#ElEleccionario Nº8 – Ni una etiqueta a la Maruchán

Lo admito, me han sacado de un apuro en varias ocasiones. Bah, ¿apuro? Si es que así se le puede llamar al que sean las nueve de la noche y el cuerpo pida arrojarse en el sillón a ver una vez más el compilado con los mejores goles de tiro libre de Román en vez de cocinar algo elaborado y de mano propia. Es muy simple la solución al problema: ir al mercado más cercano, dar con estas sopas instantáneas en la góndola, pagar su módico precio y, una vez en casa, verter abundante agua caliente en el pote. Una suerte de isla de bloque de pasta flotará por unos minutos hasta desmembrarse por el calor y componer lo que pareciera ser una sopa de fideos. Como la que se clavan los personajes de El Juego del Calamar en el supermercadito nocturno cuando son liberados del macabro juego en el segundo capítulo. Adentro.

México fue uno de los primeros países en denunciar públicamente los componentes riesgosos de aquel alimento procesado. El Laboratorio Nacional de Protección al Consumidor y la Procuraduría Federal del Consumidor insistieron en varias ocasiones en torno a los componentes perjudiciales que flotan entre fideos, líquido y envase de nuestro platillo instantáneo. La publicidad engañosa hace lo suyo, por supuesto, y uno puede volverse a comer el chamuyo del alimento que no es alimento como si se tratase de responderle a ese ex compañero del secundario que te habló tras años de silencio para contarte de una propuesta superadora.

El pasado martes, la Cámara de Diputados de la Nación debió haber debatido y votado, entre otras leyes, la Ley de Etiquetado Frontal. Si no estás aún al tanto de qué va esta propuesta, recomiendo fuertemente la recopilación de data que hacen desde la Fundación InterAmericana del Corazón. El final es conocido, la oposición no dio quórum y el asunto naufragó entre broncas y acusaciones cruzadas: el oficialismo denunció lo que se visualizó como un sabotaje contra la gobernabilidad y con auspicio del lobby empresarial. Del otro lado, se reafirmó el rechazo a funcionar desde la cámara como una escribanía a piacere del gobierno. El postre es la sensación frustrante que queda en el Frente de Todos tras una la fallida experiencia: ¿cómo será la vida post-elecciones, de replicarse el resultado de las PASO, si hoy mismo es difícil el tratado de leyes como la mencionada? Más aún, ¿cómo plantear y desarrollar, por ejemplo, el complejo proceso que implica la selección de un juez de la Corte Suprema, cuándo a regañadientes se debió concluir una misión de un calibre político menor, sabiendo que las góndolas continuarán con menos etiquetas que una relación libre?

En simultáneo a aquella jornada, el presidente Alberto Fernández participó de la Convención Anual 2021 de la Cámara Argentina de la Construcción. Sin demasiada maniobra para discursos por fuera de lo protocolar, esbozó: “Debemos construir un puente hacia la Argentina productiva y dejar atrás la Argentina de la especulación. De esa Argentina venimos. Esa Argentina nos costó millones de dólares fugados”.  Fernández hablaba de refundar aspectos permanentes de la realidad socioeconómica argentina -la productividad interrumpida, la carencia en políticas sostenidas y las secuelas de la fuga de capitales- mientras una de las pocas novedades legislativas que podía llegar a darle oxígeno a su gestión en el entremedio de elecciones naufragaba sin suerte en la cámara baja.

En la retórica del gobierno sobrevive un proyecto refundacional siempre con vistas a lo que vendrá (“es importante ponerse en los zapatos del otro para saber cómo caminar hacia el futuro” dijo el presidente en aquel evento). Ese proyecto refundacional, anunciado con bombos y platillos el 10 de diciembre del 2019, fue balbuceando más hacia la figura de un tipo ideal, más aspiracional que alcanzable, a ya un año y medio de iniciada su gestión. Lo más inexplicable es cómo esto ocurre con elementos dónde el gobierno pudo haber luchado con mucha más fuerza para cohesionar a su electorado e identificar un rumbo, léase el caso de la reprivatización de la vía navegable Paraná-Paraguay o la eterna promesa de la reforma judicial, al ritmo de la agudización de la crisis en la Corte Suprema. Para el primer caso, el gobierno cometió una serie de idas y vueltas para los cuales necesitaríamos otro newsletter, pero puedo dejarles esta charla con el periodista y militante Rodrigo Savoretti, para saber de dónde venimos y esta otra con el dirigente del Sindicato de la Actividad Naval de Mar del Plata, César Briatore, para entender en qué quedamos. Para el tema judicial, sintetiza bien la frase del Procurador del Tesoro, Carlos Zannini, quien comentó al respecto: «Creo que el Poder Judicial tiene que autodepurarse«.

