#BlendPolitico N° 11 – Simio no mata a simio

¿Cómo están? ¿En qué andan? Yo acá, pasando por esos momentos de reacomodo (como siempre) de mi vida personal y profesional. Esto de estudiar y profesionalizarse en una cosa para dedicarse a algo completamente alejado es duro. Pero la pregunta es: ¿quién me manda a estudiar sobre armas nucleares no? Jajaja, me gustaría saber quién me lee y a qué se dedica y si eso está cerca de lo que estudiaron. Si me lo hacen llegar por cualquier medio de contacto me voy a divertir leyéndolos. En fin, como siempre, todo se acomoda y todo pasa… 

Iba a escribir mi news sobre algo relacionado a eso, una suerte de cómo los Estados invierten (o no) en los desarrollos de Ciencia y Tecnología, pero la realidad y lo saturado mentalmente que me encuentro me dijeron: “vamos a los fierros”. 

Mi perfil académico y mi vida personal me llevaron a ser un aficionado a la guerra. No digo que me guste que la gente muera, pero la guerra como objeto de estudio es fascinante. Y viendo algunas noticias y el seguimiento de lo que pasa en Ucrania, esta carta busca responder en parte a tres preguntas fundamentales. La primera, basada en una apreciación colectiva generalizada: ¿es la guerra promotora de desarrollo tecnológico? La segunda: ¿la tecnología militar está destinada a la maldad? Y finalmente: ¿qué cosas “innovadoras” se están desplegando en el campo de batalla en el espectro tecnológico en Ucrania? Así que Nacho, agarrate los pantalones que arrancamos. 

Cuando un Estado va a la guerra y quiere lograr sus cometidos, naturalmente destina una gran cantidad de recursos en pos de. Pero ojo, un Estado que está en guerra también invierte en capacidades y las mismas, una vez terminada la guerra, quedan y pueden ser aplicadas en el ámbito civil. 

En palabras más estrictas y tomadas de una nota que leí: “Pero las guerras también pueden tener efectos beneficiosos para el desarrollo económico y tecnológico. En general, las guerras tienden a acelerar el desarrollo tecnológico para adaptar herramientas con el fin de resolver necesidades militares específicas. Más tarde, estas herramientas militares pueden evolucionar hacia dispositivos no militares”. 

Hay quienes dicen que la tecnología militar es el “dark side” (lado oscuro) de la innovación pero, en ese sentido, tomando la palabra de Melvin Kranzberg, cofundador de la Sociedad para la Historia de la Tecnología en Estados Unidos: “La tecnología no es buena ni mala, ni tampoco neutral. Es en efecto una fuerza, probablemente más que nunca bajo el paradigma tecnológico actual, que penetra en el núcleo de la vida y la mente. Pero su despliegue real en el ámbito de la acción social consciente y la compleja matriz de interacción de las fuerzas tecnológicas desatadas por nuestra especie, y la misma especie, son una cuestión que ha de investigarse, más que una fatalidad por cumplirse”. 

En palabras más criollas, no es la tecnología o la ciencia mala de por sí, los humanos somos horribles ya que utilizamos los avances de la misma para destruir cosas.

Creo que el caso más emblemático en ese sentido es el de Einstein que, si bien no fue directamente responsable en el armado de la bomba nuclear, sus avances fueron fundamentales y la piedra angular para su funcionamiento. El mismo Einstein pediría perdón por eso. 
Volviendo, Alex Roland, profesor de Duke que tiene 400 libros sobre tecnología y guerra, indaga sobre esto del desarrollo de la tecnología y expone una serie de puntos que me interesan destacar. “La tecnología, más que cualquier otra fuerza externa, da forma a la guerra; y, a la inversa, la guerra da forma a la tecnología. Sin embargo, la tecnología militar no es determinista. Más bien, la tecnología abre puertas. Y, por último, estas características de la tecnología militar son más fáciles de ver en la época moderna que antes, aunque siempre han estado en funcionamiento”.

