#BlendPolítico N°5 – ¿Por qué empatizamos con los robots?

Buenas, se que extrañaron el newsletter de Cefe #EconomíaOnTheRocks, pero se estaba recibiendo así que festejamos y lo felicitamos. Espero que ustedes anden bien y si no, como siempre, todo pasa… Esta entrega va en “continuación” de la de Inteligencia Artificial, que por si no la leyeron se las dejo, pero tampoco es esencial que lo tengan presente porque explico cosas nuevas, así que empecemos. 

Yo ando atareado, con nuevas responsabilidades y sin tiempo, pero en esos milisegundos de espacio que me hago estoy aprovechando a ver películas y series (yo les dije que no veía, pero últimamente son mi refugio para no estar 24/7 laburando). Me vi Loki (esto lo dejo para un news del futuro) y me recomendaron Ex-Machina en un intento de que me guste la ciencia ficción, me quedo acá y empiezo. 

Esta película de Alex Garland cuenta, a grandes rasgos, una relación de 3 protagonistas: Caleb, que es un colaborador de una suerte de Google; su jefe Nathan, un multimillonario que vive en el medio de una montaña en su exorbitante mansión; y Ava, un robot dotado con IA creado por Nathan. Caleb debe pasar con ella una semana para definir si el “proyecto” está aprobado y en este tiempo transcurren una serie de hechos que cambian mucho la perspectiva acerca de cómo uno mira la tecnología, la IA y la relación que tenemos (? con los robots. 

No voy a indagar más en la película porque cada cosa que diga es anticiparme y spoliarles un montón, y la verdad me sirve de excusa para escribirles sobre esto. Ex-Machina me dejó pensando en algo, que también lo había visto en Psycho Pass (este anime lo tiene todo): ¿qué pasa si una Inteligencia Artificial o un robot tiene la capacidad de desarrollar empatía? y peor, ¿qué pasa si puede convencer a la gente a que la vote? Esta es la parte en la que dicen “este está re loco” y dejan de leer el news, pero por favor quédense. 

En un capítulo de Psycho Pass,un candidato usa una IA estilo clon que suplanta a la persona original y tiene la capacidad de predecir cómo reacciona la gente, y con esto moldear su discurso y sus acciones. Al final se descubre la naturaleza del candidato y la gente lo aprueba. Ava va por ese lado, tiene un objetivo y va moldeando su comportamiento para cumplirlo, y Caleb es quien es “cooptado” por la robot. 

Vamos a la realidad, la robótica y en especial la Inteligencia Artificial está muy involucrada en la vida de las personas. No tenemos a Ava caminando al lado nuestro (o sí), pero lo fáctico es que la IA está presente en industrias, en el campo militar, en la medicina, en la educación, en las finanzas y en los juegos de la play o PC. No viene al caso la cantidad de ejemplos por eso les dejo dos notas de Karen Pontius y Judith Vives que hablan de eso. 

Las computadoras, los robots y los sistemas dotados de IA, a través de un conjunto de algoritmos y el proceso de aprendizaje automático, tienen la capacidad de responder a ciertos patrones y así crear conductas y modelos en cuanto adquieren nuevos campos de comportamiento. En criollo, se tiene la capacidad de aprender, memorizar y anticipar dependiendo el contexto y lo desarrollado de la tecnología. 

Vuelvo al planteo original, ¿los robots pueden tener sentimientos? Acá hay un gran debate acerca de si los sentimientos que puedan ser generados por una computadora son “reales” como los de los humanos (acá todos van a decir que conocen a alguien que parece una tostadora por los pocos sentimientos que demuestran). 

