La moneda está en el aire: Colombia, ante una nueva cara del sistema o la cruz a la política tradicional

Artículo en conjunto con Bruno Diforti (@brunodiforti)

Llegó el momento de definir el próximo presidente de Colombia. A pesar de que ambos simularon su investidura con la banda presidencial puesta, lo que sería algo así como tocar una Copa antes de una final, este domingo 19 de junio será el turno para la ciudadanía colombiana de la segunda vuelta electoral. Una instancia en la que se dirime una posibilidad histórica para la izquierda democrática de colocarse como fuerza política dominante, contra un competidor conservador que convirtió el panorama en inédito. 

Gustavo Petro (40% en primera vuelta) y Rodolfo Hernández (28% en primera vuelta) confluyen en un escenario intenso, plagado de expectativas por quien ocupe un lugar en la Casa de Nariño por los próximos cuatro años. De un lado, un programa que se asocia al estilo socialdemócrata europeo por parte del ex alcalde de Bogotá; del otro, el ex alcalde de Bucaramanga que se ancla en lo que Francisco de Santibañes llama conservadurismo popular, que se podría sintetizar con el caso de Nayib Bukele en El Salvador.

En este marco, realizamos un análisis en el marco de expectativa e incertidumbre que tiñen la cita electoral de este domingo. Para ello, contamos con la perspectiva de la periodista española Marta Moya Dominguez, Magíster en Periodismo Político Internacional, quien se encuentra cubriendo el periodo electoral colombiano como parte del equipo de redacción de France 24 y el Orden Mundial (click aquí para acceder a la entrevista completa).

El lapsus electoral alcanza ya los 3 meses, habiendo comenzado en marzo con las elecciones legislativas, la primera vuelta presidencial hasta su epílogo de este domingo con el reñido balotaje. Dentro de las interpretaciones que se han hecho, la conformación del Congreso de la República de Colombia, el delineamiento de las alianzas políticas y la primera vuelta electoral deformaron y volvieron a moldear el escenario electoral.

¿Cómo llegamos a este tablero?

Uno de los factores es que el uribismo como fuerza política gobernante se alejó del centro de gravedad en lo que refiere al apoyo popular que acopió durante dos décadas. Ello hizo posible que emergiera una idea de “cambio” en Colombia. Este impulso por dejar atrás un estadio anterior se materializa a partir del anhelo por transformar, entre otras cosas, las condiciones socioeconómicas y políticas de un pueblo y una nación agotados.

Y aquí el punto en común entre los candidatos: ambos, en un sentido distinto, representan esa idea de cambio. “Con un discurso de una retórica muy diferente, pero le cuesta más hacerle frente a ese discurso. Colombia está ya decidido que va a cambiar, tenemos que ver hacia qué sentido”, comenta Marta. Y aquí es necesaria una segunda acotación. Petro hizo más visible el sentido de su idea de cambio, mientras que en Hernández es menos claro su impulso por cambiar el orden dado. Entonces, ¿Qué rumbo podría vislumbrar este cambio? Difícilmente se pueda hacer un pronóstico en el corto plazo.

Ahora bien, las asimilaciones a otros mandatarios nos podría servir de indicio para lo que podría avecinar. Petro pretende emular el libreto del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y del ex presidente -y actual candidato- brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. A estas dos figuras se le suma el recientemente asumido presidente chileno, Gabriel Boric, personalidad a la que Petro trata de emular con un discurso más progresista y menos combativo que el característico. Ambos se erigen como canalización del descontento social en países con poco margen hacia una izquierda estigmatizada.

De esta manera su proyección, en caso de ganar, sería reproducir una alianza progresista. El mismo Petro lo ha marcado de esa forma, diferenciándose de una anterior corriente continental (2000-2010), que se vio potenciada por precio de las commodities, encontrando su fin en su depreciación. Para el colombiano, la no dependencia del petróleo y otros recursos, significa mayor estabilidad para una alianza regional.