Vamos por partes, dijo Jack. El autor propone un juego mental: supongamos que Sun Tzu y Alejandro Magno vuelven a la vida y son asignados para dirigir las fuerzas de la coalición en Afganistán en 2008. Estos que son padres de la táctica y la estrategia militar no tendrán problemas en términos “prácticos” en el campo de batalla para dirigir a los soldados. Lo que se denominó «principios de la guerra» son simplemente los conocimientos tácticos que todos los comandantes de éxito a lo largo de la historia han llevado en su banco de experiencia: comprensión de la inteligencia, la sorpresa, la maniobra, el mando y el control, la concentración de fuerzas, la unidad de mando, el terreno. 

Pero el autor expone que la única herramienta de mando moderna que no reconocerían y no podrían asimilar fácilmente sería la tecnología de la guerra. En ese sentido, el campo de batalla moderno dejaría obsoletos a estos referentes de la guerra al necesitar asimilar lo que hoy son los avances tecnológicos que se despliegan en el terreno. 

En el juego se retoma esta idea inicial, el autor explica que “si bien la tecnología modifica la guerra, nunca la determina, ni cómo se llevará a cabo ni cómo resultará. La tecnología preside la guerra, pero no la gobierna”. En ese sentido, se exponen un sinfín de ejemplos de avances tecnológicos en el campo militar que se expusieron como deterministas (exceptuando la bomba nuclear) pero que tampoco fueron la llave del éxito en las contiendas o en el campo de batalla. 

Parece entonces un juego de complementos, ¿la innovación en el campo militar también puede mejorar lo cotidiano o lo civil? Hay un montón de notas que estuve revisando que exponen cómo los avances para la guerra fueron mutando para incluirlo en la vida “normal” de la gente. Las dejo acáacá y acá

En definitiva, los cambios y los avances en el campo tecnológico son aprovechados para esas cosas, si un Estado que tiene una estrategia de mejorar y dotar sus capacidades militares, el famoso “efecto derrame” se dispersará en otras agencias haciéndolo beneficioso. Como se dijo antes, es la propia humanidad la responsable de las acciones y usos que se le dé a estos desarrollos. 


¿Cómo impactó e impacta la tecnología en la guerra de Ucrania y Rusia?  

Es de común conocimiento lo que pasa día a día con el avance ruso en territorio ucraniano, el despliegue de tropas y demás. Si no quieren perder nada de lo que está pasando allá, pasen a chusmear lo que hacen los genios de Zona Militar (yo escribo a veces je), que hacen un reporte diario de la guerra. 

Después del espacio publicitario, es importante entender las dimensiones de esta guerra. Siempre se habla de que en la actualidad hay una conjugación de actores y escenarios donde los combatientes se disputan y chocan: la política (obvio bobis), la economía, los recursos, etc. y aparece el campo tecnológico. En este nos vamos a centrar 

La tecnología, como ya aprendimos arriba, moldea la guerra. En Ucrania se desplegaron una cantidad de capacidades militares que muchas veces asombra. Los videos de los aviones de última generación, las unidades terrestres que parecen transformers y los destructores parecen una película de ciencia ficción. 

Si bien estas innovaciones aplicadas en términos de mejorar el alcance, la precisión y la letalidad son fascinantes, a mi me gustaría poner el ojo en lo que no te pega directamente pero sí lastima y mucho. Acá es cuando voy a hacer un repaso rápido de tres cosas: primero, la guerra cibernética que se está librando. En relación a lo anterior, la guerra de desinformación y, por otro, el rol de los gigantes tecnológicos en el campo de batalla. 

