El mercado petrolero vive una etapa de aparente estabilidad en el marco de un equilibrio político y económico complejo. Las señales geopolíticas recientes están teniendo un impacto directo en los precios internacionales del crudo, al tiempo que se conjugan con factores estructurales como el oversupply y la acumulación de inventarios. En este contexto, el petróleo no solo responde a fundamentos tradicionales de oferta y demanda, sino que repricea constantemente el riesgo geopolítico.

Distensión entre EEUU e Irán: caída fuerte del crudo.

Durante las últimas sesiones, los precios internacionales del petróleo registraron descensos de casi 5% tras varios días de posiciones alcistas, luego de que políticos y mercados interpretaran señales de reducción de tensiones entre Estados Unidos e Irán. Durante estos días, el barril de Brent se cotiza en torno a los 66 dólares, mientras que el barril de WTI, por su parte, ronda los 62 dólares. Unas cotizaciones que retoman la tendencia estable de los primeros días del 2026 e interrumpe el alza de precios que se había generado a fines del mes de enero, en medio de una escalada de tensión entre Washington y Teherán. La posibilidad de que ambos países retomen negociaciones diplomáticas, avaladas además por otros países de la región, fue suficiente para que el Brent y el WTI corrigieran a la baja durante las últimas sesiones, borrando parte de la prima geopolítica que se había incorporado en semanas anteriores.

Estas caídas tienen lugar después de que el presidente de los Estados Unidos Donald Trump indicara que Irán estaría “negociando seriamente” con la Casa Blanca, reduciendo la percepción de un choque militar inminente y, por ende, la probabilidad de interrupciones significativas en el suministro de crudo desde Medio Oriente. El mercado interpretó estas señales como una reducción en la expectativa de riesgo, provocando ventas y correcciones en los futuros de petróleo. Alrededor del 20% del petróleo mundial se comercializa a través del estrecho de Ormuz, una vía marítima vital que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y posteriormente con el resto del mundo. Esta ruta marítima, limitada al norte por Irán, podría verse afectada ante un eventual ataque externo a la nación persa, provocando graves alteraciones a la producción y comercialización de crudo y, por ende, a su precio.

Este repricing del riesgo confirma que, incluso en un escenario de abundancia física de oferta, la política internacional sigue siendo un factor determinante para el valor del petróleo.

OPEP+: disciplina de producción y foco en 2026

Frente a este escenario que incluye presiones bajistas por la percepción de mayor oferta y, al mismo tiempo, riesgos implícitos por factores geopolíticos, la OPEP+ continúa enfocándose en la disciplina de la producción para evitar que los precios caigan demasiado frente a un potencial exceso de oferta para 2026. Este grupo, integrado por Rusia, Kazajistán, México, Venezuela, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Irak, Arabia Saudita y Kuwait, entre otros, decidió mantener sin cambios su nivel de producción para marzo de 2026, a pesar de las subas de precios del mes de enero como consecuencia de tensiones políticas.
Esta estrategia responde a un doble objetivo: balancear los riesgos de sobreoferta con la posibilidad de futuros shocks geopolíticos, y evitar volatilidades extremas que complicarían la planificación fiscal de países fuertemente dependientes de ingresos petroleros, como son las monarquías árabes del Golfo Pérsico. El enfoque para 2026 refleja la percepción de que, en ausencia de una perturbación real y prolongada al suministro, el mercado podría mantenerse relativamente abastecido a través de la combinación de producción de países por fuera de la OPEP+ y amplias reservas comerciales.

Oversupply, acumulación de stocks y riesgo geopolítico

Más allá de la agenda política internacional, persisten factores estructurales que sostienen la narrativa de abundancia relativa. La desarrollada explosión del shale oil en Estados Unidos y el crecimiento de la producción fuera de la OPEP+ (liderada por Estados Unidos, Canadá y Brasil, entre otros), contribuyen a un exceso global de oferta que presiona a la baja los precios de forma persistente, aun cuando la geopolítica genera repuntes temporales. Las previsiones de la Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA) apuntan a un Brent promedio de 55 dólares y a un WTI promedio de 51 dólares por barril en 2026.

Esta sobreoferta se relaciona con la acumulación de inventarios en economías desarrolladas, lo que alimenta la percepción de que el mercado tiene stocks suficientes de crudo para absorber choques moderados de suministro. En ese sentido, el escenario actual pareciera indicar que cualquier ajuste al alza de precios tiende a necesitar más que solo tensiones: requiere una interrupción real en la producción o en la logística de transporte y comercialización.

Sin embargo, aunque el mercado corrige rápidamente, las cuestiones geopolíticas no desaparecen. Tensiones regionales, rivalidades estratégicas y escenarios de confrontación siguen latentes, lo que significa que el riesgo geopolítico sigue siendo un componente implícito en el precio del crudo. El petróleo se comporta como un activo que no solo mide oferta y demanda, sino que también es un barómetro de expectativas políticas.

La dinámica actual del mercado petrolero refleja un equilibrio entre las señales de abundancia de oferta y el repricing rápido del riesgo geopolítico. El resultado es un mercado que no solo mira datos macroeconómicos tradicionales, sino que reacciona a cada señal política relevante, ajustando los precios de forma dinámica. La política internacional sigue siendo determinante, incluso cuando los fundamentos de oferta apuntan a un contexto de relativa abundancia.

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