La transformación del terrorismo en época de pandemia

No es noticia que el Covid-19 haya trastocado prácticamente todos los aspectos de la vida en sociedad, especialmente en lo que refiere a lo cotidiano y a las relaciones interpersonales. Sin embargo, existen ámbitos particulares del crimen organizado y de los actos de violencia que han debido adaptarse a la situación y transformar sus medios para poder seguir alcanzando sus fines, ya sean estos el lucro, el poder, el control de territorios, entre otros. 

El terrorismo es una de las actividades delictivas que se ha visto modificada a raíz de la contingencia actual. Si bien esta actividad parte de un concepto que puede ser definido de diferentes maneras, existe cierto consenso en la presencia de algunos elementos característicos1, como ser la existencia de una violencia indiscriminada que no diferencia a sus víctimas ni por sexo, edad, religión o condición social dado que los ataques se realizan en lugares públicos donde asiste todo tipo de gente. Esta violencia es indirecta ya que no se dirige a las víctimas inmediatas, sino que tiene un objetivo mayor al buscar influir en la toma de decisiones de los gobernantes.

Asimismo, los ataques son impredecibles por la cantidad de objetivos posibles y predeterminados al ser planificados cuidadosamente teniendo en miras la cantidad de repercusión que se busca generar para llegar a los verdaderos destinatarios. Por último, se llega a afirmar que quienes cometen estos actos no se guían por una escala de valores que proteja los derechos humanos tal y cómo son establecidos en la Declaración de los Derechos Humanos de Naciones Unidas la cual en su tercer artículo establece que “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Esto se entiende de esta manera dado que su objetivo último -como por ejemplo la instauración de un Califato a escala global, incluso fuera del mundo islámico para Al Qaeda- se encuentra por encima del derecho a la vida

Priego Moreno (2018) establece puntos en común de las distintas ideas de terrorismo, definiéndolo como el uso de la violencia -o al menos la amenaza de la misma- para alcanzar fines políticos, económicos, sociales o religiosos a través del miedo generalizado. Con esto, como se mencionó anteriormente, se busca influir en las decisiones de los gobernantes para que realicen (o se abstengan de realizar) un acto específico. El terrorismo es un acto de violencia cuyos impactos psíquicos en una sociedad son mayores a las consecuencias materiales generadas por el mismo.

No es la primera vez que el terrorismo como tal modifica sus prácticas para adaptarse a las cambiantes situaciones nacionales e internacionales. Se puede marcar una transformación a partir de la irrupción del grupo Al-Qaeda, lo cual significó un paso del Terrorismo Tradicional al Nuevo Terrorismo. Nuevamente Priego Moreno (2018) plantea la diferencia entre ambos, las cuales a grandes rasgos pueden sintetizarse de la siguiente forma: en primer lugar, poniendo el foco en su naturaleza se encuentra que en el Tradicional se defendían ideas “seculares” y en el Nuevo se defienden ideas principalmente relacionadas con lo religioso. En cuanto a la organización, mientras que el primero se organizaba jerárquicamente, el segundo tiene una estructura descentralizada. Por otro lado, el Terrorismo Tradicional tenía fines definidos y fácilmente identificables, mientras que en el Nuevo Terrorismo estos son mucho más amplios y globales, por ejemplo un nuevo orden mundial.

En línea con el cambio de fines, los medios también se vieron transformados al pasar de recurrir a métodos tradicionales de combate (como asesinar personas importantes, poner bombas, secuestrar aviones, etc.) a no tener límites en cuanto a los medios. Finalmente una diferencia importante radica en el papel que tiene la violencia dado que para el Terrorismo Tradicional era un mero medio para alcanzar sus fines y para el Nuevo Terrorismo parece ser un fin en sí mismo, aunque sigue siendo un medio para llegar a los objetivos mayores.

Ahora bien, ¿cómo ha evolucionado el terrorismo frente a la pandemia? Antúnez plantea que los grupos terroristas intentan obtener ventajas de esta contingencia con el fin de expandir sus actividades en general, pero en la virtualidad en particular y así también combatir la eficacia de las medidas tomadas por los Estados para hacer frente a los efectos de la pandemia. Asimismo, los efectos de esta situación puede llevar a que más gente se ubique en los extremos del espectro político-ideológico, lo que podría ser aprovechado por los grupos terroristas para potenciar su reclutamiento. 

Por otro lado, el mismo autor plantea que las restricciones y confinamientos han afectado los ataques propiamente dichos, dado que al haber menos gente en lugares públicos y más presencia policial supervisando el cumplimiento las medidas sanitarias, el número de posibles “objetivos” disminuye al igual que el alcance y repercusión que se busca con ese tipo de actos. Además, con las fronteras cerradas y con un aumento de los controles se dificulta el traslado entre países. Sin embargo, esto implica también el direccionamiento de fondos antes utilizados para lucha contra el terorrismo hacia la lucha contra el coronavirus.

Ahora bien, con todo esto igualmente se encuentra que “el número de atentados en Europa entre enero y noviembre de 2020 alcanzó la cifra de 14, duplicando la cifra registrada en 2019 y pasando de un promedio de 0,5 ataques al mes a 1,3” (Antúnez, 2021), por lo que estas aparentes limitaciones parecieran no haber tenido un impacto en la disminución de ataques en el mundo, aunque sí es cierto que estos se concentran en zonas de conflictos armados. Fernández (2020), por su parte, explica que la retirada de tropas de los distintos Estados nacionales de las zonas de conflicto a raíz de la pandemia ha dado espacio a grupos como el Estado Islámico para avanzar con sus actividades.

