Aunque Líbano y Argentina están separados por miles de kilómetros y poseen culturas e historias profundamente distintas, sus trayectorias económicas recientes revelan sorprendentes similitudes. Ambos países han enfrentado crisis financieras recurrentes, inflación, devaluaciones abruptas, pérdida de reservas y una creciente desconfianza hacia sus instituciones. Estas coincidencias no son meramente anecdóticas; revelan patrones estructurales comunes que afectan a naciones con modelos económicos complejos y persistentes fallas de gobernanza.

En el caso de Líbano, la crisis iniciada en 2019 ha sido calificada por el Banco Mundial como una de las tres más graves a nivel global desde mediados del siglo XIX, junto con la Gran Depresión de 1929 y el colapso económico de Venezuela (Banco Mundial, 2021). En apenas tres años, el país sufrió una contracción acumulada del PIB de más del 58 %, una de las recesiones más severas registradas en tiempos de paz. La libra libanesa perdió más del 98 % de su valor frente al dólar, y el sistema bancario colapsó, congelando los depósitos de los ciudadanos. La inflación interanual alcanzó el 171 % en 2022, afectando gravemente el acceso a bienes básicos como alimentos, medicamentos y combustible (Central Administration of Statistics, 2023).

Argentina, por su parte, ha atravesado múltiples crisis económicas en su historia reciente. La más emblemática fue la de 2001, marcada por el colapso del régimen de convertibilidad y la implementación del “corralito” bancario, que restringió el retiro de fondos. Esta crisis derivó en una fuerte recesión, el default de la deuda externa y una profunda crisis política que provocó la renuncia de varios presidentes en pocos días. En los últimos años, el país volvió a enfrentar una espiral inflacionaria, con un índice de precios al consumidor que superó el 200 % anual en 2023, según datos del INDEC (INDEC, 2023).

Ambos países comparten una dinámica cíclica de inestabilidad macroeconómica. En Líbano, la política de mantener un tipo de cambio fijo con el dólar durante más de dos décadas —sin respaldo productivo ni reservas suficientes— generó una ilusión de estabilidad que terminó por desmoronarse. Este esquema recuerda al modelo de convertibilidad argentino de los años noventa, donde el peso estaba atado al dólar en una paridad 1 a 1. En ambas experiencias, la pérdida de competitividad, el déficit fiscal y el endeudamiento externo precipitaron un colapso económico.

Las medidas impuestas por el sistema bancario también presentan paralelismos significativos. En Líbano, a partir de 2019, los bancos impusieron restricciones a los retiros en dólares, provocando protestas masivas y una pérdida de confianza generalizada en el sistema financiero. Esta situación remite directamente al “corralito” argentino de 2001, que también intentó frenar la fuga de capitales mediante la limitación del retiro de dinero, generando una profunda crisis de gobernabilidad y un deterioro de la cohesión social que tardó años en ser parcialmente revertido.

Otro punto en común es la debilidad estructural del mercado laboral. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2022), en ambos países la economía informal representa una parte significativa del empleo total: en Argentina, el 45 % de los trabajadores se encuentra en la informalidad, mientras que en Líbano esta cifra supera el 55 %. Este fenómeno no solo debilita la recaudación fiscal, sino que también limita la capacidad del Estado para implementar políticas redistributivas y garantizar derechos laborales básicos.

La corrupción y la falta de transparencia para la gestión de la gobernanza han sido señaladas como factores centrales en la persistencia de las crisis en ambos países. En Líbano, el sistema político confesional ha favorecido la repartición del poder entre élites sectarias que han capturado el aparato estatal, bloqueando reiteradamente los intentos de implementar reformas estructurales urgentes (Khatib, 2021). En Argentina, la corrupción ha sido una problemática persistente que ha atravesado distintos gobiernos, sin distinción ideológica. Prácticas como el desvío de fondos públicos, el uso discrecional de recursos estatales y la manipulación de contratos han erosionado la legitimidad institucional y alimentado la desconfianza ciudadana (Transparency International, 2023).

