LA EXPLOSIÓN DE BEIRUT QUE PODRÍA LLEGAR MÁS ALLÁ

11/08/2020 por Natasha Buchichia (@natashabuchichia)

El pasado martes 4 de agosto, la capital del Líbano, Beirut, captó la atención de numerosos medios internacionales debido a una explosión de gran tamaño en el puerto de la ciudad. Según afirman las autoridades, la explosión se produjo a causa del mal almacenamiento de 2750 toneladas de nitrato de amonio durante décadas. Conforme lo que se conoce y confirma, provocó alrededor de 5000 heridos y 154 muertos, al igual que conmoción a nivel internacional a raíz de la viralización de múltiples videos e imágenes, tanto del momento de la explosión, como de las represalias sufridas en las cercanías. Aún así, poco se ha hablado de la crisis social y política que ha estado enfrentando el país hace ya varios años.

El presente suceso ha servido como un re-impulso para que decenas de personas se acumulasen frente al parlamento libanés para protestar ante la incompetencia del gobierno para demostrar la causa de la explosión. A su vez, numerosas personas han acusado a Hezbollah como el responsable de la explosión, sin embargo la organización ha manifestado el pasado 7 de agosto, a través de su líder Hassan Nasrallah, que no presenta ningún tipo de conexión con lo sucedido, ni que el lugar en el que tuvo origen la explosión funcionase como  depósito para armas del Hezbollah. Al mismo tiempo han realizado un llamamiento a la solidaridad, manteniendo que ellos han ayudado a las víctimas y que el caso debe ser investigado. 

Ante la falta de certezas y la ineficacia del gobierno, los libaneses salieron a la calle para reclamar respuestas, siendo el resultado la dimisión del Primer Ministro. Pese a esto, las manifestaciones no son algo nuevo. El malestar social, se remonta a un año atrás, específicamente a octubre del año 2019, en donde la explosión se centró en la inequidad social y la corrupción en la política. 

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Fuente: World Inequality Database

Los datos recolectados por la organización World Inequality Database enseñan la diferencia de ganancias de los contribuyentes anuales en el Líbano basado en el PBI de dicho país. Así se encuentran aquellos que conforman la parte ‘inferior’ siendo el 50%, y la parte ‘superior’ siendo el 1% y el grupo con más riqueza del Estado. Así, según el Banco Mundial, el 59% de aquellos libaneses que pagan impuestos ganan el 22% del total del PBI, en contraposición al 2% de la población que gana el 17%. 

Sumándose a esto, el país es uno de los principales destinos para los refugiados, ya que según el ACNUR y OXFAM, alberga a 1,5 millones de refugiados sirios registrados que han escapado de la situación en su tierra natal, pero se estima que hay muchos más sin estar registrados. A su vez, el Estado alberga más de 174.400 refugiados palestinos desde antes de la crisis de Siria, estableciendo una crisis migratoria debido al hacinamiento y colapso de la poca cantidad de campamentos y comunidades ya existentes. 

Teniendo en cuenta la presencia de palestinos en el Líbano, hay que mencionar que los mismos han protestado en contra del Estado en julio del 2019 por medidas laborales consideradas como discriminatorias e injustas, precarizando su situación laboral. De todas maneras, los palestinos no son los únicos que sufren de dificultades en el ámbito laboral ya que los propios libaneses, en su mayoría jóvenes, no pueden ingresar en el mercado. Esto es provocado por las leyes laborales libanesas que imponen restricciones burocráticas al ámbito empresarial, junto con multas y tarifas que imposibilitan el cambio estructural de una organización, y conllevan a que los directivos no contraten gente o decidan seguir con los empleados de hace años. Además, se ha configurado una competencia por el trabajo informal debido al ingreso de los refugiados sirios en el mercado, aumentando los roces y el malestar social generalizado. Así, el Líbano, presentaba en el año 2018 un 32% de desempleo juvenil, junto con un alto nivel de delincuencia.  A esto se suma un 44% de empleo en negro,  en varias industrias registradas incluyendo servicios. 

Como bien se mencionó, la desigualdad social y económica no es la única arista en la cuestión libanesa, ya que la dimensión política está fuertemente arraigada en el malestar colectivo. Cabe destacar que el Líbano es una de las naciones más endeudadas del mundo en relación a su PBI según Visual Capitalist con recopilación de datos del Fondo Monetario Internacional. 

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Teniendo esto en claro, se puede entender cómo la situación libanesa se condensa. La deuda financiera a la par de la desigualdad social, la implementación del impuesto a los usuarios de Whatsapp del año pasado, el gran número de trabajadores informales, las múltiples restricciones al mercado laboral y el estancamiento económico debido a esta última, unido al contexto internacional y la situación de los refugiados sirios y palestinos en el Estado, ofrecen un panorama mucho más amplio de la situación que enfrenta el país. Por lo tanto, ver solamente una cara de la realidad del Líbano es un error que debe corregirse. Todos estos factores son ‘las dos caras’ de una misma moneda, ya que se configuran y actúan como uno. 

Algo que hay que destacar como otro factor influyente en esta situación, es la corrupción política que irrumpe en la vida social de los libaneses en relación al voto, ya que 1 de cada 2 libaneses se le propone un soborno a cambio del mismo o llega a presionárselo. Debido a la falta de existencia de leyes electorales eficientes en el Estado desde el año 2009, el abuso de la autoridad en cuanto a contrataciones ilegales por parte de agencias estatales para garantizar los votos a través de la compra se ha hecho muy común. A su vez, la lucha contra la corrupción en el país se concentra en una sola organización -la Comisión Especial de Investigación-, lo cual no es muy eficiente. 

Actualmente la crisis política se ha ampliado hasta el punto en que el Primer Ministro Hassan Diab, junto con su gobierno, dimitan el pasado 10 de agosto del presente año luego de ocho meses de gestión. El mandatario expresó su frustración diciendo que «la corrupción en el país es más grande que el Estado». 

A su vez, la embajadora libanesa en Jordania, Tracy Chamoun, expresó días antes al momento de su demisión que la situación del puerto de Beirut demostraba que era tiempo de un cambio de liderazgo político en el país. Dicha renuncia fue, en sus palabras, símbolo de protesta en contra de la negligencia del Estado. Sin embargo y sin importar la crisis económica ni sanitaria a causa de un rebrote de COVID-19, el presidente libanés declaró que no renunciaría a su cargo bajo ningún motivo.

Estas actitudes podrían llegar a reforzar la visión social de que el Estado está siendo incapaz para llevar adelante una respuesta nacional e internacional de lo sucedido, e impulsar a que las manifestaciones actuales sean cada vez más disruptivas, violentas, y lleguen a ampliarse en términos de magnitud, como llegaron a serlo el año pasado. 

Así la percepción de corrupción, las renuncias políticas, el malestar social en torno a la desigualdad y la inefectiva respuesta estatal pueden llevar al Líbano al punto de quiebre tan pronosticado por aquellos analistas de dicha región.