Una vez culminada la jornada del Pacto de Mayo, el presidente Javier Milei nos regalará otra de sus características imágenes en su perfil de Instagram. Al calor de la Inteligencia Artificial, el posteo mostrará con rasgos de Pixar a un presidente acompañado de sus hijos caninos. Pero además de ello, rodeándolo estará un Rogelio Frigerio cebando un humeante mate, un Martín Llaryora jugando de local ofreciendo un fernet a sus huéspedes y hasta Ignacio “Nacho” Torres es invitado a la postal, dejando rispideces de lado: a su representación gráfica se la ve emponchado con abrigos color amarillo. Cada representante está envuelto en su estereotipo. A espaldas de los avatares, la imagen de fondo muestra al Reloj Cucú de Villa Carlos Paz, con intención de brindar un guiño a la sede del Pacto, sin tener en cuenta que el mismo de hecho se llevó a cabo en Córdoba Capital. El presidente resta importancia a ese detalle y sube el posteo, dándose por satisfecho. El medio es el mensaje. 

A cuatro meses de su asunción, Milei descubrió los límites del gobierno a espaldas de los gobernadores. Aupado en que la ausencia de estructura a nivel nacional y la paupérrima cosecha respecto a elecciones provinciales de sus candidatos lejos estuvo de ser un limitante a su contundente triunfo en la segunda vuelta presidencial, el líder del ejecutivo planteó un enfrentamiento a cielo abierto con los referentes subnacionales desarrollado en tres sendas: el desprecio a los representantes electos por voto popular en el Congreso de la Nación, la desautorización constante a su ministro del Interior, Guillermo Francos, y la tomada de punto a la provincia de Chubut, a través de su gobernador, “Nacho” Torres, en un cruce propulsado en el principal tenedor libre informativo que ofrece el gobierno: los likes en Twitter.

El presidente demostró que el “No la ven” tiene sus puntos ciegos, o al menos que necesita de algunas cláusulas. Que un mandatario revise sus posiciones y plantee espacios de construcción conjunta con los gobernadores, incluso más allá de su símbolo político, debería ser una acción completamente normal, racional y entendible: si el Pacto de Mayo tiene aroma a concesión de Milei, es porque fue él quien se encargó de desatar con fuerza de manos y dientes cualquier puente posible con los líderes de las provincias. Recubierto del envión del discurso nocturno de apertura de sesiones, una de sus mejores performances discursivas desde su inicio en la vida pública -antítesis de aquella fatídica interviú donde nos contó dónde estaba él mientras nosotros veíamos a la señorita por internet-, el presidente demostró que a pesar del llamado al Pacto, seguía siendo el mismo rebelde de siempre: anunció al país que, por ejemplo, un funcionario público no podrá acumular millas personales en un viaje que sea pagado por un organismo público y que, pequeño detalle, la puerta de entrada a la tertulia cordobesa de mayo es dando el visto bueno a la controvertida Ley Ómnibus. 

De no mediar dentro del gobierno nacional una línea compartida respecto a las negociaciones de cara al Pacto, se corre riesgo de asistir nuevamente al festival de desautorizaciones, declaraciones que se pisan y contradicciones entre integrantes del principal cuerpo gubernamental. El fracaso de la Ómnibus en el Congreso, en donde la bancada oficialista exhibió desde fallas de lecturas políticas hasta falta de comprensión del reglamento legislativo, fue una primera señal de alerta para el “yo contra todos ustedes” de Milei. Más que una apuesta de revitalizar el federalismo, es probable que el presidente también haya observado con preocupación señales de una precoz devaluación de la imagen de la gestión: lo que debía ser la presentación y defensa de una ley que iba a “refundar” a la Argentina, se convertía en una máquina expendedora de memes a partir de las bajas performances de sus impulsores en la Cámara, rumores de posibles salidas de sus respectivas carteras que pisaron de cerca a Francos y de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y como si esto fuera poco, figuras de la oposición comenzaron a ser valoradas incluso por quienes en segunda vuelta se inclinaron por Sergio Massa: se elogió el ordenamiento legislativo que decidió asumir Miguel Ángel Pichetto, se le dio relevancia nacional a “Nacho” Torres y hasta Horacio Rodríguez Larreta desempolvó sus redes sociales para confrontar directamente con el presidente. Tres sujetos bien lejanos al kirchnerismo, de hecho el chubutense y el ex alcalde porteño pertenecen al PRO, cuyo liderazgo hoy está en disputa, lo cual podría continuar ralentizando cualquier acuerdo coalicional firme entre los amarillos y La Libertad Avanza.