Estaba chusmeando y me encontré con este video en el cual Merkel está con el prototipo Sophia y la robot la “consuela” por la eliminación de Alemania en el mundial de Rusia del 2018. Acto seguido, Raúl Rojas, mexicano especializado en robótica y palabra autorizada en el tema explica: “los robots no podrán nunca sentirse como humanos, porque las emociones son producto de la evolución; sin mortalidad, sin hormonas y sin dolor no hay posibilidad que una máquina pueda entender lo que son los sentimientos”. Rojas alerta algo que me pasa seguido, estoy en Twitter y me encuentro con un perro robot que lo patean, o el robot que transporta cajas (que claramente es un montaje) y se la tiran y yo digo: “dale hijo de p… no le hagas eso al robotito”. El especialista alerta que no se debe empatizar con los robots, que no son nuestros compañeros sino máquinas creadas por el hombre y deben ser utilizadas (importante la distinción entre utilizar y tratar) como tales. 

Otro ejemplo que se me viene a la mente es la película Her, que si bien no es un robot como tal, se establece un debate en torno a la forma en la cual una IA puede interactuar con las personas y aprender a responder a ciertos patrones y, frente a esto, tener un campo de acción que puede llegar a confundir y “seducir” a una persona. 

Ahora bien, ¿cómo un robot “siente”? Cuando cambió el paradigma acerca de cuánto las emociones influyen en el proceso cognitivo, en 1995 Wright Picard expuso una nueva forma de investigar la conjugación entre tecnología y sentimientos, la computación afectiva. En pocas palabras, lo que se busca es desarrollar sistemas que permitan entender, reconocer y reproducir el comportamiento y el sentir humano. 

Se explica muy bien en palabras de Javier Hernandez: “Piensa bien la forma en que interactúas con otros humanos, miras sus caras, miras su cuerpo y cambias tu interacción en consecuencia. ¿Cómo puede una máquina comunicar información de manera eficaz si no conoce tu estado emocional, si no sabe cómo te sientes, no sabe cómo vas a responder a un contenido específico?”. Yo la flasheo un poco, vieron que uno dice “qué ganas de una hamburguesa”, entra a Instagram y todas las publicidades son de hamburguesas. ¿Te imaginás que mirás a tu celular con un puchero, medio lagrimeando y te pone esta canción? Un fla.  

Acá entra un amigo japonés SEER, creado por Takayuki Todo, que puede mostrar emociones según se lo indiquen. Takayuki tiene el desafío de incluir a SEER una IA que pueda interpretar lo que está viendo, pero el hecho de que un robot pueda mostrar cómo se siente parece un gran punto de partida. Otro proyecto que se realizó en búsqueda de una IA que responda a emociones fue Affectiva, que está diseñado para explorar cómo los clientes se comportan viendo una serie de publicidades y con esa información se pueden moldear las campañas publicitarias de las empresas. Les dejo un buen video que explica cómo funciona, Prometo no estar viendo su reacción sin su consentimiento, je. 

Me hubiera gustado entrar a la época pandémica con esta información, el MIT Media Lab desarrolló un dispositivo que puede escuchar tu corazón para saber si se está experimentando dolor, frustración y estrés, y si se pasa de los parámetros te tira un aroma para adaptarse a esta situación (en mi caso sería un olor a asado o fernet, quiero leer qué olores le pondrían a su cosito). Por otro lado, también se estuvo desarrollando un algoritmo que utiliza datos del celular para predecir grados de depresión. 

Si Luu, investigadora posdoctoral de la Universidad de Shangai, expone que: “las computadoras afectivas no solo deberían ayudar de mejor manera a los humanos, sino que también podrían tener mayor capacidad para tomar decisiones. Este tipo de resultados llevará el campo de la toma de decisiones a un nuevo nivel, permitiéndonos entender mejor la interacción humano-robot y produciendo nuevas aplicaciones, ahora mismo inesperadas”. 

