Evangelion: El fin de la historia. Episodio 00: La guerra

En pocas palabras, en su ensayo de 1989 El fin de la historia, Francis Fukuyama presenta que las causas de la guerra solo pueden hacerse presentes gracias al legado histórico de las condiciones pre-modernas. El liberalismo, como ideología de la modernidad, no tiene inscripto en su ADN filosófico al conflicto armado; y en su sentido más pragmático, ayuda a aminorar o al menos retrasar batallas que bajo otros sistemas hubieran sido más frecuentes y/o destructivas.

Estas nociones tomaron cuerpo teórico bajo la tesis de la “paz democrática”, heredera y nueva vida del (neo)funcionalismo, y sobre todo de la “comunidad de seguridad” de Deutsch. Este planteamiento neoidealista tiene 2 bases (Peñas, 1997): Por un lado, una cualitativa, sostenida por las premisas y fundamentos del ensayo La Paz Perpetua de Immanuel Kant; y por otro, una de carácter cuantitativo, presente en un recuento histórico que da fe de la correlación entre la existencia de estructuras políticas democrático-liberales y la ausencia de guerra.

Combinando ambos entramados, podemos decir que el (neo)liberalismo de los 90’ tenía una agenda política clara: agitar la marea liberal para que bañe a todos los Estados y así lavar su historia, para que la paz finalmente gobierne para siempre en el fin de la historia.

Estas proposiciones tienen al menos, 2 puntos conflictivos. Primero, utilizan a la historia como justificativo para su cese. Como afirma Ramón Alcoberro, a los liberales la historia no les parece un criterio digno para juzgar nada: el liberalismo, como sistema indeterminista no acepta juicios históricos de ningún tipo, puesto que funciona y es válido para toda época y espacio temporal (al no anclarse a ninguno).

Segundo, pese a la presencia de argumentos basados en la libertad individual y el diseño institucional interno, no logran formular un estudio cohesivo puesto que no yuxtaponen orgánicamente distintas unidades de análisis. Es el Estado, como actor unitario y protagónico, quien está en paz con otros Estados.

Hideaki Anno, con o sin intención, contesta estos dilemas durante los primeros 24 episodios de Evangelion. En el Neo-Tokyo III de 2015 el fin de la historia se puede sentir llegar rápidamente, no con el fin de la guerra, sino con el comienzo de una. El Segundo Impacto es una excusa para pensar los conflictos del mañana con los enfrentamientos de ayer.

La serie es un constante esfuerzo por devolverle el rostro humano a la guerra, personalizarla, quitarla de la abstracción que implica plantearla en términos estatales y territorializarla en el cuerpo de nuestros protagonistas. Pero en este juego, la postura de los Children respecto a su rol como pilotos de EVA también tiene mucho que decirnos sobre cómo la juventud (sobre todo en Europa Occidental y Estados Unidos) se relacionó y relaciona con la guerra.

Gendo Ikari es la encarnación de los grandes estrategas militares de comienzos del siglo pasado, quienes dirigieron batallones y aseguraron la defensa de sus respectivos países. Así, Shinji simboliza a todos los jóvenes de clases acomodadas que debieron seguir los pasos de sus padres por mandatos familiares y/o sociales. Llenar sus zapatos no estaba en sus planes y hasta le repugna, pero la fatalidad de un destino cerrado y una gran responsabilidad sobre sus hombros le impide tener agencia para decidir su destino. El “no huir” que constantemente se le repite y el mismo se impone, es también una forma de decir que no podrá decidir ir a otra parte.

Asuka Langley Sohryu representa un modelo aspiracional, con un relato más propio de los discursos posteriores a la Gran Guerra. Con el correr del Siglo XX, y junto con la especialización de las fuerzas de combate, se refinó la prosa sobre la que gira(ba) el reclutamiento de hombres: se lo encuadraba como una plataforma para probar valía y expertise al campo de batalla. Mediante el servicio era posible ganar el reconocimiento y admiración de la comunidad. Destacar como soldado también significaría convertirse en alguien mucho más grande, alguien que no estaban destinados a ser, pero torciendo el destino podrían alcanzar.

Toji Suzuhara, como contracara, muestra la experiencia de quienes se ven obligados a ir a la guerra por cuestiones económicas. Bajo la presión de conseguir mejores cuidados para su hermana enferma, acepta involucrarse pese a tener poca experiencia y convicción para con el proyecto. Su horrorosa y trágica experiencia es una forma artística de representar a quienes ven en arriesgar su vida la única posibilidad de proveer para su familia.

Pero es Rei Ayanami el rostro más cruel de la guerra. Ella es la perfecta máquina de matar, una persona despojada de toda valía y construida alrededor de la utilidad. El suministro de Pervitin a los soldados de la Alemania Nazi; los experimentos del Escuadrón 731 del Japón Imperial sobre prisioneros chinos; los poderosos narcóticos suministrados por el ejército estadounidense a sus tropas durante los 70’s y 80’s y los cuestionables avances farmacológicos y tecnológicos actuales muestran que no hay límites éticos que vayan a detener esta creciente des-humanización.

Pasados los años 90’ de Fukuyama, y el 2015 de Anno, podemos decir que sus formas de pensar la guerra han quedado algo obsoletas: las guerras de tercera y cuarta generación han proliferado, mientras que las tradicionales de Estado a Estado son cada vez más extrañas.

Fukuyama podría argumentar que es porque muchos aún vivimos en la historia, y que al resistir al liberalismo impedimos la perpetuación de la paz. De cualquier modo, él escribió sus ideas en un “largo plazo”, que parece aún muy distante, igual que la paz democrática.

En su derecho, la obra de Anno es la historia de jóvenes dolientes a quienes se les confía el futuro de la humanidad al entregarles las armas más modernas que la historia haya conocido. Y esa, es la historia de todas las guerras; condenada a repetirse.

Pero ambos análisis, aunque antagónicos, están empapados de a-temporalidad y anclados en percibir a la historia como una condena. Actualmente, nos aparece la oportunidad de ver a nuestro tiempo como condición de posibilidad, con toda la potencia creadora que esto conlleva. Transformar la estructura en un espacio de agencia es una clave fundamental que la contemporaneidad nos ofrece, y debemos tomar. 

Como jóvenes de hoy, nuestro reto es elegir qué hacer con red de cuya creación no participamos, pero nos vemos interconectados por ella. Ni despojarnos de ni reincidir en nuestra historia, sino apropiárnosla y construirla activamente con las herramientas y opciones que nos otorga. 

Nota de la autora:
Esta edición de “Evangelion: El fin de la historia” es a la propuesta lo que el Eva 00 es a NERV: un prototipo. Esta es una oportunidad para recibir feed back por parte de ustedes, lxs lectores; y mejorar y re-configurar posteriores posteos. No duden en dejar sus comentarios, críticas y sugerencias: GET IN THE ROBOT.

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