UN MODELO PARA (DES)ARMAR: REPENSANDO EL DESORDEN MUNDIAL EN PANDEMIA

Reunión de Ki Jinping y Joe Biden

Pensar el (des)orden mundial en medio de una pandemia que lleva más de un año de existencia, suscita hablar de dos perspectivas y discutirlas como también plantear algunos enfoques teóricos con una finalidad explicativa al momento de abordar el panorama mundial. Sin pretensiones de grandilocuencia ni de grandes exégesis que pretendan abarcarlo todo hasta agotar un tema profundo y complejo, aquí más bien se procederá a reflexionar y analizar un tema del que se viene hablando desde hace más de un año.

Dos perspectivas de la política internacional 

Actualmente, hay dos perspectivas sobresalientes a la hora de analizar el contexto internacional. Por un lado, están quienes plantean que la política internacional está sujeta a una bipolaridad imperfecta del poder global en la que se da una disputa de poder entre dos superpotencias: Estados Unidos vs. China. Por el otro, se encuentran aquellos que defienden que el escenario mundial es multipolar, donde las dos grandes potencias mencionadas son solo dos poderes entre muchos otros: Rusia, lo que queda de los BRICS, la Unión Europea, algunos países de Medio Oriente y de Asia. La región latinoamericana y caribeña y África también entraron en el tren de la Historia -que se las vea como el furgón de cola es otra cuestión-.

Dos lecturas. Válidas tanto una como la otra. Cada una con sus adeptos y defensores como con sus críticos y detractores. Ante estas lecturas, viene bien recurrir al texto de Pettenazza E. y Latorre J. (2021), donde plantean el interrogante de si realmente el mundo se encuentra en una nueva Guerra Fría. Los autores argumentan que el orden internacional no está inmerso en un escenario de Guerra Fría como se dio en el pasado siglo XX, puesto que en ese contexto existía una rivalidad ideológica entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética donde el primero era partidario del capitalismo y el segundo del comunismo, como a su vez en lo económico la influencia de Estados Unidos en el orden internacional era mucho mayor que la de la ex Unión Soviética.

Hay que agregar a lo planteado por estos autores que en lo cultural el gigante del norte occidental terminó ganando la batalla a su rival del Este del mundo, en gran medida gracias a la propaganda ejercida por los grandes medios de comunicación de masas y su retórica en defensa de libertades y derechos individuales y sociales. Para Pettenazza y Latorre, el mundo actual es de carácter multipolar con toda la complejidad y volatilidad que ello implica, donde la rivalidad entre Estados Unidos, China, Rusia y sus respectivos aliados adquiere el carácter de una competencia que no hay que subestimar ni sobreestimar.

El interesante planteo de los autores lleva a recordar a uno de los planteos de Huntington, S. en “El choque de civilizaciones” (1996), donde se sostiene que el mundo tiende a la multipolaridad. En este sentido, con una impronta crítica y realista, toma distancia del planteo de Estados Unidos como un poder unipolar, el hegemón del orden mundial de ese contexto. Salvando las distancias y diferencias entre la posición de Pettenazza y Latorre y una de las tesis de Huntington, está presente un denominador común en ambos textos: el concepto de un orden mundial multipolar.

Más allá de teorías conspirativas o conspiranoicas que pululan alrededor del surgimiento y expansión del Coronavirus Covid-19 (que el virus fue inventado en un laboratorio chino para imponer la hegemonía del gigante asiático a nivel mundial, entre otras), la única verdad sigue siendo la realidad. Desde ese momento, se viene demostrando que desde que cayó la pandemia los Estados, entre otros actores del (des)orden mundial, tuvieron que reconfigurar sus políticas ante una realidad que golpeó fuerte y lo sigue haciendo.

Tres teorías para abordar la política mundial actual

Entre los enfoques teóricos de las Relaciones Internacionales, tres de ellos -el Realismo, el Liberalismo y las Teorías críticas-, sirven de ayuda para pensar el (des)orden mundial actual. Desde el primero, teniendo en cuenta la anarquía que impera en el sistema internacional, la búsqueda del equilibrio de poder entre los actores de dicho escenario se hace necesaria para evitar que un actor o algunos actores detenten y ejerzan el poder absoluto sobre los demás de una manera arbitraria y totalitaria. Para este enfoque las instituciones no modifican sustancialmente la conducta de los Estados (Morgenthau, 1986; Waltz, 1988). En contraposición, para el liberalismo los actores del sistema internacional buscan cooperar para evitar la guerra y lograr una paz duradera más allá del corto plazo. En este sentido, son de suma importancia las instituciones internacionales, ya que estas colaboran, actúan para moldear la conducta de los Estados en un orden internacional propenso al conflicto (Keohane, 1998; Keohane y Nye, 1989). 