Y el otro aspecto fundamental que nos compete en esta entrega, ¿puede haber robots en la política? Vuelvo a Japón y les presento a Michihito Matsuda, un robot que se presentó para ser candidato a ser alcalde en Tama, un distrito de Tokio, en 2018 . Lastimosamente, Matsuda quedó tercero y no pudo acceder a la segunda vuelta. 4.000 personas aproximadamente eligieron un robot antes que una persona. Matsuda contaba con una inteligencia que le permitía procesar las demandas de su distrito. Un pilar de su campaña fue ser capaz de encontrar el punto de común en los disensos, algo en lo que los humanos no somos muy buenos. 

Matsuda claramente no se desarrolló solo, sino que Softbank y Murakami (ex Google), estuvieron atrás del robot. En su visión, un gobierno de robots sería mucho mejor que el de los humanos. Les dejo un artículo de Marius Robles que analiza de una forma impecable más ejemplos como Matsuda y algunas consideraciones. 

Momento chiste, ¿te imaginas perder una elección con un robot?, sos literalmente este: 

Vuelvo a la seriedad y empiezo a despedirme. Enzo Giraldi expone que la masividad y las innovaciones de la tecnología imprimen una suerte de nueva realidad donde la reflexión es casi nula y las decisiones se basan en el plano de la información, alejándose del plano físico, lo que termina en una visión simplista de la ejecución de las decisiones de las elites políticas. Lo que se alerta es que estos son procesos incompletos y una digitalización de la política puede jugar en contra de la “confianza social”, la búsqueda insaciable de la aprobación en base a datos e informes pone en jaque las instituciones sociales tradicionales. Así que ojo, que la digitalización desafía la forma de hacer política y, en ese caso, dificulta los paradigmas de la concepción de la sociedad en torno a las personas y a cómo conciben los regímenes en los que viven. 

Marius Robles plantea algo interesante, una IA desarrollada podría emplear una campaña adecuándose a la persona para decir lo justo en el momento exacto para conseguir un voto más, algo que un humano no puede ( la viven tirando afuera de la cancha la mayoría de los políticos, un minuto de silencio para los equipos de comunicación en los últimos años). Pero como todo, al final una persona estaría detrás del robot presidente. En este caso es importante plantear que toda creación, por más que se sueñe con la idea de que un robot sea capaz de desarrollar conciencia de su existencia, tiene una persona por detrás y los parámetros de decisión serían claramente alterados y direccionados por los creadores del Optimus Prime. 

Robles termina su nota reflexionando con un libro que ya recomendó Juan Battaleme, Kathy O’Neill, autora de “Armas de Destrucción Matemática”, plantea que “los privilegios son analizados por personas; las masas, por máquinas”. Cierro dejando una duda, si al final vamos a ser reducidos a una serie de datos, ¿no sería más fácil, en un futuro, poder convencer a la gente por un candidato X con la exagerada información que un algoritmo pueda tener de nosotros? 

Bueno, me voy. Siempre digo que voy a escribir poco y termino hablando una bocha, perdón Vicky (la coordinadora del newsletter). Sigan cuidandose y vayan a vacunarse. Se los pide Ricky Martin  Les dejo mis recomendaciones para esta semana: 

  • Cerraron las listas, por algún lado leí que era como Disneyland para los politólogos y a mi me volvió esa cosa en la panza de ansiedad/expectativas por estar de vuelta en un proceso electoral. Dejó notas por acá, acá y obvio la última de Esteban Chiacchio para PAW. 
  • Están los Juegos Olímpicos, aunque no estoy del todo enganchado me quedo con lo que pasó con Fethi Nourine, un judoca argelino que se negó a pelear contra su par israeli. ¿Por qué? Lean este hilo.
  • La pandemia nos hizo mierda a todos, con solo ver mis fotos del 2019 y verme al espejo se nota que me pasó la vida encima, y eso que yo soy un privilegiado. Vean esta película de Bo Burnham que explica más o menos lo que pasamos todos encerrados el año pasado. 

Escrito por

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales UADE Maestrando en Defensa Nacional UNDEF Especializado en cuestiones nucleares y Medio Oriente.

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