Un informe publicado por la Organización Internacional de Policía Criminal (o INTERPOL por sus siglas en inglés) afirma que en un comienzo, algunos grupos terroristas aprovecharon la situación excepcional de la pandemia para reforzar su poder e influencia a nivel local y para aumentar sus recursos económicos. Sin embargo, con el paso del tiempo y el afianzamiento del COVID-19 en el mundo, se entiende que las consecuencias de este hecho en la economía mundial afectan, al menos de forma indirecta, los fondos de este tipo de organizaciones.

En un comienzo se dijo que el terrorismo había aprovechado la pandemia para fortalecer sus estrategias en la virtualidad. En este sentido, las redes sociales han sido el principal arma utilizada por estos grupos para continuar con el desarrollo de sus actividades. Un informe del Instituto de Investigación Interregional sobre Crimen y Justicia de las Naciones Unidas afirma que las redes sociales son utilizadas para difundir una narrativa de aliento a teorías conspirativas en torno al virus que busca profundizar la polarización social a nivel mundial -y, en consecuencia, la desconfianza hacia los gobiernos- para así lograr incrementar su reclutamiento de nuevos miembros y ganar territorio para sus propias actividades ilegales. En este sentido, se busca generar mensajes que coincidan con la audiencia objetivo y sus ideología, por ejemplo, a grupos de extrema derecha estadounidenses se les comparte la idea de que la culpa del virus es de inmigrantes y extranjeros.

Así, puede verse cómo las redes sociales se han convertido en un medio para la proliferación de los llamados “lobos solitarios”, los cuales según Wiskind (2016) operan de manera individual sin pertenecer a una organización terrorista. Sin embargo, generalmente se identifican con una ideología extremista reconocible en un grupo de este tipo. Estas organizaciones utilizan internet como herramienta para “inspirar” o reclutar personas para luchar en contra de un “enemigo común”, por ejemplo, occidente y sus instituciones suelen ser los antagonistas de grupos yihadistas. Asimismo, los lobos solitarios suelen ser ciudadanos del país en el que atacan, lo que dificulta que sean rastreados a través del cruce de fronteras y además, utilizan elementos que se encuentran fácilmente en comercios de acceso libre, complicando cualquier línea de acción que los gobiernos intenten desarrollar para luchar contra sus ataques, por lo que implican una importante amenaza para la seguridad global.

Por otro lado, el mismo informe establece como personas asociadas a grupos como Al-Qaeda e ISIS han difundido teorías que afirman que el virus es un “soldado de Alá” enviado para castigar a los enemigos de los musulmanes, además de ser la ira de Dios contra occidente. En línea con esta narrativa, la organización terrorista somalí Al-Shabaab declaró que el Coronavirus se transmite como el soldado más pequeño de Dios.

Ahora bien, por más que la estrategia de los distintos grupos terroristas haya dado un lugar privilegiado al uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, centrándose especialmente en plataformas como las distintas redes sociales, esto no significa que las otras actividades desarrolladas por estas organizaciones han estado paralizados por la pandemia. Muy por el contrario, y tal como se mencionó anteriormente, un informe de la Europol afirma que el número de intentos de ataques o ataques realmente consumados el año pasado fue anterior al de 2019, y además, los ataques yihadistas de 2020 no difieren sustancialmente de los realizados en años anteriores.

Con todo esto podría decirse que la pandemia por coronavirus ha contribuido a extender y profundizar las actividades de las distintas organizaciones terroristas en el mundo, las cuales no han disminuido sus ataques ni cambiado sus formas, aunque sí es cierto que gran parte de estos se han concentrado en zonas donde ya existía un conflicto armado previo. Cabe recordar que internet aparece como una nueva herramienta de reclutamiento sustentada en la promoción de teorías conspirativas en torno al origen del virus que buscan exaltar el odio hacia los gobiernos e incluso hacia distintas minorías.

Teniendo en cuenta todos los elementos desarrollados, se puede deducir que los efectos de las restricciones y de la embestida que sufrió la economía mundial quizás llevarían a profundizar el aumento de los extremismos y, en consecuencia, la cantidad de crímenes de odio y terror. Todo esto entendiendo que actualmente estos grupos no necesariamente buscan trasladarse entre Estados, sino que convencer a aquellas personas que ya se encuentran en los lugares marcados como objetivos para que realicen los ataques, tal y cómo operan los lobos solitarios. Por último, se aprecia cómo la proliferación de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación desde comienzo de siglo, si bien han implicado un enorme avance para la humanidad en múltiples aspectos, han tenido también efectos negativos al convertirse en una herramienta para el desarrollo de las actividades de distintos grupos del crimen organizado y del terrorismo a lo largo del mundo.

Notas al pie

1  Sintetizados por el Profesor Emilio Rufail, titular de la cátedra de “Seguridad Internacional” de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba.

Escrito por

Licenciada en Ciencia Política Estudiante avanzada de Relaciones Internacionales Consultora e investigadora

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