#TEG N°5 – El peso de la historia

La historia, lo simbólico, el presente, los intereses compartidos y el futuro suelen cruzarse en política, y en relaciones internacionales lo hacen más aún. Ya verán por qué les digo. Acá les traigo la nueva entrega de T.E.G., mi newsletter que pretende ayudarlos a entender algunos de los hechos más importantes de la semana en materia de política internacional. En plena segunda ola les dejo, de paso, algunas recomendaciones para leer, ver y escuchar sin moverse de sus casas. Espero que les sea de su agrado.

Fronteras abiertas

  • Los ecos del Genocidio Armenio

En política, lo histórico y lo simbólico tienen un peso imposible de ignorar. Por eso el pasado sábado, aniversario número 106 del comienzo del Genocidio Armenio, el presidente estadounidense Joe Biden hizo historia en su país al ser el primer mandatario en reconocerlo como tal. Se trata del primer genocidio del Siglo XX, también conocido como “Holocausto Armenio” o “Gran Crimen”, que fue perpetrado por el Imperio Otomano con el objetivo de eliminar para siempre la cultura armenia.  Fueron asesinadas aproximadamente 2.100.000 de personas. Su ocultamiento y negación duró muchas décadas en la comunidad internacional. De hecho, Adolf Hitler lo usó de ejemplo en un discurso que dio a los generales en 1933, pocos meses antes de la invasión a Polonia y del comienzo del Holocausto Judío: “¿Quién recuerda el exterminio de los armenios?”.

Actualmente, más de 30 países reconocen el Genocidio Armenio como tal, entre ellos, Argentina, Brasil, Alemania, Rusia, y ahora, los Estados Unidos. Por supuesto, en esa lista no se encuentra la actual Turquía, heredera del Imperio Otomano. Su Primer Ministro, Recep Tayyip Erdogan, suele trazar paralelismos con la historia de su país, mostrándose como heredero de la antigua grandeza de los tiempos otomanos. Si bien Turquía reconoce que se llevaron adelante matanzas, las circunscribe a “hechos puntuales” y se niega terminantemente a hablar de genocidio. En 2007, por ejemplo, Erdogan emitió una circular que llamaba a todos los organismos del gobierno a referirse a los hechos como “eventos de 1915”, en lugar de la que se usaba anteriormente, también negadora de los crímenes, “llamado genocidio armenio”.

El Ministro de Relaciones Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, ya había anunciado que “si Estados Unidos quiere que nuestras relaciones empeoren, depende de ellos”. Biden habló con Erdogan algunas horas antes de hacer el anuncio, cuando la noticia de que el reconocimiento era un hecho, ya se había filtrado. Las relaciones entre ambos líderes no comenzaron de la mejor manera. Ya en febrero pasado, Biden decidió continuar la política de Donald Trump y mantener a Turquía fuera del programa F-35, un programa de cooperación internacional que tiene como eje central al avión F-35 Joint Strike FIghter de última generación. La expulsión del programa se había producido porque Turquía, un aliado de la OTAN, había comprado aviones del sistema S-400 de Rusia, es decir, la “competencia” del programa, algo absolutamente incompatible para el Pentágono.

Ya durante la campaña presidencial de 2020, Biden se había referido a Erdogan como un “autócrata”, lo que desató la ira de Ankara. Lo cierto es que, si ambos países se consideraban aliados y socios estratégicos en algún momento, hoy esto parece lejos de ser el caso. La relación de cooperación de Turquía con Rusia, las diferencias sobre la cuestión de Siria y las intervenciones navales turcas en el Mediterráneo oriental, han hecho mella en el vínculo entre Ankara y Washington. La cruzada –discursiva, al menos-, de Biden contra lo que su Administración considera “autocracias”, tampoco ayuda.

  • Diplomacia de las vacunas: internacionalismo, competencia y salida colectiva

La República Popular China, el país donde de acuerdo a la mayoría de los expertos comenzó la pandemia, también es el Estado que mayor diplomacia de vacunas ha desplegado. Con más de 170 millones de dosis exportadas a 53 países, la mayoría de ellos latinoamericanos, el gigante asiático ha intentado mejorar su soft power en el escenario internacional. Sin embargo, hasta ahora, quien ha sabido capitalizar en mayor y mejor medida esto ha sido Rusia. Gracias a la Sputnik V, el Kremlin viene implementando una diplomacia que lo ha acercado a distintos países, pero especialmente a América Latina. Estados Unidos intentará no quedar relegado frente a sus competidores, particularmente en lo que consideran su “patio trasero”. Por ello, la Administración Biden asegura que saldrá “lo antes posible” a “compartir” su stock de vacunas con el resto del mundo. Putin, además, proclive a trazar una continuidad histórica con otros líderes del pasado ruso, muestra la Sputnik V como un triunfo más de la ciencia eslava y de su “internacionalismo humanista”.

