En la noche del jueves, el Estado de Israel lanzó una serie de ataques preventivos contra la República Islámica de Irán, argumentando que el programa nuclear que estaría desarrollando Irán podría poner en riesgo la existencia del Estado. En las semanas previas al ataque, Israel y Estados Unidos llevaron adelante una serie de negociaciones para controlar y poner fin al plan de proliferación nuclear de la República Islámica.
Recordemos que en el año 2015, durante la Presidencia de Barack Obama, Estados Unidos y la Unión Europea en conjunto con Irán realizaron un acuerdo destinado a la no proliferación nuclear. A pesar de los buenos resultados, los Estados Unidos se retiraron del acuerdo durante la primera presidencia de Donald Trump.

La respuesta de Irán no se hizo esperar. En las horas posteriores al ataque, Teherán atacó objetivos en Tel Aviv. A raíz de este acontecimiento, Israel declaró el estado de excepción y emergencia en todo el país.
La nueva escalada de tensiones pone a Medio Oriente en jaque. Para una región que se encuentra convulsionada desde el atentado llevado a cabo por la organización terrorista Hamas el 7 de octubre de 2023, un posible armado entre Irán e Israel podría conducirlos al abismo.
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Irán y la amenaza nuclear
Como se mencionó anteriormente, desde hace años la República Islámica de Irán puso en práctica un programa para desarrollar armas nucleares. Si bien en un principio la diplomacia multilateral liderada por los Estados miembros de la Unión Europea consiguió regular y controlar el programa nuclear iraní, la salida de Estados Unidos del tratado, en sintonía con la vocación unilateral de la primera Administración Trump en materia de política exterior.
La actitud confrontativa de Trump hacia Teherán inauguró un nuevo capítulo de las relaciones entre Irán y Occidente. En enero de 2020, cuando Washington asesinó a Qasem Soleimani, Comandante de la Guardía Revolucionaria iraní, la Comunidad Internacional se mantuvo en vilo ante un hecho que podría significar el estallido de un conflicto mucho mayor.
Luego de la llegada de Joe Biden al poder, las relaciones entre ambos actores se encontraban probablemente en su hora más oscura. Esta tensión se profundizó a partir del ataque del 7 de octubre, donde la organización terrorista Hamas asesinó a más de un millar de civiles israelíes en cuestión de horas. Algunos meses más tarde, más precisamente el 13 de abril de 2024, cuando el régimen de Teherán atacó Israel de forma directa por primera vez en su historia, los Estados Unidos cooperaron con Tel Aviv para interceptar los misiles lanzados por parte de Irán.
En enero de 2024, con el regreso de Trump a la Casa Blanca, la política exterior estadounidense adquirió un tinte mucho más agresivo y hostil hacia los países considerados como enemigos de Estados Unidos, entre los que se encontraba, por supuesto, Irán.
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No obstante, durante las últimas semanas, el gobierno de los Estados Unidos intentó alertar a Israel sobre las posibles consecuencias que un ataque de tal magnitud podría tener ya no solamente para Oriente Medio, sino también para la Comunidad Internacional en su totalidad. De hecho, horas después de producirse el ataque de Israel a Irán, el Secretario de Estado Marco Rubio declaró a través de sus redes sociales que la acción de Israel se produjo de forma unilateral, sin contar con el beneplácito de Washington.
La sociedad civil y su resistencia contra líderes autoritarios
Antes de que estallara la Revolución islámica en 1979, israelíes e iraníes mantenían relaciones de cercanía y amistad. Gracias a la modernización de la sociedad impulsada por el Sha Mohammed Reza Pahlevi, muchos israelíes viajaban frecuentemente a Irán. Considerando que tanto persas como judíos son minoría en la región, la unión entre ambos pueblos les permitía hacer frente a una región que, a veces, podía ser hostil.
El advenimiento de los ayatollahs y su régimen teocrático significó un punto de inflexión. Las buenas relaciones entre Teherán y Tel Aviv se convirtieron en un pasado imposible de evocar en un presente donde desde Irán se refieren a Israel como el “ente sionista” o la “Palestina ocupada”.
Sin embargo, las protestas en contra del régimen de los ayatollahs inauguraron un nuevo capítulo en la relación ya no entre ambos países, pero sí entre ambos pueblos. Muchos israelíes empatizaron con la causa iraní, sobre todo con la voluntad de emancipación y liberación de las mujeres. Por su parte, muchos iraníes apoyaron a la población israelí después de los ataques del 7 de octubre y llamaron a una coexistencia pacífica en la región, imaginando un Medio Oriente donde iraníes israelíes y palestinos podrían coexistir pacíficamente.
Esta voluntad de la sociedad civil contrasta con la actitud mesiánica y autoritaria de los gobernantes de ambos países, Benjamin Netanyahu y el Ayatollah Alí Jamenei. Netanyahu sabe que la única forma de mantenerse en el poder y evitar las causas que pesan contra él tanto en Israel como en el exterior es a través de condenar a su país a un estado de guerra permanente. Jamenei sabe qué gran parte de los iraníes rechazan las políticas represivas del régimen y buscan una salida democrática para su país, por lo que mantener la estructura de la Revolución Islámica es clave para su régimen.
Reflexiones finales y escenarios de futuro:
Ante este ataque que constituye una amenaza a la Paz y Seguridad Internacionales, la Comunidad Internacional se mantiene alerta ante la evolución del conflicto. Desde la Unión Europea, la Presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen bregó por una desescalada que garantice el bienestar de los civiles atrapados en un conflicto que no desean ni apoyan. Hace un par de horas, Israel instó a la población civil de Teherán a abandonar la ciudad en vistas de un nuevo ataque con misiles a territorio iraní.
Mientras tanto, en Israel, sobre todo en las ciudades del centro del país, se ven casas y edificios destruidos a pesar del esfuerzo realizado por el sistema de protección llamado cúpula de hierro. Entre los muertos provocados por los misiles iraníes se encuentra una familia israelí de origen árabe. En medio de las tensiones, Irán también amenazó con retirarse del acuerdo en pos de la prevención de la proliferación nuclear, único elemento jurídico capaz de controlar y regular el programa nuclear iraní.
Este ataque preventivo llevado a cabo por el Estado de Israel se encuentra en una serie de ataques similares que comenzaron a proliferar a inicios del siglo XXI con la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003. Este tipo de ataques pueden generar una tendencia peligrosa, en tanto pueden poner en riesgo la poca credibilidad con la que cuenta el derecho internacional y el orden basado en reglas hoy en día.
Es incierto cuándo y de qué forma la región de Medio Oriente logrará construir una paz duradera donde se respeten la identidad y los derechos humanos de todos los habitantes de la región. Parece que ahora Medio Oriente se encuentra, literalmente, al borde del abismo.





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