¡Hola!

¿Cómo están? Nueva semana de terror existencial e incertidumbre por un futuro que bien podría ser el de la película de Terminator. Un ex-empleado de Anthropic advierte por los peligros de las avanzadas IA’s que están desarrollando. Los CEO’s se montan en esto, y en un inesperado giro de los acontecimientos reclaman más controles a los Estados, que parecen haber respondido “Esta es toda de ustedes”.

En el plano local el giró pareció pertenecer al presidente que retomó la cuestión malvinas con un inusitado ímpetu, sobre esto les recomiendo una reciente nota en el sitio que se pregunta qué cambió para que esto ocurra.

En el menú de la semana incluimos: la nueva ley de espionaje de Corea del Sur, lideres de Escocia, Irlanda y Gales se juntan para pedir mas autonomía y las posibilidades de expandir el BRICS.

Cerramos hablando un poquito de la guerra en el espacio.

En el menú 

Corea del Sur, Chips y Espías

Corea del Sur puso en vigencia una reforma que amplía el delito de espionaje para incluir actividades realizadas en beneficio de cualquier Estado extranjero. Hasta ahora, las principales disposiciones estaban pensadas alrededor de Corea del Norte, lo que dificultaba perseguir filtraciones vinculadas con otros países. El cambio busca reforzar la protección de tecnologías estratégicas como semiconductores, baterías, pantallas e inteligencia artificial. Entre los antecedentes aparece China: el año pasado fueron acusados exempleados de Samsung de transferir tecnología de memorias DRAM a la fabricante china CXMT.

Reino ¿Unido?

Los líderes del SNP escocés, Plaid Cymru galés y Sinn Féin se reunieron en Cardiff para reclamar que Westminster facilite eventuales procesos de cambio constitucional en las tres naciones. John Swinney, Rhun ap Iorwerth y Michelle O’Neill participaron en calidad de dirigentes partidarios, junto con Mary Lou McDonald, presidenta de Sinn Féin. La particularidad es que los tres primeros son también los actuales jefes de gobierno de Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Downing Street desestimó el planteo, reafirmó su compromiso con la unión y señaló que el gobierno está concentrado en problemas como el costo de vida.

Greater BRICS

Durante la cumbre de los BRICS en Nueva Delhi, Xi Jinping propuso profundizar la integración económica y tecnológica del bloque bajo la idea de un “Greater BRICS”. Entre las iniciativas mencionó mayor cooperación en inteligencia artificial, comercio, servicios y cadenas de suministro, además de mecanismos para facilitar los intercambios entre sus miembros. La expansión reciente del grupo aumentó considerablemente su peso internacional, pero también incorporó países con intereses estratégicos muy distintos, por lo que el desafío pasa ahora por convertir esa mayor escala política en mecanismos concretos de cooperación económica.

En la mesa: La remake de la Star Wars de Reagan

Esta semana Estados Unidos reconoció por primera vez que tiene armas desplegadas en órbita. Troy Meink, secretario de la Fuerza Aérea, habló de on-orbit space control weapons, aunque evitó explicar qué son exactamente, cuántas existen o qué capacidades tienen. Un día después, el jefe de la Space Force, Douglas Schiess, fue todavía más directo al asegurar que sus fuerzas ya operan armas en órbita capaces de defender a Estados Unidos frente a ataques apoyados desde el espacio.

No son los únicos con movimiento ahí arriba. En junio, un avión espacial chino no tripulado liberó un pequeño satélite que maniobró alrededor de otro objeto chino antes de volver a aproximarse a la nave. Otros satélites chinos realizaron movimientos coordinados que funcionarios estadounidenses describieron como una suerte de “dogfighting” orbital. Rusia también opera satélites maniobrables capaces de acercarse a otras naves y Washington la acusa de desarrollar una capacidad antisatélite vinculada a un dispositivo nuclear, algo que Moscú niega.

Del otro lado, además de las declaraciones estadounidenses, ya comenzaron a aparecer operaciones militares coordinadas. Estados Unidos y Reino Unido realizaron su primera operación conjunta en el espacio, maniobrando un satélite estadounidense cerca de uno británico mientras un presunto satélite espía chino pasaba por debajo. En junio, la Space Force también reveló un arma electromagnética terrestre diseñada para interferir o inutilizar satélites adversarios.

Con Estados Unidos hablando abiertamente de armas espaciales, es difícil no retrotraernos a Reagan y su Strategic Defense Initiative, la otra famosa Guerra de las Galaxias. El proyecto buscaba desarrollar un gran escudo contra misiles balísticos soviéticos y nunca llegó a completarse. Pero aquella Guerra de las Galaxias pensaba el espacio, sobre todo, como una plataforma desde la cual defender la Tierra. Hoy, en cambio, el propio espacio empieza a ser tratado como un entorno de combate.

La razón es bastante sencilla. Hace décadas que los ejércitos dependen de satélites para comunicarse, navegar, obtener imágenes, localizar objetivos o detectar lanzamientos de misiles. Si una parte importante de la capacidad militar se apoya en esta infraestructura, aparecen simultáneamente la necesidad de protegerla y el incentivo para convertir la del adversario en un objetivo.

Los misiles antisatélite ya ofrecían una forma bastante directa de hacerlo, pero aparecieron otras opciones. Las señales pueden ser interferidas, los sensores cegados con láseres, los sistemas informáticos atacados y los satélites pueden aproximarse a otros aparatos para observarlos, manipularlos o intentar intervenciones kinéticas. Acá se suma el complejo mundo de las tecnologías de uso dual y la dificultad para distinguir con claridad entre capacidades civiles, defensivas y ofensivas.

Pero, sin ir tan lejos, el actual marco jurídico internacional tampoco prohíbe de manera general las armas convencionales en órbita. El Tratado del Espacio Exterior de 1967 impide colocar armas nucleares u otras armas de destrucción masiva alrededor de la Tierra, pero no extiende esa prohibición a todas las armas convencionales. China y Rusia respondieron al anuncio estadounidense reclamando limitar la militarización del espacio y advirtiendo sobre una carrera armamentista.

La Guerra de las Galaxias de Reagan buscaba impedir que los misiles soviéticos llegaran a Estados Unidos. Cuatro décadas después, es la propia infraestructura en órbita la que se quiere proteger. Todavía no estamos viendo ataques abiertos y destructivos contra satélites de otras grandes potencias, pero las maniobras, las armas y los preparativos ya están ahí arriba. La nueva carrera espacial también pasa por quién podrá seguir utilizando el espacio cuando llegue un conflicto.

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