Después de 25 años de negociaciones, el Consejo Europeo aprobó el acuerdo bilateral entre MERCOSUR y Unión Europea, y los embajadores de los 27 Estados miembros del bloque europeo adelantaron sus votos en una reunión del consejo de representantes y confirmaron haber conseguido la cantidad de adhesiones necesarias para llevar a cabo la iniciativa.
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El acuerdo en cuestión tiene como objetivo facilitar el movimiento de mercancía entre los miembros del bloque europeo y los 4 Estados miembros del MERCOSUR, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. La decisión ocurre después de 25 años de negociaciones y largos meses de disputas por conseguir un respaldo por parte de los principales Estados miembros europeos. Durante muchos años, ambos bloques buscaron abolir el 90% de los aranceles actuales y, según la Unión Europea, esto creará una de las mayores zonas de libre comercio, con más de 780 millones de personas.
El sector industrial europeo se encuentra muy beneficiado porque puede acceder con facilidad a los mercados sudamericanos, a pesar de que significa una amortiguación al impacto de los aranceles estadounidenses. Por ejemplo, actualmente se aplican aranceles de hasta un 35% a los automóviles europeos en América Latina y, con la aplicación del nuevo tratado, los fabricantes europeos de maquinaria, productos químicos y farmacéuticos también podrán beneficiarse. En materias primas, los Estados miembros del MERCOSUR podrán importarse fácilmente desde la Unión Europea y contar con una alternativa a los suministros provenientes de China. La carne vacuna también podrá importarse a futuro a un arancel reducido pero con cupos limitados para proteger a los ganaderos europeos. Otros productos como el azúcar y el café podrían abaratarse para los consumidores europeos, aunque las importaciones se suspenderán si los precios caen demasiado.
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En esta decisión, la mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea votaron a favor del acuerdo. De los 27 Estados miembros, 21 votaron a favor, entre ellos Alemania, España e Italia, que jugaron un rol importante para que se apruebe el acuerdo bilateral a principios de enero de 2026. Los estados que votaron en contra fueron Austria, Irlanda, Polonia, Hungría y Francia, que no lograron imponer el bloqueo que hubiera provocado el fracaso del acuerdo, ya que estos países temen que las importaciones de alimentos de Sudamérica perjudiquen a sus propios agricultores. También se resalta el rol de Bélgica, que se abstuvo en la votación.
Los miembros del MERCOSUR aguardaban la aprobación final para avanzar con la firma del tratado, la cual se concretó con la participación de las autoridades de los Estados miembros. Los firmantes del acuerdo fueron los cancilleres Pablo Quirno (Argentina), Rubén Ramírez Lezcano (Paraguay), Mauro Vieira (Brasil) y Mario Lubetkin (Uruguay), quienes rubricaron el acuerdo el 17 de enero en Asunción. La Comisión Europea ratificó el acuerdo en Paraguay, marcando un paso crucial para la implementación final del tratado, que comenzó en 1999 con conversaciones intermitentes y superó múltiples obstáculos políticos y económicos.
El acuerdo presenta concesiones destinadas a calmar la resistencia de los agricultores y ganaderos europeos que persistentemente se opusieron a la asociación con los países sudamericanos por los posibles efectos negativos que la reducción de aranceles podría generar en sus sectores. Las probabilidades de que Europa avanzara con su parte del acuerdo se incrementaron sustancialmente después de que la Comisión Europea prometiera un acceso anticipado de 45.000 millones de euros a partir de 2028 para el próximo presupuesto de la PAC (Política Agraria Común). Por otro lado, el acuerdo no es solo un tratado comercial sino también político, ya que promueve los derechos humanos, el diálogo político y la cooperación económica, social y ambiental, además de la liberalización del comercio de bienes, servicios e inversiones. Aprobado el 9 de enero de 2026 y firmado días después, se convirtió en el mayor acuerdo de libre comercio celebrado por el MERCOSUR, creando un mercado integrado por más de 700 millones de personas, que representa el 35% del comercio global y más del 30% del PIB mundial.
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El proceso de ratificación continuará con la firma de la principal representante de la Unión Europea, Úrsula Von der Leyen, presidenta del Consejo Europeo, quien rubricó el acuerdo el 17 de enero en Asunción. Se espera que el proceso de implementación del tratado no tenga retrasos y pueda entrar en vigor hacia fines de 2026. No obstante, a partir de la firma, su componente comercial podrá aplicarse de manera provisional, aun sin la ratificación completa del Parlamento Europeo, donde los eurodiputados examinarán el tratado en las próximas semanas y donde pesarán consideraciones nacionales. Cabe recordar que alrededor de 150 eurodiputados amenazaron con recurrir al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para impedir su aplicación. Aun así, algunas reducciones arancelarias podrían entrar en vigencia rápidamente, siempre que al menos un país del MERCOSUR lo haya convalidado.
Para concluir, el acuerdo promete ser beneficioso tanto para Argentina como para el resto del MERCOSUR, ya que ofrece la posibilidad de incrementar exportaciones, recuperar preferencias comerciales, reducir costos industriales, impulsar a las PYMES, proteger productos regionales y acceder a programas de cooperación y fondos europeos. También representa una oportunidad para la Unión Europea, al permitirle ampliar sus actividades comerciales en el MERCOSUR como una tercera vía frente al constante enfrentamiento comercial entre Estados Unidos, con su política proteccionista impulsada por Donald Trump, y China, país con el que mantiene una relación tensa y ambivalente que combina cooperación económica con desconfianza estratégica. Se celebra así este nuevo acuerdo que, tras 25 años de negociaciones, logró concretarse luego de continuos desacuerdos estructurales, crisis económicas y preocupaciones ambientales.




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