Milei podrá decir entonces que no retrocedió sino que tomó envión: la convocatoria al Pacto de Mayo atraviesa a cualquier alianza entre gobernadores que empezaba a tejerse ante la cruzada del poder ejecutivo contra las provincias. “Si bien los diálogos entre Axel Kicillof, Martín Llaryora o Maximiliano Pullaro no se cortaron, sí se vieron obligados a tomar distintas estrategias de cara al llamado Pacto de Mayo” detalló Iván Schargrodsky en la anteúltima entrega de su newsletter “Off the Record”. El presidente vuelve a eclipsar a cualquier contendiente invocando a una narrativa donde LLA y PRO se tocan: la oposición acérrima al kirchnerismo, consciente de que difícilmente cuente con firmas de gobernadores fieles a Unión por la Patria, pero que contará con el apretón de manos de representantes del PRO y, muy probablemente, de fuerzas provinciales -teléfono para Martín Llaryora- y de incluso referentes radicales. Botón de reinicio para la relación entre el presidente y (parte) de los dirigentes de las provincias, incluso pudiendo Milei aspirar a arribar en tierras cordobesas también a un pacto definitivo y lo más duradero posible con la Propuesta Republicana.

Más de dos meses nos separan de la fecha. Milei fue blanco de algunas bromas respecto a anunciar con bombos y platillos una reunión a llevarse a cabo en tamaña franja de tiempo, en una Argentina que muta jornada a jornada, hora tras hora. El camino al Pacto cuenta con la confianza del presidente al arribo a números inflacionarios aceptables que inyecten optimismo en el sacrificio de la población, además de por supuesto pacificar sus reacciones para con opositores, en el plano real y virtual, y arribar a la cita lo más ordenado posible.

No es solo el tiempo, la apuesta económica y la retención de likes lo que puede perjudicar a la iniciativa de Milei: es también qué tan valorado es y será el camino hacia el Pacto de Mayo por parte de la población, la cual votó mayoritariamente en el noviembre pasado por un candidato que vivió al consenso siempre como una señal de debilidad, por usar una palabra suave, en contraposición al llamado a la unidad nacional que anunciaba Massa desde, justamente, Unión por la Patria. De hecho, la Argentina asistió a una prematura muerte del proyecto bicoalicional, con el Frente de Todos hundiéndose en su propia interna e incluso desapareciendo como marca, y Juntos por el Cambio desintegrándose por la incapacidad de “Halcones” y “Palomas” de convivir en conjunto bajo una presidencia mileísta. El escritor y docente Martín Kohan analizó el fenómeno en Futurock de manera sumamente interesante: “la crueldad está de moda”. ¿Cotizan en alto las largas mesas acuerdistas? ¿Salió bien eso en el pasado más próximo? Otro contrapeso para la estrategia de Milei: ¿cuánto puede estirarse y mirar para otro lado su concepto de casta, desactivado temporalmente para llamar a una misma mesa a gobernadores de diverso símbolo político? ¿Puede afectar esto a la credibilidad del mandatario, o la narrativa de JM aún tiene nafta para varios volantazos más? 

Para el presidente, una excelente o una pésima noticia, depende cómo se mire: mayo aún está muy lejos.

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