LA DIPLOMACIA SE JUEGA POR ZOOM

24/09/2020 por Lucas Mercado Gutiérrez

Hace 75 años, más precisamente en 1945, 51 Estados ratificaban la necesidad de que las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial no ocurriesen nuevamente y que los conflictos futuros encontrasen vías institucionales y pacíficas para su resolución. Fue así como surgía la Organización de las Naciones Unidas, buscando dar mayor previsibilidad a las acciones externas de los Estados de la comunidad internacional. 

En la conmemoración de los aniversarios, una tradición indica que los 75 años representan el “aniversario de brillantes”. Pero ¿cuán cerca está este compromiso asumido en octubre de 1945 de hacer honor a ese nombre? ¿Cómo afecta la virtualidad al principal evento diplomático del año?

Sin lugar a dudas, el desfile de Jefes y Jefas de Estado, las reuniones bilaterales, los desencuentros y los gestos enmarcados en fotos históricas (aunque hoy en día también en memes) representan una especie de mundial de la diplomacia atractivo para cualquier internacionalista. Este año los pasillos de la Asamblea General estarán más vacíos que de costumbre para esta fecha. Atravesada por la mayor crisis sanitaria de los últimos tiempos, el órgano más representativo de la organización busca ofrecer soluciones globales y reales, intentando coordinar intereses de manera virtual y remota en un mundo de crecientes rivalidades geopolíticas.

En este contexto es que el martes 15/09 se dio inicio al período de sesiones 2020 de la Asamblea General. Y el martes 22/09 comenzó el debate de alto nivel, conocido generalmente por la pronunciación de discursos de los mandatarios/as. Pero, por primera vez en la historia de la organización, debido a la pandemia del COVID-19, la sesión tuvo que llevarse a cabo de manera completamente online y con un número limitado de asistentes. Los presidentes dieron sus tradicionales discursos a través de un video previamente grabado y dentro del plenario solamente se encontraba un representante por país, quienes entre sí mantenían distanciamiento a la vez que utilizaban barbijos. En un mundo donde los acontecimientos urgen a tomar decisiones conjuntas y ampliar las respuestas multilaterales, la diplomacia tradicional estuvo limitada hasta para aquellos que pudieron acudir al recinto. Las turbulencias climáticas, sociales, económicas y geopolíticas, así como sus propios desafíos internos parecieran haber “muteado”, como en una reunión por Zoom, la celebración de su aniversario.

Brevemente vale recordar que las funciones de la Asamblea General van desde debatir y hacer recomendaciones en materia de seguridad y paz internacional, desarrollo, desarme, derechos humanos, derecho internacional y la resolución de conflictos, hasta la elección del secretario general (con anterior recomendación del Consejo de Seguridad) y la aprobación de su presupuesto. Pero una de las mayores y constantes críticas que recibe la Asamblea y la organización en su conjunto es la falta de soluciones tangibles a problemas globales cada vez más complejos, y la incapacidad de accionar cuando las tensiones entre los principales actores del sistema internacional son crecientes. La diplomacia es más necesaria que nunca, pero hoy esta se ve obligada a acudir a métodos menos convencionales y, según diplomáticos, menos efectivos. Lejos del ambiente y las condiciones que propicia la sesión anual en Nueva York, una vez apagadas las cámaras y los micrófonos, los mandatarios vuelven a sumergirse en las dificultades propias de su política doméstica.

Un reciente artículo de The Guardian reúne testimonios de diplomáticos acerca de esta experiencia, quienes confiesan sentirse como “pez fuera del agua” y destacan que si bien la tecnología desafía constantemente los métodos de la diplomacia, esta sigue siendo un trabajo cara a cara, en donde los gestos, los movimientos, las muecas y el ambiente propician otro tipo de conversaciones en donde rige la confidencialidad. Y hoy en día, en un contexto además de acusaciones cruzadas por la competencia tecnológica y el espionaje, las reuniones virtuales no son fuente confiable para ningún funcionario en cuanto a temas sensibles. Esto contrasta con la necesidad planteada en el tema adoptado para el debate general: “El futuro que queremos, las Naciones Unidas que necesitamos: reafirmar nuestro compromiso colectivo con el multilateralismo”. La virtualidad termina ralentizando la coordinación de respuestas a desafíos urgentes.

Durante su discurso de apertura en el debate de alto nivel, el secretario general António Guterres hizo referencia a cómo la pandemia dejó en evidencia las fragilidades del mundo y cargó también contra el populismo y nacionalismo como ideologías contrarias a la necesidad de incrementar la cooperación internacional. De hecho, la pandemia sienta un grave retroceso en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 según un informe propio de Naciones Unidas publicado en marzo.

La necesidad de cooperación es grande y a los desafíos de la agenda externa de la virtualidad, se le suman los internos de la organización. Su funcionamiento es reiteradamente blanco de posiciones críticas. El académico Richard Haass habla de una Asamblea General que a pesar de ser democrática, emite resoluciones que por naturaleza carecen de fuerza, ponderando como alternativas viables la proliferación de instituciones como el G-7, el G-20 y otras coaliciones regionales. Por otro lado, Stewart Patrick del Council on Foreign Relations menciona una serie de puntos en los que, reconociendo las debilidades de la organización internacional, también apunta a la responsabilidad de los Estados en asumir el liderazgo. Al fin y al cabo, destaca, estas instituciones resaltan las preferencias de sus miembros y, por ende, no quedan exentas de las rivalidades geopolíticas.

No hay dudas que la organización necesita de discusiones sinceras para reformas inclusivas e innovadoras, y que estos impulsos requieren que los más poderosos se sienten en la mesa. En su aniversario número 75 la ONU tiene más frentes abiertos hacia el exterior y hacia el interior, que posibilidades de celebrar. Definitivamente la crisis que hoy afronta no es la que la vio nacer pero, como señalaba Guterres, se encuentra en un momento fundacional en la que necesita reinventarse, no crear nuevas burocracias.

Por último, aquellos interesados podrán seguir la agenda de los diferentes eventos virtuales a través de UNGA Guide.