En síntesis y de una manera simple, para el realismo es la geopolítica más que la economía política la que define los intereses de los Estados en el sistema internacional. Para el liberalismo es al contrario; la economía política, más que la geopolítica, es la que define el conjunto de intereses de los Estados en el escenario mundial. 

Por su parte, un representante de la teoría crítica, el anglosajón Robert Cox, discute con estas dos grandes y tradicionales teorías la falta de problematización sobre lo internacional en la que caen ambas. Algunos de los conceptos planteados por Cox (2013) es el de Órdenes mundiales, Hegemonía, Estado y Fuerzas sociales. Brevemente, el primero hace alusión a las capacidades materiales e ideológico-culturales de una o más potencias mundiales para imponer sus intereses al resto de los actores de un orden mundial, por ejemplo, en el siglo XIX el imperio británico logró imponer un orden mundial (pax británica). En el siglo XX, Estados Unidos sucedió a Inglaterra logrando imponer un orden mundial (pax americana). 

El segundo concepto mencionado va de la mano del primero. No hay Orden mundial sin una Hegemonía. La Hegemonía está dada por la fuerza y el consenso basados en las capacidades materiales y culturales de una potencia internacional (el imperio británico en el siglo XIX, Estados Unidos en el pasado siglo). El concepto de Estado es el de un actor preponderante en un Orden mundial. Es el Estado, en articulación con instituciones e ideas, el que puede construir Hegemonía en dicho Orden. Con respecto al cuarto concepto, las Fuerzas sociales se internacionalizan en la medida en que la economía política capitalista atraviesa a los Estados. Las demandas y necesidades de las Fuerzas sociales al interior de un Estado pueden coincidir con las de otros lo que podría llevar a la conformación de una Contrahegemonía.

Bajando a tierra estas teorías, desde el Realismo se puede decir que China apunta en el (des)orden mundial al equilibrio de poderes aliándose con Rusia para así marcarle la cancha a Estados Unidos y a la Unión Europea. Quizá una apuesta a un orden Westfaliano. 

Este tipo de orden se sostiene en la idea rectora de equilibrio de poder o de poderes. Desde sus inicios, hace poco más de tres siglos, fue un intento de establecer un control entre los reinados que existían y los Estados nacionales en proceso de conformación. Por ejemplo, en la Europa de la segunda mitad del siglo XVII y del XVIII Francia e Inglaterra se aliaron estratégicamente con el interés común de ponerle freno a las Provincias Unidas de los Países Bajos, la potencia dominante del contexto. Una vez que los Estados nacionales se conformaron y se fueron consolidando y con la evolución de este orden en el siglo XIX, puntualmente con la irrupción de Napoleón Bonaparte y lo que este generó mediante la conducción de una Francia que pasó de una fase republicana a una imperial, nuevamente algunas potencias como Inglaterra, Rusia, Austria establecieron una alianza estratégica para limitar el poder de una Francia que tendía a volverse absoluto.

Un ejemplo actual, la República Popular China en alianza estratégica con la Federación Rusa lleva a la práctica el balance de poder mediante la apuesta a un sistema económico-financiero-comercial que no dependa del dólar ni del euro a la hora de establecer relaciones de dicha índole. Rusia en cuanto al manejo político del gas (recurso material de gran demanda e interés en su zona geográfica y más allá de esta) y con el despliegue de su poderío geoestratégico-militar en zonas de influencia y de intervención de EEUU y la UE como Medio Oriente y África en conflictos armados. También se puede observar este tipo de lógica en la región Latinoamericana y caribeña mediante, lo que se puede llamar, la diplomacia de las vacunas contra el Coronavirus Covid-19, donde se disputa la influencia de la UE y EEUU. 

El actual ejemplo planteado supera la pretensión de China y  Rusia de extenderse más allá de las zonas geográficas de ambas potencias. El liderazgo de China en lo económico, financiero y comercial y el de Rusia en lo geoestratégico-militar es clave para imponer un orden Westfaliano versión siglo XXI.