La ciberguerra o el quinto dominio está súper presente en el día a día de los Estados, imaginate en uno en guerra. Desde que empezó el conflicto, muchas noticias se divulgaron en tono “ciberataque masivo al ministerio de defensa ucraniano”, “se reportan fallos en la red eléctrica de Ucrania por un supuesto ciberataque ruso” y así podría seguir toda la carta. En datos, los ataques más comunes son los DDoS (Ataque de denegación de servicio). En el primer trimestre del 2020, aumentaron 1,5 veces (46 %) en la cantidad de ataques con respecto al tristemente anterior y se ve un aumento de 4,5 veces en comparación con el mismo período del año pasado.
La crisis de Ucrania provocó una ciberguerra, que difícilmente podía dejar de repercutir en las estadísticas. Los primeros días del conflicto se registraron una serie de ataques que hicieron saltar las alarmas mundiales. 
En ese sentido, la guerra que se desplegó en el campo de la ciberseguridad es sumamente relevante. Yo recomiendo mucho que escuchen a Bruna que es de las personas más cracks que conozco que estuvo hablando de esto hace poco. 

Por otro lado, la guerra por la información se hizo cada vez más presente. “Sí, están muertos”, “no ves que movió la mano”, “esto es fake”, son algunas de las frases que leí sobre la guerra y las noticias. Es importante ver cómo se manejaron los medios y en especial las redes sociales con respecto a la información. Franco escribió sobre esto en Poli, así que recomiendo. La desinformación no es algo nuevo, en todos los conflictos se empleó y es un recurso ampliamente valorado por los Estados para lograr sus cometidos. Lo que pasó en este caso es que muchas compañías y los grandes medios estuvieron desplegando sus propias estrategias y se convirtieron en un actor más de la guerra. 

Pocos días después del inicio de la invasión, el Kremlin aprobó la Ley de Censura de la Guerra para prohibir la difusión de noticias falsas sobre la operación especial en Ucrania.  Por parte de occidente, los medios optaron por censurar algunas cuestiones en pos de favorecer una posición. Ojo, no es un juicio de valor, cada uno con sus medios para lograr sus cometidos. 
 
El problema es cuando los medios tecnológicos son desplegados para eso. Diferentes campañas de desinformación o información cruzada se ven día a día, pero la ciberguerra incluye complejidades adicionales. La intensa y rápida difusión de información, las cantidades y tipos de datos recogidos y la extensa documentación en tiempo real de los acontecimientos revelan la integración de la información y la comunicación en todos los aspectos de la guerra y esta impacta e infiere en la integridad de los combatientes y de sus espectadores. 

En este contexto, las empresas, tanto de telecomunicaciones como las gigantes de las redes sociales, se hicieron y se alinearon en esta guerra. Ja, mira si la primera guerra transmitida por TikTok nos la íbamos a perder, ¡jamás! 

Estas empresas (la mayoría occidentales) fueron jugando en contra de Rusia, un gran número de ellas suspendieron sus actividades en territorio ruso y bloquearon una serie de anuncios por parte de Moscú. Hay una serie de ejemplos que pueden leer acáacá o acá

Lo importante es la reflexión. Cuando tenés a gigantes que tienen más poder que muchos Estados es importante tenerlos en cuenta. Rusia entró en un cálculo de desplegar todo su aparato cibernético en pos de mantener una imagen y también se adentró en diferentes estrategias para sortear los bloqueos tanto de los medios como de las grandes empresas.

En definitiva, la tecnología está cobrando suma importancia en este conflicto. Ojo, no digo que no haya sido relevante en los anteriores, pero en este existe una viralización y un alineamiento de todos los actores involucrados en utilizar todos los medios (en especial los del ámbito tecnológico) para lograr vencer a su contrincante.

Por eso, y un poco esperando que la guerra termine, nos vamos a encontrar en otra carta hablando y analizando los saldos positivos de las innovaciones, que si bien nacen en un contexto de mierda, seguro alguien le va a encontrar la parte positiva. 

Se me hizo largaza la carta sepan disculpar, se cuidan y abríguense que hace frío. 
Recomendación musical: Soñe Contigo – Carlos Sadness y Marcos Mares Recomendación película: Tesis –  Amazon PrimeRecomendación para leer: Neurociencias para presidentes 

Escrito por

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales UADE Maestrando en Defensa Nacional UNDEF Interesado en cuestiones nucleares y Medio Oriente.

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