Cada 20 de junio, para nuestra República Argentina bicontinental y oceánica, significa la conmemoración del Día de la Bandera en homenaje a su creador, Manuel Belgrano. ¿Podría haber imaginado Belgrano que, ese mismo año, su maravillosa creación iba a flamear en nuestras Islas Malvinas? Difícilmente. Para completar el paralelismo, importa traer a colación que 1820 (año en que fallece Belgrano) fue el año en el que el coronel argentino al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, David Jewett, al comando de la fragata Heroína, realizó en Puerto Soledad la toma de posesión de las islas Malvinas en nombre del Gobierno de esas Provincias Unidas.

Esta conexión de la historia argentina entre “la bandera de mi patria” y nuestras Islas Malvinas nos permite hacer un salto en el tiempo hasta la actualidad. Precisamente, hasta el 20 de junio del 2023, día que fue escenario de un hecho de suma relevancia y para nada distanciado en importancia de poner en alto nuestro sentimiento por la patria y la reivindicación imprescriptible por el ejercicio de la soberanía plena en las Islas Malvinas. 

Nueva York (EE.UU), fue la geografía donde se produjo la presentación y el trabajo arduo, como todos los años desde 1983, de la Delegación argentina ante Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas (C-24), que resultó satisfactoriamente en la aprobación de una resolución de amplio apoyo de la comunidad internacional.

Una vez más, a 41 años del conflicto de 1982, la contundente posición nacional sobre la Cuestión Malvinas fue expuesta ante la comunidad internacional como una Política de Estado, alineado con los esfuerzos oficiales por acrecentar el apoyo año tras año. En ese sentido, luego de una nueva seguidilla de jornadas de discusión sobre las preocupaciones y negociaciones en el Comité de la Organización de la ONU, se logró un amplio apoyo de la comunidad internacional, en el marco de una sesión que se dedicó exclusivamente al tratamiento de la Cuestión Malvinas. 

Merece una mención el apoyo logrado. ¿A qué se debe? En primer lugar, porque durante la reunión del comité hubo numerosos pronunciamientos declarativos a favor de los legítimos derechos argentinos, tanto de Estados miembros como no miembros del Comité. Entre ellos se destacaron los países de la región, algunos que se pronunciaron desde sus capacidades nacionales, y otros que adhirieron a las intervenciones en nombre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), y los Estados Miembros y Estados Asociados del MERCOSUR.

Seguidamente, Argentina contó una vez más con el apoyo de los países miembros del G77 y China (la mayor organización intergubernamental de países en desarrollo en las Naciones Unidas), a través del discurso pronunciado por Cuba (ocupa la presidencia del grupo), así como todos los países de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS), cuya intervención estuvo en manos de Brasil.

La contundencia de los apoyos durante las intervenciones involucró declaraciones como: «La cuestión de las Islas Malvinas es un legado histórico del colonialismo«, palabras del representante permanente adjunto de China ante las Naciones Unidas, Geng Shuang.

Una mención adicional sobre la plataforma del ZPCAS. Este año se llevó adelante una reunión a nivel ministerial en Cabo Verde luego de 10 años, que devino en y sostiene la decisión de plantear una estrategia común para  preservar esta región de las crecientes tensiones políticas entre las grandes potencias, las cuales se manifiestan muy especialmente en los espacios marinos.

Y su mención no es al azar. Se encuentra en sintonía con dos preocupaciones que se hicieron manifiestas en el C-24. Una de ellas vinculada con la desproporcionada e injustificada militarización por parte del Reino Unido en el Atlántico Sur, por ejemplo, con la reciente presencia de las llamadas “Fuerzas de Seguridad de Kosovo” (Argentina no reconoce a Kosovo como un estado independiente) en las Islas Malvinas. Y la segunda insta a dar continuidad a las tareas humanitarias de identificación de los ex combatientes, en el marco de las obligaciones que surgen del Derecho Internacional Humanitario.

Y no se puede obviar que, tal como menciona Juan Rattenbach (nieto de Benjamín Rattenbach, quien elaboró el Informe Rattenbach) cada vez que habla sobre el tema: “Estamos ante un momento oportuno pero complejo al mismo tiempo. Oportuno, porque el Brexit es una puerta de entrada para hablar de Malvinas donde antes no se hablaba. Es complejo, por otro lado, porque en América del Sur los países no tienen la misma unidad que alguna vez tuvieron, como cuando estaba la UNASUR funcionando en pleno.” 

Otro enorme movimiento en el tablero internacional tuvo lugar en el 2020. El gobierno argentino había pedido que se considere a las Malvinas como zona en litigio y no como territorio de ultramar del Reino Unido, en el marco de un acuerdo post Brexit que la Unión Europea (UE) negociaba con el Reino Unido para regular sus relaciones comerciales. Satisfactoriamente, la UE hizo parte al pedido de Argentina. En ello tuvo injerencia la resolución de las Naciones Unidas, que admite la existencia de una disputa de soberanía, y las constantes recomendaciones del Comité de Descolonización de la ONU, al que los británicos desoyen constantemente.

