EQUIDAD DE GÉNERO: LA DISPUTA ENTRE LA NEUTRALIDAD Y LA ACCIÓN

En los últimos años el movimiento feminista ha ganado fuerzas a lo largo del mundo. Cada vez pareciera haber un mayor consenso sobre la necesidad de alcanzar una igualdad de facto entre los géneros para crear una sociedad más justa. No obstante, aún no se llega a un acuerdo sobre el camino hacia dicha equidad. Por un lado, están quienes proponen emplear acciones (conocidas como afirmativas) para facilitar el acceso de los géneros históricamente oprimidos a diversas instituciones y estructuras (Purdy, 1994). Otros, al contrario, argumentan que tales medidas atentan contra la igualdad al generar una discriminación inversa (Pojman, 1998), y en cambio abogan por la neutralidad de género. Este ensayo buscará demostrar que en el contexto actual la neutralidad de género es perjudicial y que la mejor herramienta para impulsar la equidad son las acciones afirmativas.

La neutralidad de género es la práctica de evitar distinguir roles según el género de las personas (Randolph, 2017). En este sentido, bajo la neutralidad de género toda decisión o proceso debería basarse meramente en datos objetivos, sin que intervengan prejuicios o supuestos infundados. Por ejemplo, en un proceso de selección los evaluadores han de fundar sus decisiones solamente en los méritos de los candidatos, siendo finalmente elegida la persona con las aptitudes más idóneas, sin importar su género. De este modo, la neutralidad de género debería erradicar los efectos de las brechas y barreras a las que se enfrentan los géneros oprimidos (como, por ejemplo, los estereotipos), proporcionando una igualdad de oportunidades transversal.

No obstante, lo anterior solo es verdad cuando el campo de juego ya se encuentra equilibrado de antemano. En primer lugar, hay que considerar que la mayoría de las estructuras e instituciones en las que nos desenvolvemos han sido creadas por y para hombres y que, por ende, no fueron pensadas para incluir las necesidades y fortalezas de otros géneros (Cudd y Jones, 2017). Lo anterior conlleva a que los géneros oprimidos enfrenten una serie de desventajas sistémicas y estructurales para ingresar a dichas instituciones, como lo es, por ejemplo, la penalización laboral de la maternidad (Correll, Benard, Paik, 2007), que se vuelven más fuertes mientras más alto es el nivel de juego, llegando a constituir “techos de cristal” (Vargas, 2018). En este sentido, la neutralidad más que equiparar el juego mantendría la cancha desigual, reforzando así las diferencias.

En segundo lugar, en el sistema patriarcal en el que vivimos es extremadamente complejo suponer que cualquier definición de un candidato ideal estará libre de sesgos (Purdy, 1994). La división sexual del trabajo y los roles de géneros son instaurados desde la más temprana infancia y reforzados de forma constante a lo largo de la vida. Esto, a su vez, conlleva a la asociación inconsciente de actitudes y habilidades consideradas propias de una persona en función de su género asignado, y con ello al establecimiento de estereotipos de género en el imaginario colectivo (Cudd y Jones, 2017). De este modo, incluso cuando se intente reprimir la incidencia de tales sesgos en los procesos de selección, estos permean a tal punto en nuestras sociedades que aun sin percibirlo influyen en nuestras decisiones e ideas.

En resumen, debido a que vivimos en sociedades desiguales, la neutralidad de género más que erradicar, invisibiliza la inequidad. Solo en un escenario en que ya exista una igualdad entre los géneros, la neutralidad de género tendrá el efecto positivo que sus adherentes defienden. Ahora bien, ¿quiere esto decir que nada puede hacerse en favor de la equidad de género? Todo lo contrario, si la balanza de poder entre los géneros no se regula sola, entonces hemos de equilibrarla de algún modo, y para ello el camino más eficiente son las acciones afirmativas.

