A diez años de la histórica ley de matrimonio igualitario

15/07/2020 por @valentinaborghiponti

El 15 de Julio del año 2010, Argentina se convertía en el primer país de América Latina en aprobar la Ley de Matrimonio Civil (26.618), más conocida como la Ley de Matrimonio Igualitario. La nueva norma establece que “el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos, con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de diferente sexo”, la cual logró modificar el artículo 172 que definía al matrimonio entre “hombre y mujer”, reemplazando la terminología por “contrayentes”.

César Cigliutti, Presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), destacó que en su momento existió una gran repercusión por parte de los sectores más conservadores que cuestionaban y obstaculizaban la aprobación de la Ley, además de que el resultado “fue peleado” y “muchos legisladores cambiaron su voto”. Sin embargo, para él, la Ley de Matrimonio Igualitario “revitalizó” al matrimonio en sí al incluir la diversidad.

Para el año 2002, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires estableció una ley que promulgaba las uniones civiles para parejas del mismo sexo. Aunque garantizaba algunos derechos relacionados al matrimonio, no incluía ni el derecho a la adopción ni a la herencia, entre otros. En el 2005, la CHA y la Federación Argentina LGBT (FALGBT) presentaron una Ley de Unión Civil ante el Congreso de la Nación, pero no escaló a su aprobación, para lo cual en el año 2009 y con el apoyo de otras organizaciones parte del colectivo LGBT+, se lanzó una campaña en búsqueda de su admisión.

A 10 años de la fría madrugada el 15 de Julio de 2010, y hasta el año pasado, se celebraron 20.244 matrimonios igualitarios a nivel nacional.

Muchos referentes consideraron que, más allá de la unión matrimonial, esta Ley significó un antes y un después para la sociedad argentina impartiendo un piso de mayor aceptación y diversidad hacia un colectivo que, históricamente, ha sido discriminado. 

En palabras de María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, “significó transformaciones culturales, y la inclusión de muchas otras leyes que reconocen la diversidad, la salud mental, la reproducción asistida, los femicidios y la identidad de género”. Sin embargo, pese a la alegría y los festejos, Rachid considera que el objetivo es la “igualdad real” y que falta mucho para alcanzarlo, en donde la lucha por lograr nuevas (y relegadas) metas tiene que darse a través de la educación y la comunicación, enfatizando en la necesidad de proponer y aprobar nuevas leyes que reconozcan otros colectivos, como las personas trans.