Por su parte, Estados Unidos intenta recuperar la hegemonía del (des)orden mundial y ante esto es posible que no dude en hacer lo que esté a su alcance para lograrlo. No obstante, desde el Liberalismo, el gigante asiático se muestra defensor de la cooperación internacional y de la modificación de las instituciones internacionales existentes o la creación de nuevas. Ejemplo de esto es el rol de China en las instituciones internacionales lideradas histórica y políticamente por EEUU: OMS (Organización Mundial de la Salud), ONU (Organización de Naciones Unidas), FMI (Fondo Monetario Internacional), BM (Banco Mundial), G20 (Grupo de los veinte países), entre otros. El gigante asiático no se fue de estas instituciones, no rompió relaciones con las mismas, sigue en ellas. No obstante, tiene la capacidad de crear otras que operen en paralelo a las mencionadas. 

Por su parte, Estados Unidos con la actual administración gubernamental (Joe Biden-Kamala Harris) recupera los valores liberales de cooperación y de fortalecimiento de las instituciones internacionales existentes mediante el intento de fortalecimiento de las mismas. Ejemplo de esto es el fortalecimiento del rol del FMI en las negociaciones de deuda con los países miembros, recuperar el liderazgo fuerte de la OMS que se vio debilitada por la administración D. Trump y que la pandemia mundial contribuyó a su debilitamiento, fortalecer el BM teniendo en cuenta que China le viene pisando los talones como también volver a un liderazgo central en el G20. Restaurar el multilateralismo en las relaciones internacionales parece ser un objetivo político fuerte por parte de EEUU. Tal vez una apuesta a un orden Liberal. 

Desde una mirada Coxiana, la constitución de Hegemonía por parte de China y de Estados Unidos se vincula con la internacionalización del capital que atraviesa los intereses de ambos Estados. Estos se internacionalizan mediante la economía política del capital. En ambos países las Fuerzas sociales internacionalizadas por dicha economía política comparten intereses comunes. El trabajo y la mejora de la calidad de vida son algunas de ellas. 

El Orden Mundial actual amerita dos lecturas. Una que da cuenta del cambio que está atravesando el mismo y que la pandemia vino a acelerar dicho cambio. Otra lectura es la de la profundización de lo ya existente en el mismo y que la pandemia llegó para recrudecerla. Ante estas dos lecturas, cabe preguntarse por la constitución de una Contrahegemonía que vislumbre la posibilidad de un nuevo o distinto Orden mundial.      

Por último y a modo de conclusión, el (des)orden mundial pandémico es el de una suerte de Guerra Fría modelo Siglo XXI en la que estas dos grandes potencias, China y Estados Unidos, se disputan la Hegemonía del poder mundial. Cuál de las de dos será la vencedora es algo que no se puede predecir. Aquí no se hace futurología, sin embargo se puede percibir que en lo que va de ella, Estados Unidos sigue adelante en su objetivo de recuperar su hegemonía a pesar de la crisis política en la que está sumido. Por su parte, China no para de avanzar en el camino para consolidar una hegemonía propia. Aunque se puedan encontrar diferencias entre el accionar del Estado americano y el asiático, la búsqueda de hegemonía es algo en común en ambas potencias mundiales, actualmente atravesadas por la pandemia que continúa sin fecha de caducidad a la vista.

Para saber más sobre el tema:

– Cox, Robert W. (2013) “Fuerzas sociales, estados y órdenes mundiales: Más allá de la Teoría de Relaciones Internacionales”, Relaciones Internacionales, Número 24, GERI– UAM, pp. 99-116.

-Huntington, S. (1996), “El choque de civilizaciones”, Trad. José Pedro Tosaus Abadía, Ed. Paidós, Barcelona.

-Keohane, Robert (1998) Después de la hegemonía: Cooperación y discordia en la política económica mundial, Buenos Aires: GEL [capítulos 3, 4 y 9]. 

-Keohane, Robert y Nye, Joseph (1989) Poder e Interdependencia: La política mundial en transición, Buenos Aires: GEL [capítulos 1 y 2]. 

-Morgenthau, Hans J. (1986) Política entre las Naciones – La lucha por el poder y la paz, primera edición de 1948, Buenos Aires: GEL (capítulos 1, 9, 12). 

-Waltz, Kenneth (1988) Teoría de la política internacional, primera edición 1979, Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

Escrito por

Profesor en Filosofía egresado de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste. Maestrando de la Maestría en Relaciones Internacionales de FLACSO. Trabajador del Estado nacional. Argentino, Chaqueño, Resistenciano. Pensar mundial, hacer local

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