¡Hola!
A esta altura, el ciclo en el que Trump anuncia una tregua con Irán, vuelven a estallar las hostilidades y, pocos días después, volvemos a hablar de una nueva tregua empieza a lucir caricaturesco. No por eso deja de ser un hecho internacional relevante, pero la frecuencia con la que ocurre le quita impacto.
Por otra parte, en el menú también vamos a mirar un poquito a la región, comentando el balotaje de Colombia que nos quedó de la edición pasada y, de mayor gravedad, el terremoto en Venezuela, mientras rescatistas intentan rescatar a personas que todavía permanecen atrapadas bajo los escombros.
Por último, surge en Israel un nuevo rival político para Netanyahu, que critica cómo se manejaron los conflictos en Gaza, Líbano e Irán. Para el exgeneral Gadi Eisenkot, Bibi es demasiado blando.
En el menú
Terremoto en Venezuela
Las tareas de rescate continúan en el norte de Venezuela tras los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país la semana pasada. Mientras el número de víctimas sigue aumentando, equipos internacionales trabajan entre los escombros y las autoridades comenzaron la etapa de asistencia y reconstrucción. La tragedia también volvió a exponer el deterioro de la infraestructura venezolana y la limitada capacidad de respuesta del Estado.
Estados Unidos – Irán
La tensión volvió al estrecho de Ormuz luego de que Irán atacara con drones un buque mercante al que acusó de transitar fuera del corredor marítimo que reclama controlar. Estados Unidos respondió con ataques sobre instalaciones militares iraníes, aunque ambos gobiernos acordaron frenar las represalias y mantener abierto el canal diplomático. Esta semana volverán a reunirse para intentar avanzar hacia un acuerdo permanente sobre la seguridad en el Golfo y evitar un nuevo ciclo de enfrentamientos.
Balotaje en Colombia
Tras el ajustado balotaje presidencial, el escrutinio oficial ratificó la victoria de Abelardo de la Espriella sobre Iván Cepeda. Con la transición ya en marcha, el mandatario electo enfrenta el desafío de construir mayorías en el Congreso para avanzar con su agenda de gobierno. Su triunfo también reavivó el debate sobre si América Latina atraviesa un nuevo ciclo político.
En la mesa: Los halcones de Jerusalén
La aparición de alternativas políticas a Benjamín Netanyahu, con las elecciones de octubre en el horizonte, puede ser en sí misma una señal de que el estado de excepción que se impuso sobre la política israelí tras los ataques del 7 de octubre está llegando a su fin.
Los ataques le dieron un respiro político a Bibi, que antes del 7 de octubre atravesaba su momento de mayor debilidad. Enfrentaba un juicio por corrupción que venía dominando la agenda política; su reforma judicial desencadenó meses de protestas masivas; y su legitimidad al frente de su espacio político se erosionaba a gran velocidad. Entonces era bastante común leer análisis preguntándose cuánto tiempo le quedaba.
Pero, como dijimos, el 7 de octubre cambió radicalmente la agenda política israelí. Se conformó un gabinete de guerra, la oposición moderó su confrontación y, en general, las consecuencias del ataque y los posteriores conflictos en Gaza, Líbano e Irán desplazaron a la reforma judicial y los juicios por corrupción.
Tres años después, con Hamás y Hezbollah debilitados, la agenda doméstica comenzó a recuperar protagonismo. La guerra dejó abiertas preguntas sobre la conducción de Netanyahu: militares retirados y familiares de los rehenes cuestionaron la existencia de una estrategia clara y de un plan de salida. Al mismo tiempo, otro de los pilares de su liderazgo, su estrecha relación con Washington y su capacidad para contener a Irán, también comenzó a erosionarse. Las negociaciones impulsadas por Donald Trump con Teherán reforzaron la percepción de que Jerusalén ya no ejerce tanta influencia sobre la política estadounidense en la región.
Pero el cansancio con Bibi no implica un cansancio con la agenda de seguridad. Eso quedó demostrado esta semana, cuando las encuestas empezaron a mostrar un fuerte ascenso de Gadi Eisenkot.
Eisenkot formó parte del Gabinete de Guerra y es famoso por haber desarrollado la Doctrina Dahiya. Esta propone el uso de fuerza desproporcionada para responder a ataques de organizaciones armadas no estatales. A menudo, esto implica atacar infraestructura civil.
El perfil de Eisenkot contrasta con el de Netanyahu. Hijo de inmigrantes marroquíes y criado en una familia de clase trabajadora, construyó su carrera dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel hasta convertirse en jefe del Estado Mayor. Su historia personal también quedó marcada por la guerra: perdió a un hijo y a un sobrino durante la ofensiva en Gaza. Frente a él aparece Netanyahu, un dirigente identificado con la élite política israelí, cuya trayectoria lleva años marcada por acusaciones de corrupción. Eisenkot capitaliza ese contraste con su partido Yashar («honesto», en hebreo).
Que la política israelí vuelva a tener espacio para pensar en la elección que se aproxima también permite llegar a algunas conclusiones. Yashar no es, al menos todavía, un ganador. Pero, dado el perfil de su líder, permite concluir que el mayor cansancio parece estar dirigido hacia la actual dirigencia más que hacia el conflicto en sí. Por otra parte, todavía queda camino por recorrer hasta octubre y no sería la primera vez que Bibi da una sorpresa.
¡Hasta la próxima!





Deja un comentario