidez del camino del Mercosur, ya que cada país y sobre todo, cada gobernante, se guía por su propio interés. Esto genera que no haya un objetivo en común como región, lo que lleva a que compitan entre sí por el dominio de la región.  Este punto clave, deja ver que la competencia y la lucha de intereses entre los países vecinos afectan negativamente al desarrollo y crecimiento del Mercosur como unión, ya que no es la prioridad para ninguno de las Naciones que lo integran.

Al cambiar el tablero del juego de integración sudamericana, el futuro del Mercosur genera incertidumbre con este sorpresivo acercamiento y cooperación entre los protagonistas. Frente a esta situación, el Mercosur se enfrenta con dos caminos que definirán su futuro: seguir apostando por la cooperación para construir una fuerza en conjunto o por el contrario, desistir y perseguir la independencia nacional con el fin de  ganar la lucha del poder regional.

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