Ante la duda, Israel

El Monte del Templo y el Muro de los Lamentos para la religión judía, el Santo Sepulcro para la religión cristiana y la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa para la religión musulmana son los sitios religiosos que se asientan en la Ciudad Sagrada de Jerusalén. Ciudad que se encuentra dividida en dos desde 1980 por la ONU, que dispuso el control de Israel sobre el oeste de la ciudad y sobre su parte este, a Palestina (Estado para muchos, pero no para Estados Unidos, que utiliza el poder de veto en las Naciones Unidas para no permitir el reconocimiento de Palestina como miembro de esta organización, siendo solo así un país observador dentro de la misma).

La disputa de milenios sobre la posesión y soberanía de Jerusalén llevó a Israel a tomar el mando de la situación resolviendo (unilateralmente) quedarse en control de la Ciudad Antigua de Jerusalén, la cual se encuentra del lado palestino de la ciudad y alberga a los sitios más importantes para las tres religiones nombrados anteriormente.

Y para dejar en claro su posición, desde el parlamento israelí se dictó la Ley que nombra a Jerusalén como capital del país del primer ministro Netanyahu.

Esta acción no hizo esperar al desacuerdo de palestinos y miembros de ONU, quienes rechazaron la anexión israelí sobre territorio palestino y trasladaron así sus embajadas a Tel Aviv, capital de Israel reconocida por resolución de las Naciones Unidas por mayoría de los países que la componen.

Todo parecía calmo y compuesto con Jerusalén, hasta que Estados Unidos en 1995 decidió hacer contra de lo logrado en ONU y proclamó una Ley reconociendo a esta ciudad como la capital de Israel, convirtiéndolo en el primer país del mundo en hacerlo. A esto se le agregó la promesa de trasladar su embajada a dicha ciudad para materializar de esta manera el reconocimiento.

En el transcurso del tiempo (que bajo estas luchas se llevó la vida de centenares de jóvenes, mujeres y niños en la Franja de Gaza y en Palestina) ningún presidente estadounidense llevó a cabo la acción, pensando tal vez en los posibles derrames de sangre que esto podía traer. Pero esto fue así hasta la llegada estrepitosa de Donald Trump, quien en 2017, fuertemente convencido, ratificó el reconocimiento de Jerusalén como capital israelí, y el 14 de mayo del pasado año efectuó entonces el traslado de la embajada estadounidense. Las acciones que decidió tomar el gobierno de Estados Unidos desataron una seguidilla de traslados de embajadas por parte de Nicaragua, Honduras y Paraguay.

Es relevante recordar en estos momentos las palabras del presidente Trump, quien afirma que la pasada reelección de Netanyahu es “positiva de cara a la paz con Palestina” según sus propias palabras, mientras que en el país judío del medio oriente, su mano derecha nombra a un pueblo en los Altos del Golán, al oeste del país, con el nombre de “Donald J. Trump” no sin antes afirmar que “Israel nunca ha tenido un mejor amigo” que EEUU; sin importarle que del otro lado de la moneda se recogen en 2018 las cifras más altas de muertos y heridos en Palestina por parte de Israel de todos los tiempos, llegando a los casi treinta mil heridos y a los 57 niños y niñas, y jóvenes menores de 18 años acribillados (cifras de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios). Esto nos da un total de casi 9500 musulmanes y 1246 judíos que han perdido su vida desde el año 2000 en este conflicto que parece interminable.

La resistencia palestina continúa en manos de su canciller Riyad al-Maliki, quien presentó a principios de este año la solicitud para obtener la membresía plena ante la Organización de Naciones Unidas, en donde ya más de 138 países han reconocido su status de Estado. Pero a los intentos palestinos lo callan los asesinatos, los vetos y las extorsiones comerciales por parte de los Estados Unidos. Los focos de resistencia palestinos también se encuentran denominados como “terroristas” por parte del país norteamericano, agravando aún más la situación de conflicto y efectuando ayuda militar para la masacre israelí-palestina y la ocupación ilegítima de tierras.

Proyecciones

Ante los oídos sordos y las pisadas fuertes de poder de Estados Unidos en los órganos de “acuerdo” de la ONU, las esperanzas por un diálogo que lleve al bi-control de la ciudad de Jerusalén son completamente nulas, aun habiendo la ONU ya dispuesto esto. Incluso reconociendo esta resolución, la embajada estadounidense podría quedar asentada en donde está, pero los EEUU van por todo o nada.

En tanto sigan los asentamientos israelíes en la ciudad sagrada, las posibilidades de un levantamiento por parte de Hamás y Hezbollah, cumpliendo así con sus amenazas, son alarmantes para la vida de los ciudadanos y los turistas religiosos. Si este conflicto declara a Israel como ganadora, seguirá ocupando las tierras y hasta posiblemente se llegue a lo que Palestina teme: una destrucción de su Estado y de sus templos.

Mientras Israel se juega una porción de tierra que está ocupando y es respaldado en este juego mortal por los Estados Unidos, Palestina se sortea la suerte de la vida de sus ciudadanos y su soberanía efectiva ante sus propias tierras.

Mientras Israel y Estados Unidos pactan el “Acuerdo del Siglo” en el cual acuerdan que Israel no compartirá soberanía sobre Jerusalén y los árabes serán echados de la ciudad, como así también abrirán rutas comerciales en la Franja de Gaza; Palestina sigue en búsqueda de su reconocimiento como Estado.

Mientras Jerusalén es de Israel por los Estados Unidos, Palestina sigue siendo solo una Nación por la misma razón; y los tratados internacionales siguen teniendo mucha tinte imperialista y poca noción de acuerdo.

Escrito por

De ocupación: estudiante de Ciencia Política en la UCC; de vocación: la lucha, y de objetivo: el despertar interés en las personas a través de la escritura de análisis críticos.

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