LA REPRESA QUE PUEDE CAMBIARLO TODO

18/08/2020 por Magalí Torres (@torresmagali)

Desde 2011 se inició en aguas del Río Nilo un proyecto hidroeléctico perfilado para ser el más importante del continente africano. Etiopía emprendía el plan de levantar la “Gran Presa del Renacimiento Etíope”, una barrera física que podría almacenar hasta 70.000 millones de metros cúbicos de agua, produciendo ante su liberación una fuente renovable de energía limpia para una nación que ha invertido todo su esfuerzo en este proyecto.
Sin embargo, el mismo no vino sin costos. Lejos de referirse a los económicos – que si bien fueron muchos, también fueron parcialmente subsanados por inversión china – los más altos son hasta hoy los diplomáticos. El Río es un recurso primario para Etiopía tanto como lo es para Egipto y Sudán, con poblaciones que aumentan en número a ritmos acelerados y con una dependencia económica clara respecto de las aguas del Nilo. La construcción de la presa en cuestión se encuentra casi completa y entre las partes, a nueve años de negociación, aún no hay signos de acuerdo.

Según el gobierno egipcio la obra puede ser “de vida o muerte” (Al-Sisi, Noviembre 2014). Se estima que ante la disminución del caudal por la retención del mismo en la represa, la poca profundidad del delta junto a las altísimas temperaturas que la zona alcanza en el verano podrían causar la evaporación de la misma y dejar a Egipto sin recurso de agua casi a criterio del gobierno etíope. El Nilo Azul, brazo del río del que desciende el agua que llenará la represa, aporta el 86% del caudal que eventualmente llega a El Cairo, pasando por territorio sudanés.

Por otra parte, Sudán, quien inicialmente se mostró cooperativo con el gobierno de Etiopía para las negociaciones, sólo parece estar tomando dimensión de la gravedad del proyecto a vísperas de iniciar su funcionamiento. Años de convulsión interna llevaron a la falta de atención ante la disputa de recursos y a encontrar cercanía más fácilmente con el gobierno etíope en un dos contra uno hacia Egipto, de quien históricamente lo separan aún más diferencias.*

La represa estaba en agenda para iniciar su funcionamiento durante Julio de 2020 pero debido al imprevisto de la pandemia la inauguración ha sido postergada por tiempo indefinido. Independientemente, durante la primera mitad del año la tensiones se han acrecentado al punto de amenazar al gobierno egipcio con atacar la construcción de no detenerse por motus propio. Si bien la vía de ataque convencional terminó siendo disuadida para la gestión de Al-Sisi, ahora el gobierno egipcio parece haber virado su reclamo hacia la comunidad internacional; recurso evitado hasta última instancia dado la frecuente crítica de la misma hacia su gobierno.

Durante el mes de Julio tanto Egipto como Sudán reclamaron disminuciones graves en los caudales de llegada a sus territorios y acusaron a Etiopía de haber iniciado la retención de agua a espaldas de ellos. Un comunicado del presidente sudanés Ahmad al Bashir declaró que el río ha descendido en unos 90 millones de metros cúbicos diarios por lo menos durante la primer semana del mes; el gobierno etíope por otra parte respondió a las acusaciones declarando que el agua retenida actualmente en la represa es solo aquella producto de las intensas lluvias de las últimas semanas.

El proyecto hidroeléctrico tiene mucho más en juego que una mera inversión, las dificultades económicas y los niveles de conflicto en la región se ven propensos a volverse cada vez más significativos en tanto las tensiones se acrecentan entre las partes y todo intento de conciliación sobre la mesa termina descartado. Durante la última semana se dieron por concluidas sin éxito las mediaciones en el marco de la Unión Africana, donde la presidencia pro tempore se encuentra actualmente a cargo de Sudáfrica y cuyo presidente intentó arbitrar la llegada a un acuerdo.

Ahora, el gobierno de Al-Sisi ha elevado la apuesta aún más y llevado su reclamo directamente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas argumentando que la represa amenaza su seguridad económica, pidiendo intervención activa del órgano y advirtiendo que de no hallar solución, se usarán “todos los medios necesarios”  para proteger su caudal del río (Al-Sisi, Junio 2020). Desde Etiopía se respondió con crudeza a la amenaza: “Si no se llena la presa, será cuando estemos dispuestos a demolerla.” (Ahmed, Julio 2020).

En un continente sin descanso por el conflicto interno y en el marco de una incansable pandemia mundial, la relación de los tres países se deteriora cada vez más por una lucha anticipada desde principios de siglo. Puede que quienes auguraron que la próxima guerra sería por el agua encuentren su validación en una disputa que lleva casi una década y que pronto encontrará su ebullición cuando, inevitablemente, el agua comience a subir.

* A modo de ejemplo, puede mencionarse el conflicto fronterizo respecto al Triángulo de Halayeb, el recelo de Egipto ante las cada vez mejores relaciones entre Turquía y Sudán; y las acusaciones del gobierno egipcio de que desde Jartum se brinda apoyo a la Hermandad Musulmana, partido del ex-presidente egipcio Mohamed Morsi, quién fue derrocado en 2013 por la actual gestión.