¡Hola!
Esta semana ha sido relativamente tranquila. Los comentarios rimbombantes de Trump aparte, no ocurrieron demasiadas cosas que rompieran con la ya tensa rutina en torno a la guerra en Irán, Ucrania, Líbano y Gaza (por mencionar algunos). Vamos entonces a repasar algunos sucesos sobre la guerra en Irán, la situación del Estrecho de Ormuz, y los cada vez más reducidos espacios para la sociedad civil en el mundo digital.
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Propuesta de Irán. El jueves pasado, vía Pakistán, Irán acercó un plan de paz de 14 puntos para que lo evaluara Estados Unidos. Trump indicó que no espera poder acordar nada y agregó que Irán todavía no había pagado lo suficiente. Uno de los principales problemas de estas negociaciones es el desacople de prioridades entre ambas partes: los acuerdos que se presentan contienen precisamente los temas que a la otra parte menos le interesa discutir.
Estrecho de Ormuz. Esta semana tanto Estados Unidos como Irán procedieron a interceptar barcos, por lo que la situación del tránsito por el estrecho sigue condicionada. Ante un panorama incierto, Francia y Reino Unido convocaron a unos treinta países para discutir cómo mantener abierto el estrecho una vez resuelto el conflicto. Reino Unido informó que podía aportar ocho aviones Typhoon de su fuerza aérea, además de buzos para desminar la zona.
Cancelaron RightsCon 2026. Esta semana se anunció la cancelación de la cumbre sobre derechos digitales RightsCon 2026, que iba a realizarse en Zambia. RightsCon es la principal conferencia global sobre derechos digitales, donde activistas, empresas y gobiernos debaten temas como internet, vigilancia y libertad de expresión en línea. El país anfitrión, pese a haber participado durante meses en su organización, anunció a última hora que el evento no se alineaba con sus «valores nacionales». También se señala una enorme presión diplomática de China por la participación de delegados de Taiwán. Analistas advierten que esto es parte de una tendencia global que da cuenta de la reducción del espacio cívico digital en el mundo.
En la mesa: 5000 soldados por ofender a Trump
Un anuncio relevante de esta semana fue la decisión de Donald Trump de retirar 5.000 soldados de Alemania, incluyendo unidades de artillería, en el transcurso del próximo año. La medida busca reducir la presencia estadounidense en Europa a niveles previos a la guerra en Ucrania, cuando el despliegue había sido reforzado como señal de compromiso con la seguridad del continente. El anuncio se produce en un contexto de tensiones políticas con Berlín, tras declaraciones del canciller Friedrich Merz críticas de la estrategia estadounidense en el conflicto con Irán. Para Merz, Irán había humillado a Estados Unidos, que carecía de una estrategia de salida del conflicto.
Estas fricciones se inscriben en un escenario más amplio, en el que varios países europeos vienen acelerando planes de rearme ante la percepción de que Estados Unidos ya no garantiza de manera automática la seguridad regional. El aumento del gasto en defensa, la reactivación de capacidades industriales y las iniciativas de coordinación dentro de la Unión Europea reflejan un cambio de enfoque hacia una mayor autonomía, ante la creciente desconfianza en las garantías de seguridad que Washington solía proveer. En esa línea, la reciente conferencia impulsada por Reino Unido y Francia para planificar la estabilización del Estrecho de Ormuz, sin participación estadounidense, muestra una disposición creciente a coordinar respuestas por fuera del liderazgo de Washington.
El impacto también se proyecta sobre la OTAN, donde Alemania cumple un rol central como nodo logístico. La reducción de tropas reabre el debate sobre la sostenibilidad del esquema de seguridad atlántico, ya tensionado desde el primer mandato de Trump por los reclamos sobre el reparto de cargas dentro de la alianza. Aunque la guerra en Ucrania había reforzado la cohesión, las diferencias recientes, incluida la falta de alineamiento europeo en la estrategia hacia Irán, sugieren una relación cada vez más condicionada por intereses divergentes.
Vale tener presente que ninguno de estos procesos tiene un desenlace obvio. La relación entre Estados Unidos y Europa, que se había tensionado durante el primer mandato de Trump, tuvo un margen para recomponerse parcialmente durante el interregno. No sería extraño que muchos aliados europeos hayan apostado por una mayor autonomía mientras esperan ver quién sucede a Trump en las próximas elecciones estadounidenses y cómo termina la guerra en Irán.
Tal vez un Estados Unidos con un liderazgo distinto, más abierto a la alianza atlántica y algo debilitado por los resultados en Irán, sea exactamente lo que una Europa que viene ganando espalda propia necesite.
¡Hasta la próxima!





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