Hacer la Argentina, los barcos y lo subrepticio

Singular a su modo y compleja como su dinámica social, Argentina posee una larga tradición migratoria aún latente al día de hoy. Impulsada en un inicio por las élites argentinas en el contexto de pleno auge del capitalismo, el desarrollo de nuevas tecnologías de transporte y el desplazamiento global de miles de personas, se inauguró este proceso histórico que terminaría por dotar al país de una serie de grandes transformaciones socioculturales.

Durante mediados del siglo XIX se producen las primeras oleadas migratorias representadas por más de 2.000.000 millones de personas que arribaron al puerto de Buenos Aires. La numerosa multitud estaba compuesta en su mayoría por italianos y españoles, pero también se encontraban en menor proporción polacos, alemanes, rusos, sirios, suizos, entre otros. Las atractivas condiciones políticas, las tierras fértiles y el espíritu de aventura promovieron la migración masiva, de tal modo que en 1914 la población extranjera llegó a representar el 27% de la población total, no obstante, el flujo migratorio europeo disminuiría drásticamente con la Segunda Guerra Mundial y así también esta tendencia, llegando a reducirse al 5% para el censo de 1991 (Osvaldo, 2010) . Por otro lado, la migración intra continental de países limítrofes y de Perú también estuvo siempre presente y se mantuvo a lo largo de los años como una corriente lenta pero constante cuyos cambios en tendencia a diferencia del flujo de migrantes de ultramar fue ininterrumpido (Nicolao, 2010).

En un principio las políticas migratorias estaban orientadas para atraer mano de obra europea y poblar el extenso territorio de la naciente república. Con la “Ley Avellaneda” de 1876 se dio inicio a una tradición de fomento hacia la migración, en ella se detallan múltiples beneficios como la garantía de derechos civiles, la libertad de culto y ejercicio de industria, entre otros. Al igual que esta primera regulación, las posteriores estarían también estrechamente imbricadas a la visión de la política del gobierno de turno, tal es lo acontecido a comienzos del siglo pasado con las restricciones a la ley con el fin de expulsar del país a inmigrantes con afiliaciones políticas adversas al régimen como fueron el anarquismo, socialismo o comunismo o la Ley Videla (Canelo et al., 2018).

Un reciente ejemplo de esta dinámica se observa durante la transición entre los gobiernos de la dupla Kichner (2003-2015) y del presidente Macri (2015-2019), donde las modificaciones fueron sobresalientes. En 2003 se promulga la ley 25.871 la cual tuvo un enfoque de derechos humanos y se centró en regular la situación de migrantes del Mercosur y el acceso a la documentación, un punto central de esta norma es que se reconoce el derecho a migrar como derecho humano y se resalta la importancia de acercar estas máximas a los migrantes. No obstante, no estuvo exenta de omisiones o falencias, pues las restricciones se trasladaron hacia migrantes de países fuera de la órbita latinoamericana como los provenientes de Asia o África (Prieto, 2012).

Posteriormente, varias modificaciones serían realizadas en pro de enmendar las aristas faltantes en la ley, de tal modo que la Ley 25.871 pasaría a ser reconocida como un referente legislativo por diversos organismos internacionales. 

Sin embargo, a poco antes del cambio de gobierno la situación económica empezó a recrudecerse, el modelo basado en la protección del mercado interno se había mostrado debilitado y la crisis empezó a mostrar sus peores síntomas. De acuerdo con Penchaszadeh (2018) es en estos contextos que se exacerban las prácticas discriminatorias subyacentes en la sociedad civil y presente en los funcionarios públicos quienes relacionarían el “merecimiento de derechos” con la nacionalidad.

Ya el período del gobierno de Macri, el difícil entorno de la crisis económica agravó los sentimientos xenófobos hacia los migrantes al ser considerados como una “amenaza” o “competencia” para la seguridad, el acceso al empleo y a los servicios públicos. Se estrechó la relación entre criminalidad y migrantes. Es durante este lapso de tiempo que se pone en tela de juicio y entra en debate público la política migratoria vigente, consecuentemente, se ejercieron medidas restrictivas a la regulación migratoria a través de disposiciones administrativas, por ejemplo, el aumento de entre 500 y 700% de las tasas retributivas que complicó el acceso a la residencia, el proyecto fallido de creación de un centro de detención exclusivo para migrantes en situación de expulsión o la modificación a la Ley 25.871 por parte del poder ejecutivo sin participación del poder legislativo (Rosas et al., 2020).

Cabe señalar que la percepción sobre las nacionalidades de los migrantes es un tema ampliamente discutido y que cobró mayor relevancia cuando el flujo migratorio regional aumentó durante los años noventa, aunque esta no tuvo el mismo impacto que la migración ultramarina, pasó a desplazarla porcentualmente. El traslado hacia el foco urbano de Buenos Aires de migrantes que tradicionalmente habían ocupado territorios periféricos dio pie a una nueva convivencia que rompió con la acostumbrada invisibilización de estos grupos lo que generó una sensación de “otredad” incómoda en argentinos nativos.

La integración de migrantes tanto tradicionales como modernos ha sido intrincada, pero ha tenido diferentes procesos de asimilación. Gonza y González, (2016) sostienen que las representaciones sociales de los diferentes migrantes están en función de una jerarquización de identidades nacionales y culturales, esto relacionado a un juicio de valor donde se sopesa al migrante europeo como “aportante” mientras que al limítrofe como “oportunista”. 

En suma, la relación entre los procesos de migración y la Argentina, ha sido y es compleja. Sin duda se trata de un caso interesante de construcción y transformación de una sociedad que se ha erigido sobre la contribución de flujos migratorios considerados por algunos como aspectos positivos o en su defecto, catalogados como negativos dependiendo de la representación social que evoque, pero que, al fin y al cabo, ciertamente representan un desafío para la gestión del país y sus ciudadanos. 

Referencias bibliográficas

Canelo, B., Gavazzo, N., Nejamkis, L., Canelo, B., Gavazzo, N. y Nejamkis, L. (2018). Nuevas (viejas) políticas migratorias en la Argentina del cambio. Si Somos Americanos, 18(1), 150-182. https://doi.org/10.4067/S0719-09482018000100150

Gonza, G. y González, A. (2016). Migraciones internacionales y racismo cultural en Argentina. Rev. Ciencias Sociales Universidad de Costa Rica, 37-53.

Nicolao, J. (2010). El Estado argentino ante el reto de las migraciones internacionales: Reflexiones del reciente cambio de rumbo en la política migratoria argentina. Convergencia, 17(53), 205-228.

Osvaldo, F. O. (2010). Dinámica migratoria Argentina: Inmigración y exilios. América Latina Hoy, 34, 15-34. https://doi.org/10.14201/alh.7357

Penchaszadeh, A. P. (2018). Política migratoria y seguridad en Argentina hoy: ¿el paradigma de derechos humanos en jaque? URVIO Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad, 23, 91-109. https://doi.org/10.17141/urvio.23.2018.3554

Prieto, Vi. (2012). Migración Internacional en América Latina y el Caribe: Nuevas tendencias, nuevos enfoques. Documents d’Anàlisi Geogràfica, 58(3), 526. https://doi.org/10.5565/rev/dag.25

Rosas, C., Gil, S. y Jaramillo, V. (2020). Contrapuntos entre la política migratoria macrista y la acción colectiva migrante en la zona metropolitana de Buenos Aires (2016-2019). En Bolivia en Argentina y América Latina. Trayectorias y políticas migratorias en contextos de plurilocalidad. IMHICIHU – Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas.

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