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Semana tres. Por la magnitud de los acontecimientos, parece difícil hablar de otra cosa que la guerra con Irán. Este newsletter no escapará a esa situación: las ramificaciones son, o amenazan con ser, extensas.
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Guerra en Irán Algunos de los sucesos más relevantes de la semana:
- Se oficializó la designación del nuevo Ayatolá Mojtaba Jamenei, hijo del anterior líder y considerado de línea más dura.
- 1.400 muertes de civiles confirmadas.
- Con el Estrecho de Ormuz bloqueado, cientos de buques quedaron varados en el Golfo Pérsico y el petróleo superó los 100 dólares el barril. Por esta ruta transita el 20% del tráfico mundial de crudo. Varios analistas lo consideran el mayor shock energético desde las crisis de los años 70. Por estos motivos, Trump suspendió parcial y temporalmente las sanciones contra el petróleo ruso.
Rusia La guerra en Ucrania continúa con una escalada de ataques a fábricas de armamento dentro del territorio ruso, mientras Rusia intensifica sus bombardeos sobre Ucrania. Respecto al conflicto con Irán, Putin declaró que, de desatarse una crisis energética, Rusia en tanto «gran exportador energético» está preparada para aprovechar la situación, y sugirió a Europa retomar la cooperación. Por su parte, el Ministerio de Exteriores ruso le pidió a Estados Unidos e Israel detener los ataques y retomar la vía diplomática.
Chile El líder conservador José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile tras una campaña centrada en seguridad, crecimiento económico y orden público. Su llegada marca un giro político tras varios años de gobiernos de izquierda y refleja un cambio en el clima político regional. El foco ahora estará en si su agenda logra estabilizar la economía y el orden interno sin reavivar la polarización que marcó la política chilena en la última década.
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En la mesa: La guerra en casa
Parece que la operación Furia Épica no solo abrió un frente en Medio Oriente, sino que Donald Trump empieza a lidiar con la tensión que dicha operación genera hacia adentro de su propio espacio político. Esto no es nuevo: el movimiento MAGA (Make America Great Again) ya mostraba cierta fractura en torno a dos ideas antagónicas sobre cómo sostener la preponderancia estadounidense en el mundo.
Están quienes tienen una mirada hacia afuera: creen en la necesidad de proyectar poder apoyándose en alianzas estratégicas y manteniendo equilibrios regionales favorables. En este bando encontramos a Pete Hegseth, actual secretario de Defensa, cuyas declaraciones indican que el objetivo de la operación es destruir las capacidades misilísticas y nucleares iraníes. Esta visión de lo que constituye una victoria se alinea claramente con los objetivos de Israel: sin capacidad misilística ni nuclear, Irán se convierte en una amenaza menos creíble y el balance de poder regional se inclina a favor de Israel.
El otro bando es el de «America First». En aparente retirada desde el comienzo del conflicto, históricamente criticó las aventuras militares de Estados Unidos y apoyó con fuerza, por ejemplo, el distanciamiento del conflicto con Ucrania. En los últimos días, esa postura se condensó en la figura de Tucker Carlson, aunque incluye también a figuras como el vicepresidente J.D. Vance.
Para Carlson, «esta es la guerra de Israel, no la de Estados Unidos», frase que resume la crítica central de este sector. Apoyando el transaccionalismo de Trump, insisten en que esta aventura no parece poner primero los intereses estadounidenses. Si bien han aparecido voces críticas hacia Israel dentro del espacio, el principal punto de conflicto sigue siendo el equilibrio de esa relación.
Lo más relevante es que el sector «America First» tuvo mayores dificultades para mantenerse en los márgenes del poder político. Trump, que es un líder medianamente pragmático, no puede ignorar esto, y mucho menos con la próxima elección legislativa cerca. No sorprende así que haya «excomulgado» a Carlson, declarando que ya no pertenece al movimiento MAGA.
Es difícil no advertir cierto patrón histórico: las estructuras revolucionarias, al llegar al poder, tienden a ceder vitalidad y, eventualmente, a traicionar aquello que las movilizaba. Tal vez ni la excepcionalidad americana pueda escapar a eso.
¡Hasta la próxima semana!




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