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La noticia inmediata es la elección de Brasil. Flávio Bolsonaro terminó primero, con el 47,03% de los votos válidos, por delante de Lula da Silva, que obtuvo el 45,16%. Como ninguno superó el 50%, habrá balotaje el próximo 25 de octubre. Las especulaciones sobre lo que esto significa no van a entrar en esta edición porque todavía están demasiado frescas, pero estén atentos a Poli.

En la edición #70 nos vamos a ocupar del G7, que acordó echar mano de sus reservas de combustible; del FMI, que profundiza su regreso a Venezuela; y, por último, de los efectos de las sanciones de Estados Unidos sobre la Corte Penal Internacional.

Para el cierre vamos a hablar de la retirada de Estados Unidos de Irak. Es, técnicamente, la segunda retirada desde la invasión de 2003. Las últimas tropas estadounidenses habían salido a fines de 2011, antes de regresar en 2014 para ayudar a las fuerzas iraquíes frente al avance de Estado Islámico. Más de dos décadas después de la invasión, Washington vuelve a anunciar que la misión terminó.

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El G7 acuerda liberar reservas de combustible

Los países del G7 acordaron liberar 100 millones de barriles de diésel y petróleo crudo de sus reservas de emergencia para aliviar la presión sobre el mercado. La medida comenzó a implementarse de inmediato y se extenderá durante cuatro meses, con una parte importante del diésel prevista para los primeros 20 días, buscando aumentar temporalmente la oferta y contener faltantes y subas de precios. El acuerdo llegó después de que Washington presionara a Francia y Alemania para que recurrieran a sus inventarios y amenazara con restringir las exportaciones estadounidenses de diésel. La escasez se agravó además por la suspensión de las exportaciones de combustibles de las refinerías chinas fuera de Hong Kong y Macao y por las restricciones rusas al diésel, en un mercado energético ya tensionado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El FMI prepara su regreso a Venezuela

El Fondo Monetario Internacional anunció que busca abrir una oficina en Venezuela, un nuevo paso en la normalización de sus relaciones con Caracas, reanudadas formalmente en abril después de permanecer suspendidas desde 2019. La directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, se reunió recientemente con la presidenta interina Delcy Rodríguez durante la Asamblea General de Naciones Unidas. Por ahora, el gobierno venezolano no solicitó un programa del FMI ni asistencia financiera. El acercamiento coincide con los esfuerzos venezolanos para reestructurar unos US$60.000 millones en bonos soberanos y de PDVSA en default, dentro de pasivos totales que, incluyendo intereses y laudos arbitrales, podrían alcanzar entre US150.000yUS200.000 millones.

Las sanciones contra la CPI empiezan a tener efectos

La Corte Penal Internacional terminó su contrato de cobertura médica con la aseguradora francesa AXA y pasó a un nuevo proveedor. Según el Financial Times, ambas partes temían que una ampliación de las sanciones estadounidenses obligara a la compañía a cortar sus vínculos con la institución o exponerse a represalias. Washington ya impuso restricciones financieras y de viaje contra 13 funcionarios de la Corte, incluida la mitad de sus 18 jueces. El caso de AXA muestra cómo las sanciones empiezan a afectar también las relaciones comerciales y el funcionamiento cotidiano de la institución.

En la mesa: Misión cumplida

El 30 de septiembre salieron de Irak las últimas tropas estadounidenses desplegadas en el país. Donald Trump celebró el cierre de una misión que calificó como un “pantano” y una “excursión al infierno”, y aseguró que Irak quedaba en buenas manos con su nuevo primer ministro, Ali al-Zaidi, un “amigo” suyo. También contó que lo había apoyado durante la campaña y que había ganado por amplia mayoría. Conmovedor, de no ser porque el primer ministro iraquí no se elige de forma directa: al-Zaidi ni siquiera estaba en la boleta, sino que fue nominado por el bloque parlamentario dominante. Después de 23 años, Irak todavía puede generarle tropezones a los líderes de Washington.

En marzo de 2003, Estados Unidos, Reino Unido y otros miembros de una coalición invadieron Irak para derrocar a Saddam Hussein. El principal argumento público fue que Bagdad conservaba armas de destrucción masiva y programas capaces de producirlas. Las armas nunca aparecieron. El Iraq Survey Group concluiría después que Saddam había destruido sus principales arsenales años antes y que no existían los stockpiles que habían sostenido buena parte del caso para la guerra. Tampoco hubo una nueva resolución del Consejo de Seguridad que autorizara explícitamente la invasión. Washington y Londres sostuvieron que resoluciones anteriores les daban autoridad suficiente, pero una amplia mayoría de los Estados que intervinieron ante el Consejo rechazó esa interpretación.

Saddam cayó rápido. Tanto que el 1 de mayo de 2003 George W. Bush anunció que las principales operaciones de combate habían terminado desde la cubierta del USS Abraham Lincoln, con un enorme cartel de “Mission Accomplished” detrás suyo. El resultado fue una larga ocupación, una insurgencia atravesada por redes sectarias transnacionales y un proceso de estabilización política que nunca parecía concretarse.

Cinco años después, cuando Bush volvió a Bagdad en una visita de despedida destinada a celebrar el acuerdo que fijaba la retirada estadounidense para 2011, la imagen fue bastante distinta. Durante una conferencia de prensa junto al primer ministro Nouri al-Maliki, el periodista Muntadhar al-Zaidi le arrojó sus dos zapatos y lo despidió en nombre de las víctimas iraquíes de la guerra. Falló ambos lanzamientos, pero el gesto se convirtió rápidamente en un símbolo del rechazo a la ocupación. Hubo manifestaciones reclamando su liberación y protestas con zapatos contra fuerzas estadounidenses en distintas partes de Irak.

Tres años después, en diciembre de 2011, las últimas tropas estadounidenses abandonaron Irak, pero en menos de tres años estarían volviendo. En 2014, ante el avance de Estado Islámico y a pedido del gobierno iraquí, Estados Unidos regresó al frente de una nueva coalición. ISIS llegó a controlar grandes extensiones de Irak y Siria antes de perder su territorio. Dejó de funcionar como un ejército capaz de administrar un califato, aunque sus células nunca desaparecieron. Esa segunda misión es la que Washington acaba de cerrar, mientras mantiene una relación de seguridad más limitada basada en entrenamiento e inteligencia.

¿Qué queda entonces de la guerra de Irak? Saddam Hussein fue derrocado y el sistema político que lo reemplazó sigue en pie. Pero las armas que justificaron la invasión nunca aparecieron. La guerra dejó cientos de miles de muertos y millones de desplazados, abrió años de violencia interna y modificó el equilibrio regional en beneficio de un Irán que hoy conserva una enorme influencia política y militar en Irak. Para Estados Unidos, además, Irak terminó convirtiéndose en una referencia casi automática cuando se discuten los límites de la inteligencia, las intervenciones militares y la reconstrucción de otros Estados. En cierto sentido, ocupó para una nueva generación el lugar que Vietnam había tenido para la anterior y se convirtió en uno de los grandes símbolos de las llamadas “guerras eternas”. Quizás por eso “Misión Cumplida” sobrevivió mejor como ironía que como diagnóstico.

¡Hasta la próxima!

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