Por el lado del fenómeno Rodolfo Hernández, hay una asimilación más amplia, pero con varios paralelismos. Catalogándose como un personaje alejado de los partidos políticos tradicionales, sus semejanzas lo acercan a Nayib Bukele, Jair Bolsonaro y Donald Trump. Al respecto, bien podríamos considerar encuadrar al ingeniero como un candidato de “extrema derecha”. No obstante, hay ciertos matices, como por ejemplo que todavía en el horizonte no haya definido un liderazgo ideológico en su figura. De allí también surge una rápida comparación con Rodrigo Chaves, flamante presidente de Costa Rica, propietario de un discurso similar al de Hernández y baja representación legislativa y partidaria.

Es más bien un atrapalotodo que se mueve según la corriente de la agenda pública con un “populismo que se va moldeando por la opinión pública” aunque “si gana puede hacerse a la derecha en varias cuestiones”. Marta deja entrever que, si bien no hay una clara marca ideológica, el destino de Hernández pareciera ser la creciente y polular alt right ya conocida en el mundo.

Ahora bien, al observar cómo se llegó a esta instancia, corresponde tener en presente como antecedente, por un lado, el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz (2016), hito para la sociedad colombiana en torno a la historia de sus violentas guerrillas internas representadas por las FARC. Y, por el otro, las elecciones presidenciales del 2018, donde Iván Duque -bajo la maquinaria uribista- derrotó a Petro. En este sentido, consultamos con Marta cuales eran las marcas sociológicas en el terreno en relación a la guerrilla y su salida a través del tratado.

“Incluso Rodolfo votó No”. Desde esta apreciación vemos que “hay muchas similitudes entre los departamentos en los que ganó Rodolfo y en los departamentos en los que ganó el No en 2016, departamentos castigados por la violencia”. ¿Qué se puede esperar de Rodolfo en los acuerdos? En lo concreto, “directamente el ELN se adscriba a lo ya pactado”, en lo político representa a la Colombia “cansada de unos y de otros y que se sale del establecimiento y de los políticos de siempre” porque “siente que los distintos gobiernos no han hecho nada por ofrecerles soluciones a una situación extremadamente compleja por el conflicto armado”.

En verde, donde ganó el Sí en 2016, junto al violeta de Petro. El rojo del No coincide con el naranja de Hernández.
Fuentes: Wikipedia y La Silla Vacía.

Un breve repaso. En la primera vuelta Petro sacó 8.5 millones de votos, Hernández 6 millones y “Fico” Gutierrez 5 millones. Por detrás quedaron Fajardo  con 880.000, John Milton Rodríguez (voto cristiano) 274 mil, Enrique Gómez (derecha) 50 mil y el voto en blanco 366 mil votos. Con una participación electoral del 55% (más de 21 millones de votos) en un país donde no hay voto obligatorio, dos interrogantes que podríamos plantear son: ¿Cuál será la intensidad de la transferencia de votos que quedaron fuera de la carrera presidencial? ¿Cuánto puede variar la participación electoral entre elecciones?

En este sentido, el claro e inmediato apoyo de Gutierrez hacia Hernández marca que el polo derecho será completamente “rodolfista”, por lo menos los que vayan a votar. La disputa más reñida se da en torno a los votos de la -ya fragmentada- Coalición Centro Esperanza, dado que Fajardo se acercó a Hernández y Alejandro Gaviria manifestó su apoyo a Petro, resultando ese pequeño 4% una llave fundamental.

Ahora bien, a esta suerte de repaso histórico hay que añadirle un factor que permeó todo escenario pre electoral: las encuestas. Particularmente para esta ocasión, las mediciones por parte de diferentes consultoras arrojaron una paridad tal que podríamos encuadrar los pronósticos bajo un “empate técnico”. En referencia a lo que será una instancia verdaderamente reñida, conviene hacer algunas menciones.

En primera vuelta, resultó clave el silencio electoral que rige en Colombia, ya que “si no existiera ese silencio electoral, ya se hubiese conocido el sorpasso de Rodolfo a Federico en los últimos días de la campaña antes de la primera vuelta” comenta Marta. Este mismo silencio resulta fundamental para el clima de incertidumbre que reina hoy.

