¡Feliz día del amigue, lectores de Politólogos al Whisky!
Con motivo de la celebración de este día, desde el equipo de género nos parecía una buena idea hablar de sororidad. Un concepto que seguramente escuchaste o leíste y pusiste en discusión, porque como muchos otros conceptos que refieren a las mujeres, no deja de tener sus expectativas y polémicas
.
El término sororidad vino a irrumpir en nuestra vidas y cotidianeidades para ponernos de frente que había prácticas -patriarcales y machistas- que debíamos reveer entre mujeres. En un mundo caracterizado por la competencia, la envidia y los celos entre nosotras (prácticas que nos enseñaron por distintos medios) la sororidad venía a proponer(nos) otra realidad, otros tipos de vínculos más humanos y amorosos.
Pero antes de seguir… seamos un poco nerds
y vayamos a la definición y raíz del término que nos convoca:
La noción de sororidad existe desde hace mucho tiempo. El término fue utilizado por primera vez por la escritora estadounidense Kate Millett (autora de “Política Sexual” y referente del feminismo radical) en la década de los ‘60.
Sisterhood (hermandad entre mujeres) para aludir a la unión, sin distinción por clase social y origen étnico, a las mujeres del mundo – resumida en la frase “Women of the world, unite!”
Este término utilizado por las feministas radicales chocó con los movimientos de travestis y los movimientos de mujeres negras, por no ser tenidas en cuenta. Así, en 1984 Hazel V. Carby (historiadora feminista y activista afroamericana) publicó un artículo titulado: “White women, listen! Black feminism and the boundaries of sisterhood” en el que criticaba el concepto teorizado por Millet. Asimismo, denunciaba el universalismo de las mujeres blancas occidentales, al nombrar términos feministas (tales como patriarcado, familia, reproducción) que eran inútiles para explicar la realidad y vida de las mujeres negras.
Posteriormente, el término sororidad fue retomado por los movimientos comunitarios de mujeres latinoamericanas, en especial por la antropóloga Marcela Lagarde, quien le dió una vuelta de tuerca e incluyó más firmemente la dimensión política. Así, la autora define a la sororidad:
“Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer” (Lagarte y de los Ríos, pp. 4)
Ahora bien, más allá de haber esbozado algunas cuestiones teóricas, el feminismo, y sobre todo el feminismo latinoamericano, vino a sacudir y hacernos repensar nuestras formas de vincular(nos). Desde la primer marcha del Ni Una Menos en 2015, se fue gestando en América Latina una marea verde 
que nos encontró en las calles, en las aulas, en los espacios de trabajo, en las mesas familiares, en las juntadas con amigues y en las citas, en cada uno de los espacios de nuestras vidas repensando y (de)contruyendo la manera en como nos tratamos entre mujeres.
Sin embargo, y bienvenido sea, la sororidad no solo entró en nuestra esfera privada sino que también lo hizo en el ámbito público
, en el ámbito de la política. Como sujetas políticas la sororidad nos invita a seguir profundizando las redes que tejemos entre mujeres, no solo para empoderarnos sino también para conocer y empatizar con la realidad de las mujeres y disidencias.
En este sentido, nos queda mucho camino por andar y transitar colectivamente, ya que como plantea Dora Barrancos “el narcisismo es el peor enemigo de la sororidad.” Debemos seguir profundizando, escuchando y aprendiendo de las experiencias y cotidianeidades de las mujeres y disidencias que nos rodean, encontrar las diferencias que nos unen y nos hermanan como movimiento feminista. Seguir profundizando esa revolución interior que nos llevó a entender que la de al lado no es competencia sino compañera y partir de esa conciencia colectiva para seguir deconstruyendo y construyendo nuevas prácticas entre mujeres y disidencias.
Claro que no es una tarea fácil, todavía nos queda mucho camino por andar… pero hoy, luego de la experiencia y aprendizajes acumulados, que hemos vivido miles de mujeres a lo largo y ancho de América Latina encontrándonos y luchando por alcanzar nuestros derechos, entendimos que ya no estamos más solas y que juntas y sororas todo lo que nos propongamos es posible. Por lo tanto, la lucha no ha terminado y nos necesitamos más juntas y fuertes para seguir conquistando más y mejores derechos.
Recomendaciones:
Texto – Pacto entre Mujeres Sororidad de Marcela Lagarde y de los Ríos
Libro- El fin del Amor, querer y coger de Tamara Tenenbaum
Poesía- Amiga de Malena Saito. Por aquí un adelanto: Amiga | La tinta
Canción: (5803) Esjava – Sororidad (Official Video) – YouTube
Serie: My Brillant Friend, disponible en HBO




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