La FIFA en su hora más política

El 2022 no fue un año más para la casa madre del fútbol mundial, no solo por la organización de la Copa del Mundo, sino por los revuelos que la misma generó. Las controversias de Qatar 2022 sobrevolaron el mundo, con reacciones más o menos acaloradas de distintos organismos de derechos humanos y las propias federaciones nacionales.

Un conjunto de federaciones europeas, de mayor proactividad denunciante, propusieron que sus capitanes porten cintas conmemorativas sobre los derechos LGBT+ con sus colores. Esto, en relación con la penalización de la diversidad por parte del Estado qatarí y su interpretación del Islam.

Ante la negativa de FIFA, dos selecciones optaron por levantar la voz: Alemania debutó gestualizando una prohibición de libertad de expresión, e Inglaterra recordando los fallecidos en la construcción de los estadios. La respuesta de Gianni Infantino, presidente de la Federación Internacional, sumó leña al fuego al intentar defender al organizador frente a las críticas.

Sin duda, más allá de su desarrollo, las polémicas previas y posteriores, la mayor certeza es que el mundial de Qatar y el 2022 marcaron un auge de la relación entre la FIFA y la política. Pese a haberse declarado “apolítica”, la Federación se vió envuelta en acciones deliberadas a las que atender para redefinir su posicionamiento y, en cualquier caso, ordenar internamente su relación con la política. La pelota y esta ciencia comparten cancha en una realidad a la vista de todos.

En marzo, la FIFA tomó partido — y marcó un precedente — al expulsar a Rusia del mundial. Desde allí, la relación en crecimiento comenzó a poner bajo la lupa el futuro del fútbol. Más aún en vísperas del cambio que tendrá el próximo mundial de 2026: se incrementan los participantes de 32 a 48.

Las estrategias de negocios de la Federación tomaron dos rumbos muy certeros: Asia y África. Ambos continentes aportaron votos clave para consolidar el Mundial de Qatar y, además, son estrechos colaboradores de Infantino. La FIFA mira con muy buenos ojos el crecimiento demográfico  tanto de ASEAN — y China —- como de África. India, China e Indonesia representan por sí mismos un aproximado del 38% de habitantes del planeta. Aún sin confirmación oficial, las dos confederaciones de mejor desempeño histórico, CONMEBOL y UEFA, pasarían de 4,5 y 13, a 6,5 y 16 cupos, respectivamente. Mientras que África (CAF) duplicaría su aporte — de 5 a 10 — y Asia (AFC) pasaría de 4,5 a 8,5 lugares. 

El primer mundial en Medio Oriente, a pesar de las críticas, fue un éxito para catapultar a los organizadores al escenario político.  Resulta imposible a esta altura del partido sostener que la FIFA es ajena a ellos. Resta esperar el desarrollo de estos cambios, de la relación de Infantino con las confederaciones y de la organización — sobre todo comercial — del próximo mundial: más de 100 partidos a dividirse entre las sedes de EEUU, México y Canadá.

La pelota está en la cancha norteamericana. Y, pese a que la próxima Copa Mundial de Fútbol parece lejana, el 2023 podría ser el momento idóneo para hacer cambios en la alineación: una nueva estrategia de la FIFA que fomente el respeto a los derechos humanos, procure la atención a los migrantes y gestione de manera efectiva los vaivenes políticos de los anfitriones y espectadores.

Escrito por

Casi Planificador Comunicacional y Profesor en Comunicación Social por la UNLP. Especializándome en Marketing y Comunicación Política. Fanático del mapamundi.

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