Se conoce como acción afirmativa a la aplicación de políticas o acciones encaminadas a favorecer a los miembros de grupos que han sufrido históricamente o continúan sufriendo discriminación con el objetivo de buscar el equilibrio de sus condiciones y oportunidades (Purdy, 1994). Continuando con el ejemplo anterior, un proceso de selección motivado por acciones afirmativas buscará aplicar desde medidas como campañas de reclutamiento enfocadas en géneros minoritarios, hasta el establecimiento de una cuota mínima de participación de dichos géneros. Este reconocimiento explícito de la existencia de desventajas y desigualdades estructurales que afectan a los géneros oprimidos y la aplicación de soluciones directas finalmente disminuiría las brechas de poder, acercándonos (a ritmos variados) a la deseada equidad.

Por supuesto, se podría argumentar que al privilegiar un grupo sobre otro se está fomentando una distribución desigual del poder en favor a los grupos minoritarios más que la igualdad de condiciones, lo que suele denominarse como discriminación inversa (Pojman, 1998). Sin embargo, hay dos principales errores tras este razonamiento.

En primer lugar, las acciones afirmativas son medidas concretas aplicadas a situaciones específicas, por ende, en ningún momento constituyen un trato desigual sistemático y estructural como lo es la discriminación negativa. En segundo lugar, las acciones afirmativas buscan solventar desigualdades existentes, por ende, cualquier beneficio enfocado en los grupos menos privilegiados no eliminará ni disminuirá las oportunidades de los grupos más favorecidos, sino que simplemente ayudará a eliminar barreras y brechas ya existentes. En otras palabras, más que un juego de suma cero las acciones afirmativas constituyen medidas paliativas que buscan ir nivelando el campo de juego.

Ahora bien, el caso sería distinto si las acciones afirmativas se aplicaran en casos donde no exista desigualdad alguna, pues supondrían una ventaja injusta por sobre los demás y atentaría con la equidad. Es por ello que uno de los principales objetivos de las acciones afirmativas es volverse innecesarias.

En otros términos, las acciones afirmativas buscan favorecer a aquellos históricamente oprimidos a un nivel tal que la igualdad de oportunidades ya no constituya una excepcionalidad, y por ende su aplicación ya no sea requerida. Y es pues, llegados a este punto, y solo en este punto, que las políticas de neutralidad de género serán necesarias y podrán aplicarse sin perjuicio de ningún individuo, pudiendo mantener la ya alcanzada equidad entre los géneros.

En conclusión, las acciones afirmativas son el camino más rápido y eficiente hacia la equidad de género pues reconocen y buscan solventar las desigualdades y barreras que aquejan a los géneros históricamente oprimidos. Por el contrario, medidas como la neutralidad de género solo pueden trabajar en pro de la equidad una vez que esta se encuentre establecida en nuestras sociedades, momento en el cual las acciones afirmativas ya no serán necesarias.

Ahora bien, es importante recordar que cualquier tipo de acción afirmativa debe venir acompañada por un cambio de mentalidad si busca impulsar cambios verdaderamente profundos y permanentes. Es urgente revisar, criticar y cambiar las ideas y pilares sobre los que construimos nuestras sociedades, pues solo cuando los roles y estereotipos de género sean eliminados del imaginario colectivo es que podremos alcanzar la equidad algún día.

Referencias

Correll S., Benard S. y Paik, I. (2007). “Getting a Job: Is There a Motherhood Penalty?”. American Journal of Sociology. 112(5): 1297-1339.

Cudd, A. y Jones, L. (2017) “Sexism”. En S. M. Cahn y A. T. Forcehimes  (Ed.), Exploring Moral Problems: An Introductory Anthology (pp. 102-117)

Pojman, L. (1998). “The Case Against Affirmative Action”. International Journal of Applied Philosophy. 12(1)p. 97-115.

Purdy, L. (1994). “Why Do We Need Affirmative Action?”. Journal of Social Philosophy. 25(2) p. 133-143.

Randolph, S. (2017). “What is Gender Blindness and Why is it a Problem for Women?”. Medium, Recuperado de: https://medium.com/@sydney.j.randolph/what-is-gender-blindness-and-why-is-it-a-problem-for-women-8d870c35bbfe#

Vargas, T. (2018). “She coined the term ‘glass ceiling.’ She fears it will outlive her”. The Washington Post, Recuperado de: https://www.washingtonpost.com/news/retropolis/wp/2018/03/01/she-coined-the-phrase-glass-ceiling-she-didnt-expect-it-to-outlive-her/

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