#PopPurrí N°4 – Por qué Katy Perry estaba destinada a caer

¡Feliz Junio Poliwhiskers!

Llegó la mitad del año, y sinceramente, estoy agotada. No estoy logrando concretar nada, pero todo me parece extenuante, irremontable, agotador. Puede que sea un acto de cobardía, pero quiero crear un pequeño oasis donde nada sea de vida o muerte, ni de urgencia amenazante. Esta entrega va un poco de eso, de construir un paréntesis vacío en medio de tanto ruido.

Por eso les propongo hablar de la carrera de Katy Perry, la reconocida cantante, compositora, actriz, empresaria y modelo, y por qué su reinado como la monarca indiscutida de las listas musicales estaba destinado a terminar con la llegada de la nueva década.

Primero, ¿de qué carrera estamos hablando?

Lo que no mucha gente sabe es que Katy Perry nació como Katheryn Elizabeth Hudson en 1984, en el seno de una conservadora familia evangélica. Hija de un pastor, ella comenzó su carrera musical como Katy Hudson, lanzando un disco cristiano homónimo que vendió unas 200 copias, convirtiéndose en su primer fracaso.

A los 17 años se reunió con un famoso productor que la llevó a Los Ángeles, donde trabajó y realizó performances bajo el nombre Katheryn Perry (el apellido de soltera de su madre) para evitar ser confundida con la actriz Kate Hudson. Sin embargo, la disquera Def Jam Records canceló el lanzamiento de su primer disco, derrumbando sus planes. 

En 2004, ya adoptando el nombre de Katy Perry, firmó un nuevo contrato con la disquera Columbia Records. Durante esta etapa, ella grabó un disco completo que hoy se menciona como “Katy Perry”. El sencillo “Simple” fue utilizado en el soundtrack de la película “Un Verano en Pantalones”; y el futuro se veía brillante. Pero en 2006 el mismo fue cancelado porque la disquera no sabía cómo promoverla como artista. El mito de Sísifo se repetía incesantemente. 

A finales de ese año, una ejecutiva de Virgin Records fijó su atención en Perry, haciéndola firmar con Capitol Records. Allí, se reunió con el productor Dr Luke para re-pensar el álbum Katy Perry, añadiendo nuevas pistas. En 2007 lanzó el video de “Ur so gay”, una de las canciones nuevas, esperando que fuera este el material que la introdujera al mercado de manera masiva; pero sabemos que su gran salto fue otro.

En abril de 2008, salió al mercado I Kissed a Girl. El mismo llegó al #1 del Billboard Hot 100 y se convirtió en un éxito internacional. 2 meses después, su primer CD “One of the Boys” vio la luz, vendiendo 5 millones de copias y posicionando múltiples canciones en los primeros lugares. Su imagen neo-pin up, actitud vivaz, sus himnos de autoaceptación enérgicos y escenarios coloridos la hicieron destacar de entre las nuevas artistas emergentes, volviéndola una celebridad fácilmente reconocible.

Su segundo álbum, Teenage Dream, la volvería un ícono global rompiendo récords en ventas, fechas de tour agotadas y una escalada de premios. Su siguiente ciclo musical, Prism, la puso en la cresta de la ola con el 6to álbum y la 5ta canción más vendida del año, y un tour acompañante que se volvería uno de los más recaudadores de todos los tiempos. Durante esta etapa, la Recording Industry Association of America (RIAA) la declaró la cantante con más certificaciones por sus ventas digitales en EEUU, Spotify como la primera mujer con más streamings, lideró 8 conteos anuales Billboard y protagonizó el Super Bowl más visto hasta el momento.  

Pero la cima no acepta al mismo amo mucho tiempo. Esta vez sin Dr Luke, y con una dirección artística diferente, “liberadora” y “con propósito”, la obra Witness salió a la luz en 2017. La misma sería su vuelta a la escena musical luego de un hiato de casi 3 años, donde Katy buscó recuperar su corroída salud mental. Para esta etapa, decidió dejar de lado su alter ego y utilizar su nombre “de civil”, cortar y teñirse el cabello y cambiar su estilo de vestir por uno más reservado.

El álbum cayó rápidamente al #13 del Billaboard luego de la primera semana, y ha vendido al momento algo más de 300.000 copias. El single principal, “Chained to the Rhythm”, no alcanzó ni el top3. Como señal inequívoca de que todo se venía cuesta abajo, Perry firmó un contrato para ser jueza del programa American Idol, una jugada típica de artistas en declive irrefrenable. Pero ¿así termina la historia?¿era inevitable la caída?

¿Por qué estaba “condenada”?

Katy Perry, aún más que otros, es un ícono de su tiempo.

