Artículo realizado en conjunto con Lucía Lago Krümmer y Jimena Coronel
Este 24 de Marzo ciertamente será distinto a otros aniversarios del golpe cívico militar ocurrido en 1976. Por primera vez, en más de 40 años desde el retorno de la democracia, quienes ocupan la primera magistratura de la Nación replican casi con exactitud la defensa de los represores de la última Dictadura militar. Javier Milei, por ejemplo, niega abiertamente la cifra de 30.000 detenidos-desaparecidos, reivindicada por la mayoría de los organismos de Derechos Humanos. En el debate presidencial de octubre del 2023, Milei afirmó que durante los años 70 en Argentina se “produjo una guerra”, donde las fuerzas armadas “combatieron al terrorismo” y donde se cometieron “excesos”, mismas palabras que usó Massera para defender el accionar de la dictadura militar en 1982.
Victoria Villarruel, vicepresidente de Javier Milei, es hija, sobrina y nieta de militares. Hace aproximadamente 20 años, comenzó a militar en organizaciones ligadas a sectores militares, que negaban las violaciones de derechos humanos durante la última dictadura militar. Desde ese momento comenzó a aparecer en varios programas de televisión abogando por “una memoria completa”, que incluya también a las “víctimas del terrorismo”. Sus familiares estuvieron implicados en la represión, de hecho, la sobreviviente del Centro Clandestino de Detención “El Vesubio”, Elena Alfaro, declaró que fue torturada por el tío de Villarruel.
Desde que asumió la presidencia, la “Libertad Avanza” se embarcó en una “batalla cultural”, donde la reescritura sobre lo que sucedió en los años 70 ocupa un lugar primordial, sobre todo para la vicepresidenta. Se observa que el gobierno busca instalar un nuevo relato: el 24 de marzo ya no es el “Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, sino que es el día donde se recuerda que el Ejército realizó un golpe de Estado para combatir a la subversión.
El nuevo fogueo de la ya conocida “Teoría de los dos demonios” inunda la agenda comunicativa de estos tiempos. Victoria Villarruel compartió un posteo con el lema “Verdad, Justicia y Reparación para las víctimas del terrorismo» donde la tergiversación de la frase no es tan sólo una provocación sino un intento de perpetuar el combate simbólico de una lucha.
Es curiosa la ausencia y el ocasional desuso de la palabra Memoria en sus intentos por inclinar la balanza. La Memoria no es el pasado, por el contrario, es mantener un presente cargado de significado que sirva de cimiento para el futuro que nos depara. Esta Memoria va en contra de los intentos neoliberales-libertarios de enterrar cualquier tipo de conciencia colectiva y de su fijación por un individualismo aislado donde cada uno es una isla respecto al que tenemos al lado.
Han pasado pocos días desde el feroz ataque y abuso a una militante de H.I.J.O.S, donde fue dejado un mensaje libertario con la célebre frase del Presidente “VLLC” (¡Viva la libertad carajo!). En un artículo de nuestra colega Micaela Bravo, “Lo que sembraron”, se menciona cómo está íntimamente relacionado a los discursos violentos de Milei donde insulta y menosprecia a todos aquellos que él considera “zurdos de mierda” e insiste en que no se les debe dar “nada”. Es que, efectivamente, tener de Jefe de Estado a alguien que aboga por la intolerancia y la violencia da luz verde a todo hijo de vecino para que haga lo mismo.
Cuando se intente minimizar la cifra, cuando se diga tan abiertamente que “no fueron 30.000”, sientanse libres de visitar el libro “El Dictador” de María Seoane y Vicente Muleiro, donde Videla plantea que la desaparición forzada fue elegida para poder llevar a cabo el exterminio del enemigo sin hacer saltar las alarmas de la sociedad:
«No, no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil. No había otra manera. Todos estuvimos de acuerdo en esto. Y el que no estuvo de acuerdo se fue. ¿Dar a conocer dónde están los restos? ¿Pero, qué es lo que podemos señalar? ¿El mar, el río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo».
Entre 1975 y 1978, los militares ya reconocían 22.000 víctimas de su accionar, jactándose de ello frente a sus colegas chilenos. Siempre es buen momento de repetir las palabras de Martín Kohan sobre la “polémica” cifra de los 30.000:
«La cifra de 30.000 es abierta en el sentido más fuerte de la noción de una cifra abierta. Es una interpelación al Estado, es una exigencia indeclinable de respuesta. Hay algo que increíblemente ha ocurrido en este retroceso ocurrido en estos años que son las características particulares que tuvo la represión y el terrorismo de Estado respecto de otras tragedias políticas: no tenemos muertos, tenemos desaparecidos. ¿Por qué? Porque la represión fue clandestina, porque no hubo cuerpos, porque se siguen buscando los cuerpos, se siguen buscando los niños apropiados. La cifra está abierta por eso. Y si la abrimos en 30.000, la abrimos en un colectivo y en un momento determinado, se postula e insisto en la idea de postulación porque no estamos en la disputa de cifras bajo comprobación. Porque si el Estado reprimió de manera clandestina e ilegal y los cuerpos los sustrajo y la información no la dio la cifra abierta no es sólo que no sabemos, no es que inventamos 30.000 como se dice tontamente o macabramente»
A 48 años del golpe cívico-militar es importante que como sociedad comprendamos la importancia de mantener presentes los ideales de “Memoria, Verdad y Justicia”. La Argentina es el único país de la región que logró condenar a los responsables del terroismo de Estado: Videla murió en la cárcel y yace en una tumba sin nombre, mientras que Pinochet fue enterrado con todos los honores atribuidos a un expresidente de Chile. En un contexto internacional marcado por el resurgimiento de la extrema derecha a nivel mundial, donde las experiencias autoritarias del pasado se niegan y relativizan, mantener viva la memoria se convierte ya no solamente en una forma de recordar los horrores del pasado, sino que resulta imprescindible para preservar la democracia en el presente.
Sigamos interpelando al Estado manteniendo presentes a los 30.000 y reforzando con fuerza: Nunca Más.





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