El 25 de junio de 1945 entró en vigor la Carta de las Naciones Unidas, tratado constitutivo de esta Organización Internacional. Luego de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, la creación de la ONU significó la concreción de un anhelo de la Comunidad Internacional de crear un organismo con vocación de universalidad que sirviera como centro de armonización para resolver las controversias entre sus Estados miembros.
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En el mundo post 1945 se construyó un consenso sobre la importancia de descartar la guerra y el uso de la fuerza como formas legítimas de solución de controversias.
La estructura de la ONU buscó desde un principio corregir los errores que se produjeron durante la época de entreguerras, donde la principal Organización Internacional era la Sociedad de las Naciones, antecedente más inmediato de las Naciones Unidas.
Entre ellos se destacan la decisión de reemplazar la unanimidad por las votaciones a la hora de adoptar resoluciones. Sin embargo, la constitución del Consejo de Seguridad, integrado por los 5 países vencedores de la Segunda Guerra Mundial -Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia, Reino Unido y China- replicaba la unanimidad implementada en la Sociedad de las Naciones en lo que a seguridad internacional se refiere.
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Recordemos que, según el artículo 25 de la Carta de la ONU todos los países miembros de la Organización deben acatar las resoluciones del Consejo de Seguridad, y que si cualquiera de los Estados miembros veta alguna de estas resoluciones la misma no será aprobada.
Durante la guerra fría, los Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaron en un conflicto ideológico que duró más de 40 años. Los objetivos plasmados en el capítulo VII de la Carta, que proponían la concreción de tropas destinadas a mantener la paz y la seguridad internacionales nunca pudieron ponerse en práctica; el enfrentamiento entre ambos polos ideológicos y culturales hizo imposible realizar aquella tarea.
Con la caída del muro de Berlín, parecía que la ONU finalmente sería capaz de cumplir los propósitos de su creación. El voto afirmativo de la Unión Soviética durante la invasión del Irak de Sadam Hussein a Kuwait terminó por convencer a la Comunidad Internacional del fin de la fragmentación y la polarización en el Consejo de Seguridad.
No obstante, durante la década de los 90 se produjeron dos hechos inhumanos que pusieron en jaque el rol de la ONU como garante de la paz y la seguridad internacionales; hablamos del genocidio de Rwanda y la guerra de disolución de la antigua Yugoslavia, en cuyo contexto se produjo el genocidio de Srebenica.
En las décadas que siguieron, la amenaza global del terrorismo, las incursiones militares de Estados Unidos en Irán y Afganistán –ambas realizadas sin autorización del Consejo de Seguridad– , la invasión de Rusia a Ucrania y la guerra en Gaza demostraron la fragilidad de la ONU a la hora de prevenir y resolver conflictos armados.
En el contexto de la segunda presidencia de Trump, parece que los Estados Unidos, país que ocupó el rol de policía global desde el fin de la Segunda Guerra mundial, se retirará de los conflictos internacionales para volver a una postura aislacionista que caracterizó su política exterior durante la primera mitad del siglo XX.
Rusia, Estado heredero de la Unión Soviética, se convirtió en un paria internacional luego de su invasión a Ucrania. La violación flagrante de los principios más básicos de la Organización por parte de un Estado miembro del Consejo de Seguridad dejó en evidencia sus limitaciones para evitar este tipo de acciones a futuro.
Con el comienzo de la guerra en Gaza luego de los atentados del 7 de octubre, la inacción de la Comunidad Internacional, pero sobre todo por parte de los Estados occidentales, para frenar el desastre humanitario en la Franja arrojaron dudas sobre el multilateralismo que dio origen a la Organización.
Por si fuera poco, las ya frecuentes escaramuzas fronterizas entre la República Popular China y Taiwán-que se identifica como la República de China- mantienen al mundo en alerta sobre un posible enfrentamiento que involucre a otro miembro permanente del Consejo de Seguridad.
De esta forma, al igual que en la Sociedad de las Naciones, la ONU actualmente parece atravesar un momento de crisis. Como consecuencia de la crisis del multilateralismo y el advenimiento del proteccionismo económico, parece que los Estados prefieren refugiarse en organismos de integración regionales en detrimento de organismos de cooperación multilateral prácticamente universal como las Naciones Unidas.
En 1945, durante la Conferencia de San Francisco, los Estados tenían claro que un futuro común para la Humanidad no era posible sin la cooperación y la prohibición del uso de la fuerza. Hoy en día, la voluntad de los Estados parece alejada de aquella que se cristalizó en San Francisco. Para impedir la destrucción de la ONU y del sistema internacional basado en regla al que dio origen, es indispensable que los Estados soberanos comprendan la importancia y necesidad de un organismo como la ONU para evitar catástrofes futuras.





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