Irán no va a esperar

Desde 2019 se observaba a los países de Oriente Próximo ávidos de un nuevo liderazgo regional. Dados los vaivenes de política interna y exterior, la estrategia de Irán es cada vez más clara: no va a esperar un compromiso nuclear ni que otros Estados le tomen la delantera. 

Mientras Washington ha buscado fortalecer su presencia en Asia Occidental, acercándose a Israel y Arabia Saudí, Irán hace lo propio con países dentro y fuera del continente asiático. Con el fin de estrechar lazos con otros Estados, de acuerdo con RT en Español (2022), Irán firma un memorando para su adhesión a la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), entidad intergubernamental creada en 2001 centrada en la seguridad regional y la cooperación económica y cultural Liderada por Rusia y China. 

La OCS representa uno de los pesos pesados del orden internacional actual, ya que, con India, Pakistán y los restantes de Asia central (Kirguistán, Kazajistán, Tayikistán y Uzbekistán), integran cerca de la mitad de la población mundial y un PIB global estimado por diversas fuentes de entre 20 y 30 por ciento.

El compromiso adquirido por el gobierno iraní de Ebrahim Raisi ocurrió en la cumbre de la OCS organizada en la ciudad uzbeca de Samarcanda donde, además, Putin y Xi Jinping se reunieron por primera vez desde el comienzo de la operación especial incursionada por Moscú en Ucrania. Con las felicitaciones por parte de China y la bienvenida brindada por Rusia, la nación persa ha calificado el acto como “una nueva fase de cooperaciones económicas, comerciales, de tránsito, energéticas, etc.” Cabe mencionar que Irán intentó acelerar su proceso de integración de pleno a la organización, no solo para beneficiarse en el aspecto económico sino de forma integral. 

Ante la necesidad de revitalizar las organizaciones internacionales, Irán mantiene la mirada en el fortalecimiento de los brazos estratégicos: al interior de la OCS, con la creación una moneda única entre los miembros que facilite los intercambios comerciales y financieros y fuera de euroasia, lo que trasciende hasta la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) con el eje Caracas-Teherán, en materia científica y tecnológica.

El unilateralismo y la multipolaridad, tendencias características del sistema internacional de nuestros días, aumentan el riesgo de conflictos y preocupaciones menos convencionales, más volátiles y tan complejos como inciertos. El interés individual de Irán aclara su posición en la dinámica mundial que se configura día con día, estableciendo mayor distancia ante los intentos de crear un mundo unipolar y las sanciones impuestas por Occidente, al tiempo que naciones como Arabia Saudí y Turquía figuran jugar a dos bandos. Irán no va a esperar para demostrar su capacidad como líder regional y, en un mundo multipolar, tampoco puede permitírselo.

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