El anuncio de que Argentina será el primer país del continente en fabricar la Sputnik V en su territorio es un paso más allá en esta política de la vacuna. Para Rusia significa profundizar sus vínculos con la región, mientras que para la Casa Rosada puede ser una oportunidad de realizar una diplomacia de vacunas propia. Para eso, primero se deberá inmunizar a la mayoría de los argentinos y contener el avance de la pandemia, algo para lo que, aunque parece estar muy encaminado, todavía faltan algunos meses cruciales. Hasta ahora, el país latinoamericano con los estudios más avanzados para tener una vacuna propia es Cuba. Acostumbrado a hacer gala de su internacionalismo, lo más probable es que también la reparta por el continente.

¿Qué tanto influirá la diplomacia de la vacuna en la reconfiguración mundial pos pandemia? Por ahora, es imposible avizorar certidumbres. En primera instancia, les sirve a los gobiernos para mostrar su rostro más amable. Pero también para anotarse algunos “éxitos” en un escenario que ha sido comparado por analistas con la carrera espacial de la Guerra Fría.  No deja de ser auspicioso que, en un mundo donde existe una clara crisis “en” la globalización, los principales competidores por el liderazgo global también compitan en el reparto de dosis de sus vacunas. Está claro que la salida de la pandemia es colectiva y no podremos dejar verdaderamente atrás esta etapa de la historia de la humanidad si no es de manera planetaria.

  • El caso Uruguay: el ejemplo que ya no es

Un país que venía siendo señalado durante todo el año 2020 como ejemplo en el manejo de la pandemia de Covid-19 –especialmente por cierto sector de la política argentina-, era la República Oriental del Uruguay. El país llegó a tener menos de 100 casos diarios durante el año pasado, mientras la región, encabezada por Brasil, tenía cifras de contagios muy altas. Esto se daba en el marco de una política sanitaria diametralmente opuesta a la que tomó el gobierno argentino en marzo de 2020. El mandatario uruguayo, Luis Lacalle Pou, en ningún momento dictó cuarentena obligatoria a su población; inclusive, mientras todo estaba cerrado “al otro lado del charco”, en su país se mantenían abiertos los comercios, los bares, restaurantes, teatros, cines, y hasta recitales. Por un tiempo esto dio resultados, hasta que la estrategia sanitaria uruguaya debió modificarse drásticamente.

El domingo pasado, Uruguay superó a Brasil como el país de América Latina con mayor cantidad de casos por millón de habitantes. El país se mantuvo con contagios diarios bajos hasta comienzos de este año. En los últimos cuatro meses la situación pegó un giro de manera drástica. Por primera vez desde que comenzó la pandemia, en enero superaron el techo de los 1.000 casos, y a partir de ahí nunca dejaron de subir.

Algunas medidas que se barajan en el gobierno son, inclusive, particularmente duras. Entre ellas, se debate en el Senado la posibilidad de imponer penas de hasta dos años de cárcel a todo aquel que incumpla la cuarentena o “atente contra la salud”. Este proyecto fue presentado por un senador oficialista y va en consonancia con lo que plantea el Procurador General de la Nación, Jorge Díaz, quien pidió transformar toda violación de las medidas sanitarias en “delito de peligro”. Lo que podría habilitar al Poder Judicial a imputar penalmente a todos los que violen las restricciones.

Como contracara de los números de contagios, Uruguay también es uno de los países que, hasta ahora, vacunó en mayor medida en América Latina. Tan solo superado por Chile, lleva inmunizado a 5,9 personas por cada 100. Con una estrategia muy particular, no se comenzó a vacunar por la población de riesgo, ya que la vacuna aplicada (Sinovac) aún no contaba con los suficientes estudios publicados respecto de su actuación en mayores de 60 años. Desde este lunes también será aplicada para ese sector.

Si hay algo que nos deja en claro la pandemia, exceptuando casos extremadamente excepcionales, es que no hay ejemplos sobre el manejo de la situación sanitaria. Cada país hace lo que puede con lo que tiene, y un Estado puede pasar de ser un caso a imitar, a convertirse en un escenario desbordado. Eso es lo que se puede sacar del caso uruguayo. En un contexto tan dinámico como impredecible, lo que funciona para unos puede no exportarse a otros. E inclusive, lo que funciona en un país en un momento, puede dejar de hacerlo poco tiempo después. Mientras atravesamos la peor pandemia de los últimos 100 años, es bueno despojarse de las ideologías y dogmas a ultranza. Especialmente, aquellos que promulgan la “libertad” del individuo en un momento donde la única forma de salvarse es como comunidad.