En primera instancia, el crecimiento de Rodolfo Hernández. En las últimas semanas, el candidato “outsider” midió, según los relevamientos, cada vez mejor su proyección en intención de voto. Tal es así que, luego de la primera vuelta, en varias de ellas se posicionó como primera preferencia de cara a este domingo. No obstante, el candidato por la Liga de Gobernantes Anticorrupción tuvo un estancamiento que le ocasionó su pronunciamiento acerca de diversos temas, mientras que el candidato por la coalición Pacto Histórico tuvo una leve alza en la intención de voto en las últimas horas antes del silencio electoral.

En segundo lugar, el comportamiento de los votos en blanco y los indecisos. En las semanas previas a las consultas interpartidarias tanto uno como el otro se encontraban, para la mayoría de los relevamientos, por encima del 10%. Luego de la cita del 13 de marzo, las proyecciones fueron menores, lo que se reflejó en que entre votos blancos y nulos hayan sumado un 3%. Sin embargo, durante el último tramo, la tendencia del voto en blanco comenzó a ascender, así como la indecisión. Lo que, naturalmente, le otorga un carácter más trascendental a la recta final de la carrera por la presidencia colombiana.

En ese sentido, tanto votos indecisos y en blanco, como movilizados entrarán en clave geográfica, aunque Marta cree que crecerá de “manera sustancial”. Las zonas costeras, bandos petristas, evidencian menor participación electoral que las regiones andinas, bunkers rodolfistas. Es por eso que el alza de sufragios es una contradicción: En el caso de Petro, pareciera que más votantes lo perjudican aunque necesita movilizar las costas. Para Hernández, un crecimiento del voto en blanco mermaría su aglutinación de votos, pudiendo ceder ante el sólido núcleo petrista. En síntesis, Marta releva también que es algo “un poco paradójico porque generalmente cuando la participación sube a la izquierda le favorece”.

La izquierda colombiana: ¿Ahora o nunca?

Hace tiempo que uno de los rótulos que han caracterizado a esta elección presidencial en el país cafetero es la posibilidad histórica de un primer gobierno de izquierda y progresista en sus dos siglos de existencia nacional. En ese sentido, para entender el lugar de la izquierda en Colombia, es imperativo tener en cuenta dos factores fundamentales: La permanente tensión con Venezuela y toda la violencia que ha perpetrado en la sociedad a partir de las guerrillas y los grupos armados.

Petro, como galvanizador de todas las izquierdas del país en el Pacto Histórico, surgió con fuerza para canalizar las movilizaciones de mayo de 2021 en un cambio socioeconómico del Estado. En 2018, por tanto, Petro se vio opacado por el voto antipetrista -y una campaña del miedo- que lo bloquearon en una elección parcializada entre lo conocido, con Duque a la cabeza del Uribismo, y la temida izquierda, desconocida en la historia gubernamental de Colombia. Marta lo sintetiza claramente en clave actual: “Los votos de Federico Gutiérrez la mayoría irán a Hernández, y no porque sean prorodolfistas, sino que son antipetristas”.

Su acompañante de fórmula, Francia Marquez, le ha dado especial fuerza en el voto femenino y ha consolidado su dominio de los estratos bajos de ambas costas y las grandes ciudades. El Pacto, destaca Marta, “apela al voto de los jóvenes y las mujeres para ganar”. Además, es dueño de los sufragios urbanos de clases medias hacia abajo, especialmente en la Costa Pacifico y en ciudades de altos números de marginación social como Cali.

La candidata a vicepresidenta es un fenómeno en sí misma. Ovacionada desde los cuatro costados en el estadio de su América de Cali, la representante de los ‘nadie’, “personas que no han tenido representación y que han sido totalmente dejados de la mano del Estado y de las de la representación pública. Francia ha sabido canalizar toda esa rabia, ese malestar y esa dejadez, para hacerla propia con un discurso muy potente” nos aporta Marta sobre una de las claves políticas de la nueva y potenciada izquierda colombiana, sobre todo porque se alza “con mucho coraje, porque estamos hablando de que ella es lideresa social y ambiental en un país con una tasa de homicidios de líderes sociales elevadísima.”