Lo curioso es cómo se utiliza como excusa ante estas observaciones el decir que “es mejor” que el gobierno no se haya alistado en dichas campañas, ya que muy probablemente hubiera perdido y una vez más arriesgaría a devaluar su capital político. Yendo a la hoja de ruta de la gestión de la propia vicepresidenta de la administración, a pocos meses de asumir Cristina Fernández de Kirchner perdió en el Congreso -y en las rutas- una durísima batalla en el escenario de la 125, en aquel duelo del 2008 que mediáticamente se denominó campo vs. gobierno. No fue solo el revés legislativo: un Ministro de Economía -Martín Lousteau- y el propio vicepresidente de CFK -Julio Cobos- torcieron el rumbo de sus trayectorias políticas en aquellos días. Por otro lado, a la Ley de Medios, quizás de los proyectos más significativos que dejó el kirchnerismo, le tomó un lustro aspirar a la adecuación, ya en el ocaso de los ocho años de Cristina. Su implementación nunca llegó a ser total, y fue descartada al poco tiempo de asumir Mauricio Macri.

¿Cuántas cosas se extravían si se analizan estos eventos solo en la lógica victoria/derrota? Nadie puede negar que pocos dolores de cabeza más pronunciados para un mandatario que el enfrentamiento con su propio vice que, para más tensión, pertenece a otra fuerza política. O el desgaste por el debate y desarrollo de una ley que recién pareció solidificarse con suma lentitud en el tiempo de descuento de una gestión. Pero al mismo tiempo, los sucesos en torno a la 125 y la ley de medios dotaron de una subjetividad, un fin y una materia prima para sus grandes aspiraciones políticas a aquellos adherentes a las políticas de CFK durante sus años en el ejecutivo. Un gobierno no es nada sin un fin. Y su performance electoral es sumamente enflaquecida si no hay una política pública, en términos algo urgentes, “que defender” en tiempos de comicios. Aquello que moviliza acción, norte o nostalgia si es necesario. Si el fin está dotado de metáforas sobre el mundo de mañana, es invisible a la vista. No por lo utópico, sino por lo abstracto: cada quien lo rellena como le parece, entre el desgano y la multiplicidad de puntos de vista, sumado a lo aburrido y gris de los discursos protocolares. La vida que queremos.

Alberto Fernández apela a una oratoria más enfática y promisoria en los actos de campaña. Frente a la militancia, agudizó su lectura sobre la realidad y reconoció los errores que llevaron a la derrota de septiembre. Es una pieza importante, pero no alcanza: esquiva a los ajenos a aquel encuentro, de los cuales solo un pequeño porcentaje revisará los recortes de YouTube para ver qué es lo que dijo el presidente La movilización social de las corrientes afines al gobierno empieza a descongelarse y ya el aforo estalla por los aires cuando se trata de actos de campaña. Aún así, a días del 17 de octubre nadie se anima a decir qué es lo que exactamente sucederá.

Hace tiempo que pareciera que quiénes necesitamos una etiqueta encima para saber qué tenemos dentro, somos nosotros mismos.

 BONUS TRACK: 

– Vuelve a las tablas de una de las obras más fuertes e icónicas del teatro nacional: La Lección de Anatomía. Recomendadísima.

– Ya que tanto hablamos de sopa de fideos, acá este sujeto hace un ASMR comiendo una. Está muy bien hecho.

– ¿Con qué música acudían al conocimiento los filósofos medievales? Aparentemente el canal Filosofía Académica encontró la respuesta.

Escrito por

De Zona Sur. Estudiante de Ciencia Política en la UBA, conductor de Contra Todo Pronóstico y bebedor de café negro.

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