“Todos los países del mundo han salido adelante por medio de las políticas liberales” es una frase común de escuchar entre los seguidores de Javier Milei. También, encontramos otros comentarios varios que giran alrededor de la misma idea. Un ejemplo es un meme compartido por los partidarios de LLA en redes sociales, comparando la postal de una vibrante Seúl con una apagada y tétrica Pyongyang, dando a entender como la Corea que ha adoptado las políticas “liberales” se ha impuesto sobre la Corea que aplica políticas comunistas.

El propio Milei, en los debates presidenciales, mencionó que con sus políticas “alcanzaremos niveles de vida similares a Italia en 15 años, en 20 años Alemania, y en 35 Estados Unidos”. Más allá de un ligero error de medición, dado que en realidad Alemania tiene mayores índices de calidad de vida que Estados Unidos y no al revés, lo importante es resaltar que todos los países mencionados anteriormente no han alcanzado los niveles de desarrollo que tienen hoy en día gracias a las políticas que pretende aplicar Milei.

En el pensamiento del candidato libertario, todos los problemas del país en materia de producción y desarrollo se resuelven abriendo en su totalidad las importaciones y ya está. Los sectores que tengan ventajas comparativas sobrevivirán y competirán contra los productos internacionales, mientras que los “empresarios prebendarios” que solo existen porque “los mantiene el Estado” sencillamente quebrarán y cerrarán.  

Lo que no considera Milei es que esos “empresarios prebendarios” que solo existen porque “los protege el Estado y no son competitivos” representan el grueso del cinturón industrial argentino. La quiebra de este representaría miles de puestos de trabajo tirados al garete. Personas que, por cierto, tendrían severas dificultades para reinsertarse nuevamente al mercado laboral, dado que sus habilidades ya no son necesarias porque la industria se convertiría en un sector muy reducido y marginal.

Esta caída del empleo no tardaría en convertirse en una caída del consumo, afectando a la economía en su conjunto. Esto es corroborable mirando la historia económica reciente, donde los últimos periodos de apertura económica están acompañadas de subidas de la tasa de desempleo y procesos recesivos. Del 1993 al 2006 tuvimos más de una década con tasas de desempleo superiores al 10%. El gobierno de Mauricio Macri hizo una apertura muy  moderada, pero de todas formas el desempleo subió de 7,5% en 2015 a 9,8% en 2019. De hecho, es uno de los pocos indicadores económicos que han mejorado en la gestión de Alberto Fernandez, dado que el desempleo hoy en día arroja un 6,2%, mejor que en el último año de la administración Macri.

La importancia de un proteccionismo inteligente fue planteado ya dos siglos atrás, cuando Alexander Hamilton rebatió las teorías de comercio internacional que planteaba Adam Smith en la Riqueza de las Naciones (las que defiende Milei). Los colonos americanos se independizaron del Imperio Británico por diferencias en la política tributaria adoptada por este último, de ahí nació el lema “no taxation without representation”. Sin embargo, pese a su aversión a los taxes en materia interna, no dudaron en usarlos para proteger a su industria, dado que todavía no era posible competir contra la industria avanzada de los países europeos.

Años después, en el siglo XIX, Friedrich List utilizará el ejemplo de Hamilton para crear la teoría de la industria naciente y el “sistema nacional del mundo monetario”, que sentarían las bases de la política económica alemana a lo largo de la historia. De hecho, si volvemos al ejemplo de Corea del Sur. Tanto Corea del Sur, como China, Japón y los tigres asiáticos, se han convertido en las potencias que son hoy en día sobre la base del corporativismo y a un fuerte proteccionismo. Ejemplos de esto son los keiretsu en Japón y los chaebol en Surcorea, grandes holdings económicos familiares que reciben diversas facilidades por parte del estado. Si volvemos a Alemania, es histórica la relación entre el sector automotriz y la política

Un país que se ha “liberalizado” sin industrializarse de antemano es España en consecuencia de su ingreso a la Unión Europea. Esto condujo al desmantelamiento del sector industrial formado durante la dictadura de Franco, creando con ello una economía sumamente vulnerable a los shocks externos, exclusivamente basada en el sector de servicios y con tasas de desempleo del 13% en los buenos años y del 25% en los malos (en 1977 era del 5%), convirtiéndolo en uno de los países con menor crecimiento de la Eurozona. 

Con esto no se quiere  decir que lo que ha hecho el actual gobierno es lo indicado. Al contrario, Argentina siempre ha utilizado mal la herramienta del proteccionismo. En primer lugar, bombardeando a las empresas con una carga impositiva excesiva. En segundo lugar, destruyendo la inversión como consecuencia de la inflación. Además de la imposibilidad de ahorrar en moneda nacional, según información del Banco Mundial, el crédito interno al sector privado en la Argentina sólo alcanza un 16% del PIB, minúsculo en comparación de  Estados Unidos (216,3%), China (185,4%) e incluso Brasil (71,8%). Adicionalmente de ello, el mercado de valores nacional es pequeño y su capitalización bursátil es de apenas USD 40.000 millones, inferior a países de la región con economías más pequeñas como Perú o Colombia. 

En tercer punto, planteando un proteccionismo enfocado al consumo del mercado interno. Los países que han crecido por medio de plataformas industriales han enfocado la protección a industrias estratégicas para que compitan internacionalmente, tal como lo ha hecho Corea con el sector tecnológico o Japón con el sector automotriz. Cuando uno plantea un esquema proteccionista basado en bienes no transables (es decir, que se consumen en el país y no se exportan) lo que genera es una crisis de balanza de pagos, dado que se termina importando insumos para producir productos que no se exportan y se consumen de forma local. 

Existe una cuarta traba a considerar que es consecuencia del cepo cambiario, el cual provoca que el sector industrial no pueda importar maquinaria e insumos necesarios para la producción porque el Banco Central no cuenta con los dólares para hacer operaciones de importación.

Explicada dichas problemáticas, es necesario decir que todos los países que se han industrializado lo han hecho por medio de proteccionismo para afuera y liberalismo para adentro. Bajos impuestos, inversión, acceso al financiamiento vía crédito y mercado de capitales. Esas son las bases para crear una Argentina industrializada. No se puede culpar a la industria por la ineficiencia del soberano.

Por último, el pensamiento maniqueo de Milei de que los industriales son “unos empresarios prebendarios que están en contra de mis ideas porque viven del Estado” es ignorar la realidad económica antes citada. De hecho, ha sido el principal problema del liberalismo argentino a lo largo de su historia, siempre más preocupados en ser dogmáticamente liberales que en utilizar sus ideas para generar un modelo capitalista liberal adaptado a la realidad del país, tal como lo hizo el antes citado Hamilton, Ludwig Erhard en la Alemania de la posguerra y tantos otros.

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