Francia, en tanto mujer afro, ambientalista y madre soltera, desafía todas las estructuras sociopolíticas que decidió romper con las normativas familiares y sociales de una era que solo existe en los polos de poder conservador (aún guardan mucho peso en Colombia). La dupla no sólo los enfrenta a fuerza de medidas económicas de redistribución, sino también desde la reestructuración de la matriz productivo industrial, desde lo cultural y lo social.

La evocación de los factores venezolanos y guerrilleros tiene un propósito concreto: son los dos estigmas contra los que ha debido luchar Petro en su carrera presidencial, tanto ahora como en las ocasiones anteriores. Fake news difundidas acerca de la migración del país vecino, la admiración de Petro por Hugo Chávez y la reticencia a las posiciones más conservadores que han marcado un acercamiento entre Colombia y Estados Unidos, potenciado por su alianza con la OTAN, el Plan Colombia implementado por Bill Clinton y la férrea oposición del referente Álvaro Uribe a la corriente progresista de los 2000, comandada por el mencionado Chávez, Evo Morales, Lula da Silva y Néstor Kirchner.

Entonces, ¿qué posibilidades y limitaciones puede encontrar un gobierno de izquierda para imponer una agenda en Colombia? En tono progresista, Petro busca instaurar la transición energética en un país de un fuerte arraigo natural y un respeto por las tradiciones de la tierra tienen lazos para tender en un contexto donde el cambio climático deja en oposición a los escépticos. No así Hernández, recordado por un polémico episodio en el que desconoce el Acuerdo de Escazú, caracterizado por los objetivos verdes a nivel latinoamericano.

En cuanto a lo socioeconómico, Petro enfatizó en reestructuraciones impositivas que tengan muy en cuenta la diferenciación de estratos. Aquí radica un gran escollo, dado que una reforma impositiva propuesta por Duque fue lo que movilizó el estallido social de 2021, sumado a que en el país el poder del establishment es considerable, teniendo en cuenta que han estado aliados al gobierno uribista durante prácticamente todo el siglo XXI. Petro ya fue explícito en torno a una reforma tributaria real, donde busca ir sobre los estratos más altos, a sabiendas que eso “implica pisar callos de privilegio”.

Continuando con sus propuestas sociales, ya no con foco económico, se encuentra además una medida que puede encontrar apoyos y resistencias, tanto en el pueblo como en el Congreso. Petro está decidido a restar poder al ejército colombiano, esto tiene impacto tanto en la milicia como en el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) que, con un supuesto enfoque de contención a la violencia pública, quedó en el ojo de la tormenta en mayo pasado: un informe lo posiciona como el responsable mayoritario de las víctimas fatales entre pobladores civiles que salieron a manifestarse en el marco del estallido. Aquí se puede ver la conducción del descontento de las movilizaciones de 2021 hacia Petro, dado que “el votante petrista está muy movilizado”, está fuertemente decidido porque “sabe que hay enfrente es un peligro” como bien marca Marta.

Entonces, Petro encuentra sus limitaciones económicas en su imagen “venezolanizada”, con campañas del miedo por parte del establishment y los altos estratos hacia un cambio económico que perjudica al país. Y sus intenciones programáticas en lo social se ven bloqueadas por la imagen guerrillera del candidato izquierdista, debido a su pasado en el M-19, lo que le adjudica un calificativo negativo en torno a la sangrienta y sufrida historia de los colombianos -sobre todo al interior del país- con estos grupos armados. De hecho, Marta asiente en que es aún “una figura asociada a la guerrilla”, por lo que la asociación a ese momento lo hace claro perdedor de las zonas más afectadas, regiones de voto rodolfista.

