¿PANDEMIA, CUARENTENA O DISTANCIAMIENTO? LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS

25/08/2020 por Ana Clara Schettini (@anaclaraschettini)

En las últimas semanas, a raíz del anuncio del presidente Alberto Fernández del 15 de agosto, en el que afirmó que se sigue “(…) hablando de cuarentena sin que en la Argentina exista cuarentena porque la gente circula, porque los negocios se han abierto y la actividad Industrial ya está funcionando por encima del 90%”, se ha generado el debate en torno a los nombres y términos utilizados por parte del gobierno nacional para referirse a las medidas tomadas en el contexto actual de pandemia que atraviesa el país.

Muchos podrían quitar relevancia a dicho debate, después de todo ¿Qué más da que se hable de pandemia, cuarentena, aislamiento o distanciamiento social? Al fin y al cabo, el nombre pareciera no modificar el contenido de una medida o de una política pública. Sin embargo, la importancia de las denominaciones radica en su impacto en las percepciones y en las configuraciones de sentido de la sociedad. Las palabras cargan significados, símbolos y valoraciones múltiples y los nombres que se asignan a las cosas impactan tanto en la forma en que se las piensa como en la forma en que se actúa frente a ellas. En este sentido Santander  (2011) afirma que el lenguaje no es transparente, que este muestra pero también distorsiona y oculta. Así, tal y como afirman Manosalva Mena y Guzmán Muñóz (2013) los sujetos producen lenguaje y sentidos y, a la vez, son impactados por estos.

A modo ilustrativo, se podría plantear el siguiente ejemplo de dos posibles titulares ante la caída de la economía de un país X en el contexto actual:

“Cae la economía un 10,2% por la pandemia” / “Cae la economía un 10,2% por la cuarentena

A simple vista no pareciera ser relevante la elección entre un término u otro, pero ambos conllevan una carga significativa diferente: mientras que en el primer caso al hablar de pandemia se atribuye la culpa o la responsabilidad a una situación que nos excede, sobre la cual no se tiene culpa alguna, en el segundo caso se la atribuye a una medida específica tomada por una autoridad. Aquí se puede ver la importancia de las denominaciones y los significados subyacentes y cómo la elección de una u otra no es inocente o indistinta.

Ante el malestar social frente al prolongamiento aparentemente indefinido de las medidas para paliar con el virus, podríamos asumir que el equipo de comunicación del Presidente recomendó dejar de utilizar el término “cuarentena” en los anuncios oficiales para referirse a dichas medidas y así lo hizo Fernández, tal y como se ve en la cita del comienzo. Sin embargo, esto podría haber desatado el efecto contrario, donde se plantea desde parte de la ciudadanía y los medios que, si no hay cuarentena, se debería poder llevar adelante actividades de manera normal, sin restricción sanitaria alguna. 

Frente a esto podría plantearse que el cambio de terminología ha llegado demasiado tarde, dado que el uso de la palabra “cuarentena” ya está instalada dentro de parte de la sociedad con una connotación negativa. Quizás, de haberse tomado esta decisión 100 días atrás cuando comenzaron las primeras flexibilizaciones, el efecto hubiera sido otro y hubieran sido capaces de controlar la narrativa. Al querer modificarlo ahora, no tiene asidero ni en la sociedad ni en los medios de comunicación, dado que, dentro de un sistema de significación social – por muy diverso que sea – es muy difícil que un actor pueda modificar algún aspecto de dicho sistema de manera unilateral, sin apoyo del resto de los actores sociales 

El término “cuarentena” podría haber dejado de significar «aislamiento preventivo a que se somete durante un período de tiempo, por razones sanitarias, a personas o animales» para adquirir una connotación ligada, quizás,  al cansancio social de un sector de la ciudadanía. Ante esto, si el gobierno nacional pretende revertir la percepción social en torno a dicho término –y en consecuencia, en torno a su accionar para enfrentarla pandemia- se encontrará en una situación en la que difícilmente saldrá airoso. “El lenguaje no se considera solamente un vehículo para expresar y reflejar nuestras ideas, sino un factor que participa y tiene injerencia en la constitución de la realidad social” (Santander, 2011:209). Las palabras y términos que se utilizan, al estar cargadas de significados, impactan en la percepción de la situación, tal y como se evidenció en lo dicho anteriormente. Toda esta situación sirve como un nuevo ejemplo sobre la importancia de la comunicación por parte de un gobierno y las consecuencias que puede acarrear un error comunicacional. Las políticas públicas no deberían ser pensadas como algo separado o sin relación con la comunicación, sino que deberían ser parte de un mismo proceso simultáneo dado que, tal y como afirma Mario Riorda, toda política tiene un formato comunicacional.