  • Cambios en la Cuba revolucionaria

Por primera vez en los últimos 60 años, no será alguien de apellido Castro quien se encuentre al frente del Partido Comunista de Cuba (PCC). La semana pasada, el ex presidente del país y ya ex presidente del PC cubano, Raúl Castro, hermano del histórico líder de la Revolución, Fidel Castro, abandonó su cargo en la cabeza de la organización. Esto se da en un contexto extremadamente complejo y de grandes cambios que vienen atravesando la política y la sociedad cubana. Tras la finalización del Congreso de comunistas cubanos, “fuerza superior dirigente de la sociedad y el Estado”, se proclamó presidente del partido al mandatario de la isla Miguel Díaz-Canel. El ex gobernador de Santa Clara ya había sido elegido por Raúl para sucederlo en el gobierno nacional el 10 de octubre de 2019.

Por ahora, una de las deudas del PCC sigue siendo la falta de presencia femenina en los cargos de decisión: de entre los 14 miembros del Buró Político, solo tres son mujeres y ninguna se encuentra en el Secretariado. No obstante, muchas son las transformaciones a las que se enfrenta no sólo el PCC, sino toda la sociedad cubana. Si bien al comienzo de la presidencia de Díaz-Canel ya se habían empezado a realizar algunos tímidos cambios para favorecer la iniciativa privada, la gran mayoría de los cubanos y las cubanas lo consideraba insuficiente. El plan de transformaciones anunciado ahora es el más grande desde, por lo menos, los tiempos del “período especial”. Tiene varios puntos a destacar y algunas coincidencias, al menos en los planteos principales, con las reformas llevadas a cabo en la República Popular China a finales de la década de 1970: se buscará la creación de riqueza para luego repartirla, como se hizo en el gigante asiático.

Las últimas décadas, Cuba vivió con una realidad monetaria fácilmente palpable para cualquiera que haya tenido la oportunidad de visitar la isla. Hasta hace algunos días, coexistían dos monedas: el CUC (peso cubano convertible) y el peso cubano. El CUC se utilizaba para el turismo y equivalía prácticamente a un dólar, mientras que el peso cubano era la moneda de cambio para la amplia mayoría de la población. Esto generaba fuertes desigualdades entre quienes se dedicaban al turismo (y, por lo tanto, recibían CUC) y los que no tenían ninguna cercanía a ese sector, ya que percibían sus ingresos en pesos cubanos. A partir de ahora, existirá una sola moneda, el peso cubano, sin más “uno a uno”. Con 24 pesos cubanos, se podrá comprar un dólar. Esto impactará fuertemente en la vida cotidiana debido a la considerable devaluación que conllevará en una primera instancia. Al mismo tiempo, también servirá para favorecer una industria nacional muy debilitada debido a los costos de producción e importación.

Las transformaciones eran necesarias para sacar al país del estancamiento. Ya sin Raúl Castro al frente del PCC, quizás estos cambios se aceleren y se profundicen. En medio de un panorama tan complejo como adverso, Díaz-Canel demostró la audacia que muchos le exigían. A pesar de la pandemia, que afectó como nunca el movimiento turístico internacional, y del bloqueo, que continúa dañando fuertemente las posibilidades de crecimiento de la economía cubana, la isla resiste. Cuba ya logró sobrevivir primero a la caída de la Unión Soviética, su principal sostén hasta 1989, y a la crisis que atraviesa Venezuela, uno de sus socios más importantes. No hay motivos para creer que no podrá superar estos tiempos convulsos. Especialmente, si cuenta con el apoyo de los chinos y si las reformas económicas tan esperadas finalmente van en ese sentido. Así como los chinos, tras las reformas de Deng Xiaoping, comenzaron a hablar del “socialismo con características chinas”, Cuba puede referirse a uno con “características cubanas”.

Refuerzos extra

  • La débil excepción uruguaya. Link acá.
  • Las huellas del genocidio armenio. Link acá.
  • Cambios políticos en Cuba. Link acá.
  • ¿Cómo llegó a ser Erdogan el hombre más poderoso de Turquía? Link acá.
  • La música de la pandemia. Link acá.
  • Panorama político nacional. Link acá.

Recomendación seriéfila: Luis Miguel, la serie

Recomendación cinéfila 1: Nomadland

Recomendación cinéfila 2: La Promesa (sobre el Genocidio Armenio)

Recomendación literaria: Los cuarenta días de Musa Dagh, de Franz Werfel (la novela IMPRESCINDIBLE sobre el Genocidio Armenio)

Recomendación musical: El Tiny Desk de C. Tangana para NPR

Escrito por

Abogado, analista político. Magister en Relaciones Internacionales Escribe artículos de análisis internacional y político para distintos medios argentinos como 'La Voz del Interior', 'Hoy Día Córdoba', 'Comercio y Justicia', 'Nodal', 'La Política Online' y La Tinta, entre otros. También se desempeña como analista internacional en distintos medios radiofónicos y televisivos.

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