“Save gas for a safe winter”: Europa busca paliar el búmeran de las sanciones a Rusia

Hace seis meses, con el comienzo de la guerra en Ucrania, la Unión Europea (UE) tomó la decisión de imponer sanciones económicas y cortar -en gran parte- los vínculos comerciales con Rusia, en muestra de apoyo a Kiev y con la idea de no permitir que Moscú se financie militarmente a través de la exportación de energía a Europa. Estas fuertes medidas significaron un gran impacto para la economía rusa, pero a la vez funcionaron como un búmeran para muchos países de la unión que dependían de este intercambio para abastecerse de petróleo y, principalmente, de gas.

A finales de mayo, la UE acordó reducir hasta un 90% las importaciones de petróleo ruso, teniendo en cuenta que podría reemplazar este producto a través de otros vendedores. Sin embargo, la realidad en cuanto al gas plantea desafíos mucho mayores. En primer lugar porque no es tan fácil encontrar un vendedor que tenga la capacidad de satisfacer la demanda europea. Y en segundo término, porque en caso de conseguirlo, el precio sería sumamente mayor por una cuestión de traslados (Rusia envía el gas mediante el Nord Stream 1, un gasoducto que conecta con Alemania a través del Mar Báltico). 

Foto: DW News

Ante esta situación, la Comisión Europea decidió mantener el suministro de gas. No obstante, rápidamente, desde Moscú vieron la oportunidad de contraatacar: a principios de julio, especulando con la falta de energía en muchos países de la Unión Europa (principalmente en Hungría, Eslovaquia, Moldavia, Austria y Alemania), la empresa estatal Gazprom, que administra el Nord Stream 1, comenzó a reducir el envío, disminuyendo el flujo hasta el 20% de su capacidad. Aunque la compañía apuntó que la medida se debía a “problemas técnicos”, desde Bruselas denunciaron que Moscú estaba utilizando el gas como “arma de guerra”.

Desde que Gazprom anunció los primeros recortes, los países europeos comenzaron a barajar la posibilidad de que la empresa estatal rusa detenga el suministro por completo, lo que significaría una grave crisis a tan pocos meses del inicio del invierno en el continente. Por eso, con la idea de prevenir una catástrofe energética, la Comisión Europea anunció el plan “Save gas for a safe winter” (“Ahorrar gas para un invierno seguro”), que consiste en reducir al menos en un 15% el consumo de gas y electricidad hasta marzo de 2023.

Entre las principales medidas que incluye este acuerdo, destaca “el ahorro potencial derivado de la reducción de la demanda de calefacción y refrigeración”, especialmente en grandes edificios. Además, hace referencia a evitar la calefacción de terrazas exteriores y a disminuir el alumbrado público. 

Por caso, en Francia se tomó la decisión de prohibir los carteles publicitarios luminosos entre la 1 y las 6 de la mañana. También, las autoridades pidieron que no se enciendan los aires acondicionados a una temperatura menor a 26°C y que se limitara la calefacción a 19°C. En Alemania, los carteles publicitarios estarán prohibidos de 22 a 6, la calefacción también estará limitada a 19°C en oficinas públicas y, en ciudades del sur como Augsburgo, hasta se plantea la posibilidad de apagar algunos semáforos por las noches.

En principio, las medidas obligatorias están apuntadas mayormente a la industria, exceptuando a hogares, hospitales y escuelas. Sin embargo, en caso de no alcanzar los objetivos planteados, la UE puede declarar un estado de alerta mediante el cual podría imponer nuevos objetivos de ahorro obligatorios para los Estados miembros. ¿Logrará Europa reabastecerse del gas necesario antes de la llegada del invierno?

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