Todos los caminos conducen a Teherán

Pareciera que la causa de los males del sistema internacional (o al menos para Estados Unidos) tienen un solo culpable, la capital de la República Islámica de Irán.

Después de las fallidas intenciones de Macron de invitar a Zarif al G7 y poner cara a cara al representante del Ministerio de Asuntos Exteriores de la nación persa y al presidente Donald Trump para poder encauzar una hipotética reunión entre estos, la relación entre Estados Unidos e Irán alcanza un nuevo pico máximo de tensiones después del cruce de acusaciones con respecto a los ataques a las refinerías de petróleo en Arabia Saudita y el supuesto apoyo del Estado a los rebeldes de Yemén.

La relación de Estados Unidos e Irán se desmoronaron cuando el ocupante de la oficina Oval, se retiró del acuerdo nuclear en el 2016 y emprendió una estrategia de hostigamiento a la política y economía del Estado persa a través del incremento de restricciones y sanciones que buscaban ahogar la economía iraní para poder ceder frente a las presiones del mandatario estadounidense.

La Casa Blanca se ha encargado de estropear y aislar las relaciones económicas de Irán con sus socios comerciales prohibiendo la compra de crudo (la principal actividad económica del país). Por otro lado, la incorporación de la Guardia Revolucionaria Iraní en la lista de terroristas a nivel mundial obligó a las naciones europeas repensar distintos tratados comerciales con el Estado ya que al tratarse de una organización “terrorista” se le bloquean los tratados preexistentes.

En respuesta del plan sistemático de la nación norteamericana, la República Islámica, a pesar de los intentos de la diplomacia europea, desobedeció cláusulas cervicales de dicho tratado. Primero, excedió sus reservas de combustible nuclear permitidas y luego reanudó el enriquecimiento de uranio a niveles superiores a los permitidos, consiguientemente, Zarif confirmó a los ministros de la Unión Europea la decisión tomada por el presidente Hasan Rohani de retomar la investigación y el desarrollo en materia nuclear. En ese sentido, la mirada de las naciones se volvieron a posicionar en Teherán.

Donde la Unión Europea y sus representantes encolumnados detrás de la imagen de Emmanuel Macron, hacen esfuerzos diplomáticos para mantener con vida el Tratado 5+1. Estados Unidos y el país persa se embarcan en decisiones que claramente agravan y retroceden en la búsqueda de una configuración sin un nuevo actor nuclear en el globo.

En todo este proceso donde Irán busca irrumpir en el sistema internacional como aquel Estado que pone aprietos la estrategia conflictiva emprendida por la Casa Blanca, Estados Unidos tuvo que soportar los costes de prevalecer en todo el espectro mundial.

Es por esto que el posicionamiento en el estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico por parte de las tropas norteamericanas implican un activo para suponer que la estabilidad de la región y la “paz” alcanzada dependen de un hilo demasiado fino, más cuando la toma de decisiones está al mando de Donald Trump que ya amenazó con atacar directamente a la República.

Es por esto, que en los últimos meses, una lista de condicionantes terminaron de arruinar el hipotético acercamiento de ambos.

El derribo de drones, el sabotaje a buques petroleros, la fallida intervención de la diplomacia de Abe y Macron. Y, ahora, la supuesta intromisión en la guerra de Yemen con el apoyo a los hutíes (la facción rebelde terrorista que se adjudicó los ataques a la refinería en Arabia Saudita) por parte de Irán, han sucunvido cualquier esperanza de encausar la enemistad de los Estados en disputa.

Caso aparte es la situación en Yemen donde pareciera que Arabia Saudita e Irán, enemigos naturales per se, discuten en una guerra sangrienta que marca el telón de operaciones donde ambas naciones se embarcan en estrategias de enfrentamiento indirecto por la supremacía de Medio Oriente.

Estos acontecimientos permiten comprender que la estabilidad de Medio Oriente y las aspiraciones disruptivas de la República Islámica se seguirán aconteciendo siempre y cuando los Estados Unidos lo permitan o no reaccionen frente a estas. Y por ende, un camino hacia la estabilización o al menos un acercamiento entre ambos presidentes parece lejano o casi improbable en términos de probabilidades de ocurrencia.

¿Se puede esperar una guerra entre dichos Estados? Con los mecanismos internacionales que salvaguardan y la negativa de la sociedad norteamericana con respecto a la intromisión de sus tropas en conflictos ajenos a los propios, el despliegue de tropas de Estados Unidos en el Golfo Pérsico se puede traducir en una estrategia disuasoria para dar materialización a las intenciones de Trump de apaciguar las tensiones sin la necesidad de llegar al enfrentamiento directo pero cumpliendo con sus intereses.

Debido a esto, se necesita la prudencia como medio rector en los posibles próximos movimientos que alteren al Sistema Internacional, ya que la presunta volatilidad con la cual se embarcan ambos actores implica una carrera sin fin de hostigamientos indirectos que impactan no solo en la región, sino al Sistema por completo.

Por ende, todos los caminos sinuosos de la estrategia diplomática y política de ambos terminan en Teherán, donde el futuro de los Estados Unidos y la República Islámica Iraní se tiñe de pesimismo, donde se percibe que ambos no van a ceder en sus propios caminos y objetivos de confrontación.

Escrito por

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales UADE - Maestrando en Defensa Nacional UNDEF Me cuesta poner en palabras mis ideas. Trato de darle un sentido crítico a todo lo que me rodea.

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