Donald Trump y Vladimir Putin se reunirán el próximo jueves 15 de agosto en Alaska con el aparente objetivo de concretar un cese al fuego en la guerra en Ucrania. Los rumores sobre la posible concesión de territorios que Ucrania debería entregar a Rusia y la no invitación a Zelensky nos retrotraen al año 1938, cuando Inglaterra y Francia acordaron entregarle los Sudetes a Alemania Nazi en la Conferencia de Munich sin contar con la presencia de Checoslovaquia.

En un contexto de crisis de  los espacios multilaterales de negociación, este apaciguamiento de Trump hacia Putin recuerda la política del «appeasement” implementada por Neville Chamberlain, predecesor de Winston Churchill como Primer Ministro del Reino Unido.

En el tercer año de la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto entre ambos países se estancó en una guerra de trincheras donde el Ejército Ruso continúa bombardeando sin parar las principales ciudades ucranianas. Se cree que alrededor de 200 personas murieron en el último ataque ruso a Kiev.

Desde la llegada al poder de Donald Trump el pasado enero, los Estados Unidos manifestaron su intuición de negociar un cese al fuego para la guerra en Ucrania. La simpatía de Trump hacia Putin, los rasgos autoritarios de ambos y el marcado interés del Presidente estadounidense en los recursos naturales y las tierras raras ucranianas llevaron a Trump a buscar algún tipo de acuerdo estratégico con Putin y distanciarse de Zelensky, quien buscaba forjar una alianza fuerte con Estados Unidos.

En sintonía con la postura aislacionista y nacionalista que tomara la política exterior de Estados Unidos bajo la Administración Trump, Washington decidió tomar distancia de Kiev.

Quizás el momento más incómodo se produjo cuando Volodimir Zelensky sufrió un destrato innecesario a principios de marzo cuando visitó la Casa Blanca. 

No obstante, si bien este alejamiento de Kiev es una novedad para la política exterior estadounidense, el apaciguamiento de Occidente hacia Rusia no es nuevo. 

Ya desde el fin de la Guerra Fría, la Unión Europea intentó integrar a Rusia y hasta se barajó la entrada de Rusia en la OTAN. Con el inicio del siglo XXI y el comienzo de la era Putin, Rusia permaneció en varios foros multilaterales de negociación como el G20, a la vez que libraba una sangrienta guerra en la región de Chechenia y emprendía una invasión a Georgia.

Parece que la anexión de Crimea y la invasión a Ucrania convencieron a los gobiernos occidentales de las intenciones expansionistas de Rusia. A pesar de los esfuerzos realizados por la Administración Biden para lograr la victoria de Kiev, el advenimiento de la segunda Presidencia de Trump truncó el apoyo de Washington a Ucrania.

Al igual que en 1938, cuando la Alemania Nazi se anexó los Sudetes con el pretexto de una supuesta discriminación hacia los habitantes germanoparlantes de Checoslovaquia, Putin argumenta un inexistente gencidio contra la población rusófona del Donbass para anexar los territorios ucranianos que invadió en el transcurso de la guerra.

Por su parte, los países miembros de la Unión Europea manifestaron de forma tajante su defensa de la integridad territorial de Ucrania. Sin embargo, el papel que estos países puedan desempeñar en las negociaciones por un alto al fuego es relativo. Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, manifestó que estará dispuesta a acompañar a Zelensky cuando este se encuentre con Trump en Washington. En unos días veremos si esta escolta europea ayudará a la posición ucraniana.

Trump ya está dispuesto a aceptar las condiciones de Putin: soberanía sobre Crimea, el Donbass y los demás territorios ocupados. Esta capitulación de Estados Unidos en su rol de policía global marca el fin de una era. A partir de ahora, es muy probable que los Estados Unidos diseñen su política exterior a partir de los deseos personales de Donald Trump, quien busca afianzar alianzas con líderes autoritarios con quienes comparte más similitudes que con los aliados clásicos de Estados Unidos. 

Si Putin logra salir con la suya estaremos, una vez más, en una situación donde el país más fuerte se impone ante la integridad territorial del más débil. En un mundo que se asemeja cada vez más al período entreguerras, la caída de Ucrania podría marcar el inicio de una era de expansión y conquista. 

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