A su vez, tanto la oficialización de Barbados como República en 2021 y la novedad de que el primer ministro de Mauricio, Pravind Jagnauth, anunció el inicio de las negociaciones sobre la soberanía del Archipiélago de Chagos, ambos respecto del Reino Unido, no se pueden disociar en tanto proceso de descolonización contribuir a suturar la difícil herencia colonialista.

Es por ello que en el escenario de negociaciones en la ONU se reiteró enfáticamente el llamado al Reino Unido para que acepte dialogar bilateralmente con la Argentina a fin de encontrar, a la mayor brevedad posible, una solución pacífica y definitiva a la controversia de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

Y, en esa dirección, durante el plenario de este 20 de junio, el ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de Argentina, Santiago Cafiero, encabezó la Delegación y expresó, una vez más, enfatizó en “la inclaudicable reafirmación de los derechos argentinos y el compromiso del Gobierno argentino con una solución pacífica y definitiva de la disputa de soberanía, de conformidad con las resoluciones pertinentes de la Asamblea General y el propio Comité Especial de Descolonización.

Añadió durante su alocución: “Para los argentinos, las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes fueron, son y serán argentinas, porque esta historia de despojo es parte de nuestro pasado, pero son también nuestro presente y nuestro futuro”.

Al Canciller argentino lo acompañó el Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Guillermo Carmona, el gobernador de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella, así como senadores y diputados nacionales y provinciales tanto del oficialismo como de la oposición.

Además de la Delegación argentina, estuvieron presentes dos peticionarias argentinas, Clara Vernet y María Mercedes Moyano Walker, que tuvieron un espacio para intervenir en la discusión y dar testimonio de los derechos históricos argentinos sobre nuestras Islas Malvinas. Esto es posible gracias a que el C-24 habilita la posibilidad de que personas u organizaciones de la sociedad civil que deseen participar puedan hacerlo. María Mercedes, cuyos bisabuelos nacieron en las Islas, es Doctora en Ciencias Sociales por la UBA.

Por su parte, Clara es licenciada en Comunicación Social y Educadora Popular. Además, es descendiente de Luis Vernet, primer Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas y adyacentes al Cabo de Hornos. Su designación ocurrió 9 años después de que David Jewett tomó posesión de su cargo en las Islas Malvinas, en 1929, considerados como actos demostrativos de la soberanía argentina sobre las islas. Lamentablemente, nuestra permanencia se vio afectada en 1833, momento en el que Reino Unido expulsó por un acto de fuerza a las autoridades argentinas y, desde entonces, perdura una ilegítima ocupación de nuestras Islas Malvinas.

¿Qué es y cuál es el rol de C-24?

El Comité Especial de Descolonización fue creado en 1961 por la resolución 1654 (XVI) como órgano subsidiario de la Asamblea General de Naciones Unidas, tiene la función de velar por la aplicación de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de Naciones Unidas y en ese marco examina anualmente las situaciones coloniales que aún se encuentran pendientes de descolonización, adoptando resoluciones que permitan avanzar hacia el fin del colonialismo y velando por el cumplimiento de la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales. 

Actualmente, está compuesto por 29 Estados: Antigua y Barbuda, Bolivia, Chile, China, Congo, Côte d’ivoire, Cuba, Dominica, Ecuador, Etiopía, Fiji, Granada, India, Indonesia, Irán, Iraq, Malí, Nicaragua, Papúa Nueva Guinea, Rusia, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Sierra Leona, República Árabe Siria, Timor-Leste, Túnez, Tanzania y Venezuela.

En ese contexto, la Cuestión de las Islas Malvinas es una de las 17 situaciones coloniales aún pendientes de descolonización y que año tras año es tratada en el ámbito del C-24. Dato no menor: de ese total, 10 situaciones involucran al Reino Unido entre ellas, la Cuestión de las Islas Malvinas.

Imprescriptible reclamo de ejercicio pleno de soberanía

Como corolario, nuestro país cuenta con una enorme disposición de recursos, entre ellos, uno de los litorales más extensos del mundo y con una superficie de sus espacios marítimos que supera a la del territorio continental. Con lo cual, el océano, con toda la superficie que abarca, adquiere un carácter sumamente estratégico para su desarrollo y su futuro, por la riqueza de los recursos que allí se encuentran, como también por su valor para el comercio internacional. Motivo por el cual, el tablero geopolítico no puede prescindir de la solidaridad internacional para afrontar el colonialismo. Tampoco puede evolucionar sin duplicar los esfuerzos en términos de presencia militar y científico-tecnológica nacional para reafirmar nuestra soberanía.

Este año se cumple el 58º aniversario de la adopción de la resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es imprescindible que su naturaleza, la diplomacia nacional  y la solidaridad internacional den lugar a una discusión sobre nuestra soberanía 

Nuestro reclamo es una causa histórica, justa y perseverante.” Palabras de Guillermo Carmona.

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