El discurso construye la realidad

Desde la creación de los reinos en la Edad Antigua, pasando por los primeros sistemas imperiales hasta la aparición de los Estados Modernos, la propaganda institucional ha jugado un papel fundamental en el manejo de la opinión pública. En momentos de guerra, la batalla por la construcción de una narrativa favorable a los intereses de cada uno de los actores es esencial. 

Ante un conflicto de esta índole, las operaciones de información pueden devenir en el desarrollo de los acontecimientos, favoreciendo determinada agenda política, generando un estado de opinión propicio al actor interesado, y en última instancia empujando al adversario a elegir las acciones más beneficiosas para el enemigo, manipulando la percepción del oponente respecto a la situación. 

A esta operación se le denomina “control reflexivo”. En el caso que analizamos aquí, tanto la OTAN, como Rusia y Ucrania intentan anticipar los movimientos del enemigo, mediante información considerada verdadera, para posteriormente imitarlos y reflejarlos a través de una masiva campaña de propaganda que tiene como finalidad influir en los actos del oponente. De esta forma a través de medios multicanal se difunde propaganda con una perspectiva de los sucesos que favorecen los objetivos y temáticas del propagandista. El manejo de la opinión pública y la creación de sentidos comunes, nos ha acompañado toda nuestra historia, pero en la actualidad tales fines se han vuelto más sencillos debido al gran avance en el desarrollo de los medios de comunicación tradicionales junto a la aparición de las redes sociales.

Rusia por su parte ha desplegado una acción comunicacional a través de medios multilingües y multicanal como Russia Today, que ha pasado de un presupuesto de 30 millones de dólares en 2005 a 350 millones en 2011, generando un grupo poblacional fuera del territorio ruso favorable a sus intereses, y que influyen en las discusiones políticas dentro del estado objetivo. A nadie le sorprenderá que la semana pasada fuera prohibida la emisión de los canales estatales rusos Sputnik y el ya mencionado Russia Today, debido a que despliegan una narrativa favorable al gobierno ruso. Tampoco sorprende que durante la guerra de Irak no se prohibiera la emisión de ninguno de los canales norteamericanos del conglomerado multicanal CBS Corporation. La libertad de prensa siempre ha sido la libertad del dueño de la imprenta. 

A su vez, Rusia lleva años desarrollando una imagen de sí misma a nivel internacional que la posiciona como alternativa a la hegemonía estadounidense, desnudando las contradicciones y discursos hipócritas de las democracias occidentales, manipulando realidades. Esta misma estrategia la realizan las potencias occidentales, generando una visión de China, Rusia e Irán como nuevo “eje del mal”. 

Existen tres pilares básicos de las operaciones informativas para generar confusión: las noticias falsas, las parciales, y las tergiversadas. Esta estrategia es una constante en los medios de comunicación y redes sociales, generando desinformación o una sobreinformación que sin un espíritu crítico, por parte de la ciudadanía, son imposibles de clasificar e identificar según los intereses de quienes las emiten. 

La finalidad del gobierno Ruso, en este caso, es consolidar su poder, apelar al orgullo y nacionalismo de sus ciudadanos, debilitando a sus adversarios. En el caso de las fuerzas occidentales, es debilitar a Moscú y exponerlo como una amenaza mundial que busca “restablecer la URSS” o iniciar una guerra nuclear que nos puede llevar a la destrucción total. 

Si nos vamos a lo práctico podemos observar cómo los últimos titulares en Russia Today son: 

Al mismo tiempo, un medio europeo, “El País” publica:

Resuenan las palabras del senador estadounidense Hiriam Johnson “La primera víctima de la guerra es la verdad”. Generar un estado de confusión antes, durante y después de enfrentamiento bélico es esencial, y es por ello que no sabemos a ciencia cierta cuáles son los objetivos de Rusia en Ucrania, cuantas tropas ha desplegado, ni que conversaciones se están realizando en el seno de la toma de decisiones. 

Tampoco sabemos cuáles son los intereses de Estados Unidos y la UE al seguir el juego de Putin y tensar cada día más la cuerda. Dicen que la realidad siempre supera a la ficción, esperemos que la delgada línea entre ambas, esta vez no se rompa.

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