No es coincidencia que su gran salto se haya dado en 2008, en medio de una crisis financiera voraz que parecía dejar al mundo que conocíamos al borde del abismo. Durante la década anterior, las grandes artistas pop habían conseguido su lugar de referencia inmediata en el inconsciente colectivo con una imagen de girl-next-door. Britney Spears, Nelly Furtado, Kelly Clarkson y hasta Alanis Morrisette habían sido las líderes de la escena musical de comienzos de la década; y todas sus personalidades públicas encajaban en el mismo relato: eran chicas comunes, con los pies en la tierra, a las que el estrellato les había llegado por su carisma magnético.

Pero el 2008 necesitaba otra cosa. Cuando la cotidianeidad es una ruina, urge una forma de entretenimiento que apunte a lo insólito, lo excepcional, lo inalcanzable: el salto del relato al metarrelato. Y así, los artistas no deben ser personas, sino ídolos. Si no había lugar para Kathys Hudson ni Katherines Perry, había para Katy Perry.

Bomba sexual, pero One of the Boys. De estética aniñada, pero altamente sugerente. Genuina y con alta posibilidad de identificación, pero enormemente popular y lejana. Esa es Katy Perry, una figura que logra encapsular los binarismos más contrastantes al trascender el plano humano. Junto con otras estrellas como Rihanna, Lady Gaga, Beyoncé y Nicki Minaj, logró moldear meticulosamente una Persona que fuera mucho más grande que la vida, un espectáculo que observar en medio del incendio, contar una historia donde todo fuera posible en un mundo imposible.

Pero sabemos bien que el mundo pasó la página. El éxito inesperado durante 2013 de la canción Royals de Lorde marcó un nuevo capítulo para la música pop occidental.

“Nunca seremos de la realeza, eso no corre en nuestra sangre. Ese tipo de lujo no es para nosotros, esperamos otro tipo de bullicio. Dejame ser tu gobernante, puedes llamarme abeja reina, y bebé gobernaré. Dejame vivir esa fantasía”.

Los sonidos se volvieron más lentos, las temáticas más oscuras, y lxs artistas, más cercanxs. La cultura digital nicho de Tumblr había desbordado hacia toda la industria, y ahora, la descripción de la protagonista había cambiado en el cuento: debía ser la chica rara de la habitación, que no busca necesariamente atención pero la recibe, que interpreta un personaje en una obra para ella sola, que tiene un mensaje que lanzar al universo. Y aquí Lana del Rey, Billie Ellish, Sza, Rina Sawayama, la susodicha Lorde, tomaron la escena completamente.

Pero hasta Katherine Hudson se había cansado de Katy Perry. Witness fue un intento de dejar atrás un personaje que la había dejado caer en una adicción al alcohol, quebrado su salud mental y aislado de muchos contactos humanos significativos. Queriendo salirse del lugar donde la historia la había puesto, Katy intentó mostrarse sin la parafernalia que la adornaba, y hasta se dedicó a pulir un mensaje político explícito para comunicar…pero el público no quería eso.

Ella se encuentra atrapada en un dilema sin solución, donde no se le permite cambiar ni permanecer igual. Su imagen, sonido y temáticas definieron qué era popular y qué esperar de la industria musical de la era pos crisis: Katy Perry no es una artista del 08’, es un ícono del 08’; y cuando una era llega a su fin, su rostro debe caer también.

Este 2021, estamos bastante renuentes a escuchar que todo va a estar bien si creemos en nosotros mismos. Que nuestro ánimo mejorará si nos sentimos fuegos artificiales. Que podemos dejar pasar que un agresor sexual como Dr Luke decida qué escuchamos (aunque el éxito de Say So me diga lo contrario, elijo creer). A poner una sonrisa, mientras una Betty Paige 3.0 vestida como golosina nos dice que podemos repetir la parranda de la última noche de viernes. Y así, la piedra volvió a caer, y con ella, Katy Perry.

Pero, después de un largo tiempo, la sonrisa se recupera

Katy Perry está triste, pero Katherine Hudson parece que no. Durante la creación de su último álbum Smile (2020), sus colaboradores la describieron como una “persona normal que enamora”. En una relación estable con Orlando Bloom y recientemente mamá, se dedica a subir fotos sobre lo poco glamorosa que es la vida pos-parto, y hablar en entrevistas sobre la importancia de la salud mental.

Ha dejado de renegar de su alias: Katy Perry la llevó a la fama y no puede deshacerla, pero sí puede hacer con ella lo que le plazca. Y creo que eso mismo deberíamos hacer nosotrxs. Tomar esa etapa de la música y detestarla, amarla, intentar revivirla o ignorarla.

En fin, espero hayan disfrutado esta catarata de nada. Solo me queda decir  “Perdón por la ventilada” y ¡Hasta la próxima!

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