#PopPurrí N°3 – Criptoarte: Thanks, I hate it (Parte II)

¡Buen día otra vez, Poliwhiskers!

En la edición anterior indagamos sobre los aspectos básicos del cripto arte: qué es, cómo se presenta, cuáles eran sus supuestas ventajas y cuáles son sus limitaciones. Esta semana vamos a ir un paso más allá, y ver cuales son sus consecuencias. 

¡También es una estafa piramidal!

No estoy estirando el concepto. Así lo definió el grupo multidisciplinario de arte Cabeza Patata en este post, y no son los primeros. La pregunta crucial es: ¿de dónde sale el dinero generado por el criptoarte? Una parte de quienes compran el arte, pero otra muy importante de quienes lo realizan.

El sistema funciona así: el artista debe encontrar un sitio donde “acuñar” su arte, en este caso, Ethereum. El primer paso es comprar algo de Ether (la criptomoneda producida por la plataforma) para poder cubrir las tarifas de transacción de su NFT. Para hacerlo, también necesitará un software de billetera “compatible” con Ethereum y sus extensiones para el navegador. En segundo lugar, debe conectar la billetera a un mercado NFT. Luego, subir el archivo y la descripción: con esto, el Token (una “carpeta virtual” que incluye la información y el URL de la pieza) ha sido creado. Ahora queda aguardar a que alguien quiera comprarlo. 

¿Cuál es el costo de este proceso? Como todo en el mundo virtual, el número es sumamente volátil. En febrero de este 2021, la tarifa llegó a los U$D40 por transacción. 

El mundo del criptoarte no tiene coleccionadores, sino especuladores. Nadie se queda con la pieza para su disfrute personal, sino que se crea una falsa necesidad de urgencia para que ella se transfiera a muchas manos y la cifra siga subiendo. En general, los compradores de NFT son un grupo selecto de personas que poseen una gran cantidad de criptomoneda Ethereum y quieren continuar subiendo su valor mediante estas transacciones. A diferencia de lo que pregonan sus defensores, esto no ha hecho más que favorecer la concentración de “fortuna virtual” en pocas manos: en 2019, 376 personas poseían un tercio de todo el Ether

Con esto en mente, repasemos:

  1. El producto no es genuino (en la edición #1 repasamos los fallos en la naturaleza y la posibilidad de posesión de los NFT), ✓ 
  2. requiere poner dinero para entrar al negocio, ✓
  3. promete altos retornos de manera sencilla y pasiva, ✓
  4. dentro de un mecanismo donde personas se van transmitiendo mutuamente dinero sin ninguna contraprestación. ✓

En adición, aunque un artista tenga “éxito” vendiendo sus obras por estas vías, no es una forma sustentable de ganarse la vida. Esto no sólo se vincula con las dificultades de transformar criptomoneda en activos de uso corriente, sino con la enorme volatilidad de su valor. Viviendo en Argentina, podríamos decir que este tema es “moneda corriente” (intento de chiste); pero las proporciones de estas fluctuaciones son irrisorias: Para el 25 de marzo de este año, el volumen de ventas diarias de NFTs cayó un 85%, En términos nominales, el precio promedio de un NFT el 22 de febrero era de U$D4300, y el 4 de abril de U$D1400. Para ver las variaciones a largo plazo y día por día podés ingresar acá

¿Y por casa cómo andamos?

En Argentina el mundo Cripto ya tiene los cimientos (y bastante más) establecidos. Según datos de Statista, el país ocupa el cuarto lugar en el mundo en términos de penetración de criptomonedas, con más de 400.000 usuarios activos. En este caldo de cultivo, múltiples iniciativas han visto la luz. Hablaré de 2 de las más famosas, que reflejan 2 caras de esta moneda (prometo que es el último mal chiste).

Por un lado, la figura de redes sociales Tomás Rebord creó los Argencoins, el primer proyecto NFT 100% argentino. El mismo consiste en un conjunto de 205 NFT de ocho bit con la cara de distintas figuras de la cultura popular argentina: Gilda, Moria Casán, Charly García, Carlos Maslatón, entre otros. El 23 de marzo de este año las piezas se comercializaban entre 1 y 0,01 Ether cada una. En una entrevista para Infotechnology, el “influencer” afirmó “operar en el mercado de cryptoboards es increíblemente sencillo. Cualquiera lo puede hacer y por ende cualquiera puede hacerse multimillonario”; parafraseando el famoso, el “¿querés ser tu propio jefe?” ya conocido por todxs.

Por otro, presentado con propósitos más caritativos, se encuentra el proyecto AYUDARS. Aunque se anuncia como una “moneda”, es en realidad un conjunto de 16 artículos coleccionables que planea ampliar su repertorio a futuro, que busca educar a las personas sobre el país y generar vínculos interculturales. En el mercado virtual establece que el dinero que generen las piezas será donado a comedores y ONGs. Aunque las intenciones sean buenas, querer combatir la desigualdad con un mecanismo que la perpetúa y profundiza es como comprar armas para la paz. 

Reflexiones finales

El criptoarte se presenta como una alternativa subversiva, que juega con reglas diferentes a las de la economía “tradicional”, donde los individuos pueden acumular riqueza libres de las restricciones que ofrece el mundo “real”. Pero en realidad, es un micro-cosmos donde se amplifican los principios, repercusiones, configuraciones y efectos del capitalismo posmoderno.

La brecha entre grandes y pequeños se hace cada vez más grande, a medida que el dinero de los de abajo sube hacia unas pocas manos que lo reciben arriba. Bajo un slogan de “descentralización”, se promueve una concentración de la riqueza movida por la especulación, la banalización del arte y creación de burbujas financieras que precariza las condiciones de vida de personas que ya se encuentran vulnerables.

Esta entrega no busca atacar a los usuarios y creadores de NFT: si “vivir del arte” ya era difícil, la pandemia no lo ha hecho más fácil. Apoyemos a lxs artistas: comisionemos obras, compartamos sus posteos en redes sociales, dejemos comentarios, no usemos sus creaciones sin permiso. El mundo capitalista no va a cambiar porque circulemos los $2 que tenemos entre nosotrxs, pero puede mejorar mucho el día de alguien que está atravesando una situación difícil.

Me gustaría cerrar este texto en una nota optimista, pero no la tengo. Se las prometo para la próxima edición, que será mucho más liviana. ¡Hasta entonces!

Pd: El fenómeno tiene muchas más aristas que me gustaría tratar, pero por una cuestión de extensión he tenido que dejarlas afuera: su rol dentro del cambio climático, cómo favorece mayoritariamente a artistas ya establecidos (y por ende llenos de contactos y dinero), cómo afecta la comercialización obras físicas, su uso por parte de megacorporaciones. Si desean profundizar, dejo los siguientes links:

Temas que estuve siguiendo este mes (y sigo pendiente de actualizaciones)

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