La participación de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido determinante en ambos contextos, aunque su intervención no ha estado exenta de controversias y tensiones sociales. En Argentina, durante la gestión de Javier Milei, el proceso de endeudamiento se ha profundizado. Al cierre de 2024, la deuda pública bruta alcanzó un récord histórico de aproximadamente 466.686 millones de dólares, lo que representa cerca del 95 % del Producto Bruto Interno (PBI) del país (Ámbito, 2024). Uno de los principales financiadores en este proceso ha sido el propio FMI, con el cual Argentina mantiene un acuerdo de facilidades extendidas por más de 44.000 millones de dólares. El cumplimiento de las metas fiscales, monetarias y de reservas exigidas por el organismo ha condicionado buena parte de la política económica, implicando medidas de ajuste que afectan el gasto público, los subsidios y el poder adquisitivo de la población.

Esta relación con el FMI no es nueva: desde su ingreso al organismo en 1956, Argentina ha recurrido en numerosas ocasiones a programas de financiamiento. Muchos de estos acuerdos culminaron en crisis de deuda, incumplimientos o renegociaciones forzadas, evidenciando una relación cíclica y conflictiva con el organismo (Basualdo, 2006).

En el caso de Líbano, el estancamiento en las negociaciones con el FMI ha impedido acceder a una asistencia estimada en más de 3.000 millones de dólares, considerada clave para iniciar la reconstrucción económica tras el colapso financiero de 2019 y la explosión en el puerto de Beirut en 2020. Entre las condiciones impuestas por el organismo se encuentran la auditoría del Banco Central, la unificación del tipo de cambio y una reforma integral del sistema bancario. Sin embargo, estas exigencias han sido bloqueadas por sectores políticos que temen perder privilegios o enfrentar consecuencias judiciales derivadas de años de mala gestión y opacidad (International Crisis Group, 2020).

La relación del Líbano con el FMI también tiene antecedentes históricos, aunque menos prolongados que en el caso argentino. Durante décadas, el país evitó recurrir formalmente al organismo, sosteniéndose en un sistema financiero liberalizado que se alimentaba de remesas e inversiones extranjeras. No fue sino hasta la crisis de 2019 que el Líbano solicitó asistencia oficial al FMI, marcando un giro drástico en su política económica y evidenciando la magnitud del colapso estructural.

El objetivo de este análisis no es caer en una visión pesimista de las situaciones económicas de ambos países, sino más bien utilizar estas comparaciones para generar un espacio crítico que permita aprender de los errores y de los desafíos actuales. Desde el ámbito de la ciencia política, es fundamental considerar que el análisis de los problemas estructurales no debe centrarse únicamente en señalar los fracasos, sino en promover un enfoque constructivo que impulse la creación de políticas más efectivas y sostenibles. En este sentido, ¿cómo pueden Líbano y Argentina transformar sus crisis en oportunidades para construir un futuro económico más resiliente y equitativo?

Bibliografía

  • Ámbito. (2024). La deuda pública alcanzó el 95% del PBI al cierre de 2024. Recuperado de https://www.ambito.com
  • Banco Mundial. (2021). The Deliberate Depression: Lebanon Economic Monitor, Fall 2021. World Bank Group. https://documents.worldbank.org
  • Basualdo, E. (2006). Endeudamiento y ciclo económico en Argentina (1976-2001). Siglo XXI Editores.
  • Central Administration of Statistics. (2023). Consumer Price Index. Gobierno del Líbano. http://www.cas.gov.lb
  • INDEC. (2023). Índice de precios al consumidor: Informe anual. Instituto Nacional de Estadística y Censos. https://www.indec.gob.ar 
  • International Crisis Group. (2020). Pulling Lebanon Back from the Brink.
    https://www.crisisgroup.org
  • Khatib, L. (2021). The Fragility of Lebanon’s Political Order. Carnegie Middle East Center. https://carnegie-mec.org
  • OIT. (2022). Panorama Laboral Mundial. Organización Internacional del Trabajo.https://www.ilo.org
  • Transparency International. (2023). Corruption Perceptions Index 2023. https://www.transparency.org

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