Desde que se conoció la ampliación del grupo BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el pasado jueves 24 de agosto, con la declaración de Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, en la cumbre anual del bloque celebrada en Johannesburgo, comenzaron a circular de las más variadas interpretaciones acerca del propósito de la decisión: desde las intenciones de China de construir un contrapeso más contundente al G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) hasta la búsqueda de desplazar al dólar como moneda de intercambio en todo el mundo. 

Desde el punto de vista de la Argentina y el resto de los países que fueron invitados a ingresar al grupo (Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Etiopía e Irán), las razones para querer entrar pueden estar un poco más sobre la mesa. Más allá de las ideologías y las afinidades, formar parte de un grupo reducido con estas características implica sentarse en la mesa donde se toman decisiones que afectan intereses en todo el mundo.

Tener un asiento permanente en los BRICS permite una llegada más directa y eficaz a buena parte de los países que mueven la aguja de la geopolítica y el mercado internacional, en especial, a la República Popular China. Y si bien el hecho de ser miembro de bloque no se traduce automáticamente en más y mejores lazos económicos entre las naciones que lo integran, indefectiblemente plantea nuevas oportunidades de acercamiento. Por ejemplo, en el caso de la Argentina, justamente tiene a China, Brasil e India como tres de sus principales socios comerciales.

Por otro lado, para países como Argentina, el carnet de socio de los BRICS también es una carta interesante a la hora sentarse a negociar con Estados Unidos y la Unión Europea. Muchas veces, el alineamiento total a las potencias no sirve para conseguir mejores acuerdos, sino justamente lo contrario. Una mal llamada “rebeldía” de los países que supieron estar siempre bajo la órbita de Occidente (y en particular de la Casa Blanca) podría encender las alarmas en Washington y provocar un mayor interés para volver a atraerlos. 

¿Y por qué la Argentina antes que otros?

La motivación de los invitados a unirse está un poco más clara. Ahora bien, ¿por qué Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica estarían dispuestos a abrirle las puertas a la Argentina? Lo cierto es que alrededor de 19 países habían expresado su intención de unirse al grupo, aunque solo 13 lo hicieron de manera formal. En su mayoría, países de África, Medio Oriente y Asia.

A priori, la inestable situación financiera que atraviesa la Argentina no la ubica en una posición muy cómoda como para realizar aportes sustanciales en materia económica. En ese sentido, los nuevos miembros de Medio Oriente, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, son mucho más seductores para el bloque. 

En 2015, el grupo BRICS fundó el Nuevo Banco de Desarrollo, o New Development Bank (NDB), con el objetivo de disponer de recursos para proyectos de infraestructura en sus países y otras economías emergentes. El banco se sostiene con el aporte de los integrantes del grupo, sobre todo de China, quien, por consiguiente, tiene el poder para decidir qué proyectos se financian. Con una inflación interanual por encima del 100%, la incesante devaluación de la moneda y el Banco Central con reservas en negativo, ¿cuánto capital podría aportar la Argentina al NDB? No pareciera ser mucho…

Entonces, ¿cuáles fueron las particularidades que impulsaron la invitación? Alberto Priego, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, España, considera que lo que llevó a Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica a fijarse en Argentina fue su condición de “aliado occidental”.

“Argentina es un Estado importante, por tradición, por economía… Quizás no está en su mejor momento, pero el objetivo de los BRICS no es tanto aglutinar estados muy potentes. De hecho, prefieren estados de segunda línea, potencias medias, para conseguir conformar un grupo alternativo a lo que ellos denominan la hegemonía occidental”, asegura Priego. 

Y añade: “Por lo tanto, Argentina es un país muy interesante, en tanto en cuanto, es una potencia media y, sobre todo, por ser un aliado occidental. Por eso tiene ese interés tan importante para países como China, Rusia o Brasil”.

Básicamente, Argentina es atractiva para los BRICS en general (y China en particular) por el hecho de integrar la histórica zona de influencia estadounidense. Su ingreso al bloque representa para Beijing la posibilidad de disputar la confianza y el “alineamiento” de una nación que, en los papeles, Washington espera que le responda.

En su búsqueda de contrarrestar la hegemonía norteamericana a nivel mundial, China considera fundamental, incluir y acercar actores de diferentes regiones y con características diversas. Caso contrario, su liderazgo se reduciría más que nada a Asia y África. De este modo, se entiende la inclusión de la Argentina a los BRICS como una forma de pluralizar el bloque y seguir discutiendo países y mercados vinculados a Occidente

¿Sabrá Argentina moverse de forma inteligente entre los dos polos hegemónicos sin la necesidad de decantarse por uno u otro? ¿Podrá sacar provecho de negociar tanto con China como con Estados Unidos? Y la pregunta que definirá si todo este análisis tiene sentido o no: ¿se confirmará la adhesión al grupo en caso de que la oposición triunfe en las elecciones presidenciales? 

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