El principal rival del Pacto Histórico, no solo es Hernandez, sino que se enfrenta también al estigma que le han adjuntado su posición ideológica y su pasado guerrillero. De ello “se siguen difundiendo fake news de que Petro estaba en la toma del Palacio de Justicia y que ha matado a gente. Que estaba alineado en la parte más militar del M-19, aunque Petro estuvo mucho más en la parte política” aporta Marta, como lectura para entender la base antipetrista. Por eso, el cambio -dentro del sistema- significaría en Colombia un desafío para el primer mandatario de izquierda, tanto en sus medidas como en la consideración del progresismo en el imaginario político de la sociedad.

Demoler todo para empezar de cero: la Colombia del ingeniero

El perfil de Rodolfo Hernandez resulta más profundo de analizar, dado el poco conocimiento general sobre el mismo. El sorpresivo finalista tiene un corto, aunque intenso, recorrido desde la alcaldía de Bucaramanga, y rápidamente se lo ha asimilado a perfiles como Donald Trump por “dejes nacionalistas de vamos a levantar Colombia, pero desde los colombianos y desde nuestra colombianidad” compara Marta, aunque no profese claramente su ideología.

Un eventual gobierno de Hernández es aún una incógnita porque, si bien ha explayado alguna de sus propuestas, al ser un outsider y un férreo anti política, es difícil imaginarlo en el Ejecutivo mientras que en el Legislativo solo cuenta con dos diputados. En ese sentido, no está de más recordar que en sus pasos como concejal a fines de los 90’, Hernandez esgrimía, en su desinterés por las sesiones, que el verdadero poder es el del Alcalde (Ejecutivo) y la legislación le resultaba “inocua”. En ese sentido, si gana, Marta adelanta: “o cierra el Congreso o va a tener que sumar esos apoyos a través de quienes él está constantemente criticando.”

Su paso como Alcalde de Bucaramanga arroja resultados positivos, con modernizaciones para la ciudad y, sobre todo, una eficiencia en los manejos económicos. Hernandez recibió a la ciudad endeudada en sus cuentas fiscales, las que casi 4 años más tarde entregó en superávit. Sin dudas sería difícil afirmar que realizó un mal gobierno municipal, a pesar de haber incumplido promesas de campaña como la construcción de casas o entrega de tierras para los estratos más bajos. Lejos quedó la consolidación de la “Barcelona de Sudamérica”.

De pocas apariciones públicas -como en la actual campaña-, lo que sí quedó es su mensaje, que se ha caracterizado por su directa comunicación con los ciudadanos a través de las redes sociales. Ha transmitido su paso por Bucaramanga prácticamente en vivo por Facebook, medio escogido para interactuar y para también mostrarse implacable incluso con sus funcionarios, estableciéndose como el representante del pueblo que acabaría con las burocracias y negocios sucios de los políticos, respondiendo en primera persona consultas o reclamos de los ciudadanos y confrontando contra la clase política incluso aunque no fuera necesario o no tuviera los argumentos para hacerlo.

Desde allí han surgido los dos puntos débiles del intempestivo alcalde. Por un lado, el episodio de la cachetada a un concejal opositor ha marcado su carrera y lo posiciona como un gobernante poco propenso al diálogo y, sobre todo, temperamental. ¿Cómo sería un debate con funcionarios opositores? ¿Por eso ha evitado debatir con Petro? Sus reacciones fueron preocupación para su equipo de campaña, que lo ha mantenido alejado de confrontaciones.

Marta nos indica que su mensaje anticorrupción ha calado mucho y muy bien en la sociedad colombiana, tan bien que su lucha y discurso contra la corrupción no llegó a verse opacada por el caso que ha estallado en su contra. La polémica involucra a su hijo en una denuncia por lobby a favor de una empresa de recolección de basura postulante para dicha tarea en la ciudad de Bucaramanga, proceso para el cual Hernández se encaprichó con la contratación de un asesor por parte de la alcaldía.

