Artículo en conjunto de Sofía Gómez Manzur y Sebastián D’agrosa Okita
Comenzó la trigésima tercera edición de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Verano 2024 en París, Francia. 100 años después, la Ciudad de la Luz vuelve a ser la anfitriona en un escenario local, regional e internacional atravesado por tensiones y agitaciones de diversa magnitud. En definitiva, si bien los Juegos son una celebración del atletismo y espíritu competitivo, han estado repletos de política y geopolítica desde la antigua Grecia. Esta vez no es la excepción.

Puntapié inicial – Primera salida
Llegó una nueva edición de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de verano, la trigésima tercera y primera después de la pandemia del COVID. Con más de un siglo de historia, los Juegos han sido mucho más que competiciones deportivas. Esta edición será en París (Francia), tan espléndida como atravesada por tensiones y preocupaciones al interior y al exterior de su país. El pebetero se encendió al compás de un clima sociopolítico enredado entre la admiración y la hostilidad.
El país galo, inmerso en una turbulencia política, destinó, por medio de la gestión de Emmanuel Macron (Presidente de la República) y Ana María Hidalgo Aleu (Alcaldesa de París) una enorme inversión en infraestructura, logística y recursos, esperando que los Juegos dejen un legado transformador. Hablaremos sobre el tipo de legado. Tradición, cultura, homenaje y diversidad a través del Río Sena, Trocadero, el Museo del Louvre y la Torre Eiffel.
Temas como (in) seguridad y la posibilidad de sabotajes ocupan un lugar central. Evitar atentados, como los ocurridos en Múnich 1972 o en Atlanta 1996, representa el mínimo común denominador para que sea un evento exitoso, cuyos únicos protagonistas resulten los deportistas.
Y si hablamos de los más de 10.000 deportistas que tendrán su momento en la cita olímpica, hay que destacar que, por primera vez en la historia, en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de París 2024 competirá el mismo número de mujeres que de hombres. Esa representación del 50 % convierte los próximos juegos de verano en los primeros en lograr la paridad de género, al menos desde una mirada binaria.
El viernes 26 de julio sucedió un hecho inédito para la historia de los Juegos Olímpicos. La ceremonia inaugural se desplazó de un estadio a un entorno acuático por primera vez en la historia de la competición, lo cual permitió que el Comité Organizador aumentara el tamaño del evento. Con 326.000 espectadores repartidos en un tramo de 6 kilómetros a lo largo del Sena, podrán asistir a la ceremonia 4 veces más personas que en los Juegos de Río 2016.
Además de la ceremonia de apertura, el Río Sena también albergará las competiciones de aguas abiertas; sin embargo, no se trata de un cuerpo acuático normal, sino de uno que ha sido contaminado a lo largo de las décadas y que tuvo que ser sometido a un proceso de limpieza que tomó años y millones de dólares. El proyecto de limpieza (denominado ‘Plan Baignada’) tomó nueve años y finalmente está apto para nadar. Ahora bien, para lograr sanear sus aguas y una limpieza eficiente, se necesitó de una inversión de más de 1.5 mil millones de dólares.
La consigna de París 2024 es “Abramos a lo grande los Juegos” haciendo alusión a la inclusión, apertura, paridad de género. Noble causa que fue opacada por la política del gobierno de desplazamiento forzado de miles de migrantes, personas sin hogar y otras comunidades vulnerables que Francia llevó adelante sistemáticamente desde el año pasado.

Argentina, en el centro de la atención
La delegación celeste y blanca estuvo en el centro de la atención en los últimos días debido a los cánticos racistas y homófobos de la selección de fútbol. Afortunadamente, durante la ceremonia inaugural no ocurrió nada relevante; los deportistas argentinos fueron recibidos con aplausos por un público compuesto principalmente por autoridades e invitados especiales en la explanada del Trocadero.

Asimismo, aprovechando la inauguración, el presidente Javier Milei se reunió con su par francés. Con relación a la polémica desatada con la selección argentina de fútbol luego del bicampeonato continental, aseguraron que el Macron expresó su agradecimiento personalmente a Karina Milei, secretaria General de la Presidencia, por su visita a la Embajada de Francia en Buenos Aires tras la controversia generada por un post en X en apoyo a los cantos polémicos de la selección por parte de la vicepresidenta, Victoria Villarruel.
Tras reunirse con el mandatario francés, Milei, acompañado de su hermana, asistió a la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos. Ambos observaron el desfile desde los palcos protocolares, desde donde pudieron ver pasar a la comitiva argentina, compuesta por 136 deportistas.
La decisión de que el presidente asistiera a su primera visita oficial acompañado por su hermana ha sido objeto de debate en los medios de comunicación y en las redes sociales. Existen opiniones divididas: algunos sostienen que ese rol debería haber sido asumido por la Canciller Argentina, Diana Mondino, o por el Embajador Argentino en Francia, Ian Sielecki. Otros argumentan que esta decisión parece ser un capricho, en contraste con la falta de apoyo estatal para mejorar las becas y las condiciones de los deportistas argentinos que han clasificado para la competencia internacional.
A la mañana siguiente de su llegada a París, la ciudad amaneció con cientos de carteles que decían «Milei persona non grata«, acompañados de una caricatura suya. Las imágenes se difundieron rápidamente en las redes sociales, y los responsables de la iniciativa se hicieron presentes: los integrantes de la Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia y Argentinos en Lucha, según se definen un grupo de migrantes argentinos organizados.






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