Además de las propuestas referidas a la anticorrupción, el ingeniero ha presentado un plan con algunos puntos claros y otros difuminados, en donde enuncia una intención pero no la sustenta ni en formas ni en fondos para llevarla adelante. Tal es así que la condonación de deudas de los estudiantes del Icetex no especifica financiación, ni cuál será la adaptación del Estado al pasar del 19% al 10% de IVA, tampoco el gravamen de ciertos productos exentos que se sumarían al cobro de valor agregado. No dice cuáles, ni cómo los agregaría.

Tal como narró sobre sus aventuras noventeras, lo que impulsó aquel Plan 100 de construcción de viviendas que cimentó su fortuna, fue la venta de emociones. Los argentinos Meque y Vazquez, pilares de su comunicación y marketing personal, asienten en que el énfasis en el título de ingeniero, como sus premisas cortas y efectivas son marca registrada de la construcción del perfil de Rodolfo.

Acostumbrado más a decir y hacer que explicar, se le endilga el carácter intempestivo pero también una capacidad de escucha en temas que desconoce. Su estrategia comunicacional le dio éxito en redes sociales, aquellos planes de hace tres décadas parecían estar a la vanguardia en comunicación digital. Así se posicionó como el Rey de Tik Tok: mensajes cortos, divertidos, emocionantes y de bajo contenido técnico. Hizo base en el imperativo categórico propuesto por Kant, donde el discurso propio adquiere una valoración moral que lo hace digno de ser emulado.

En esa lógica estructuró su modelo presidencial, coincidente también con los ya presentados perfiles de extrema derecha, donde los mensajes se hacen más fuertes, menos argumentados e intentan interpelar directamente al oyente sin requerir una preparación o interés de su parte.

Tal vez sea por eso que se encuentra otro punto fundamental de coincidencia: la construcción de su votante mayoritario. Hernandez fue muy apoyado en sectores alejados de las grandes urbes y al interior del país, en clases medias y bajas. En zonas rurales, alcanzó el voto de sectores con buen poder adquisitivo, mientras que en las zonas urbanas no pesó por fuera de los estratos 2 o 3, algo que Marta acompaña en torno a la educación de los votantes de Rodolfo, contrariamente a “las plazas estudiadas que votarán a Petro concienzudamente”. Su polo demográfico más fuerte está entre los 25 y 44 años, con menor apoyo juvenil que Petro y baja penetración en adultos mayores, una base más uribista -que puede adoptar en esta vuelta-.

Podríamos comparar la construcción del votante rodolfista con el le penista francés, un modelo con medio o buen pasar económico cansado del excesivo progresismo/globalismo urbano, que se ve enemigo de la clase política y apoya a este tipo de candidatos antisistema. Lo mismo puede verse en el fenómeno trumpista, derrotado en casi todas las grandes ciudades estadounidenses en 2020 pero dueño absoluto del voto rural.

Finalmente, la construcción de su perfil –y su admiración– hacen muy práctica la comparación con Nayib Bukele, decidido, polémico y confrontativo, el ingeniero no se pondrá colorado a la hora de desconocer el poder legislativo y la estructura estatal, presentándose cercano al pueblo, lo que en el corto plazo podría sembrarle una buena imagen inicial en una supuesta presidencia, pero a fin de cuentas probablemente desgastante en preocupantes niveles para las instituciones democráticas de Colombia.

Los giros de la moneda son tan inciertos como atrapantes, a través de este análisis nos permitimos pensar las características de cada posible gobierno, con amenazas, debilidades y propuestas. Lo que pase al cierre de la tarde escapa a cualquiera de nosotros, quedamos a la espera de que un resultado ajustado no se traduzca en desconocimientos instituciones y/o electorales. A los búfalos, mejor verlos lejos de los Congresos y residencias presidenciales.

Escrito por

Estudiante de Ciencia Política en la UBA. Vivo en Quilmes, apasionado por el deporte, la música y conocer cada rincón de este mundo. Caminando por la senda del Taekwondo y con la cabeza puesta en la realidad internacional.

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