Con la votación a favor del Brexit que se produjo en junio de 2016 en Gran Bretaña, las relaciones del Reino Unido con Europa llegaron a un punto límite. En esta primera edición de Bruselas al día de 2026 me propongo analizar el pensamiento de Winston Churchill y su legado en el movimiento europeo en el Reino Unido.
Cuando se produjo el debate sobre el Brexit -nombre con el que se conoció a la salida del Reino Unido de la Unión Europea- muchos influencers y pensadores euroescépticos tomaron citas pronunciadas por Churchill que -sacadas de contexto – sugerían que el ex Primer Ministro británico estaba en contra de la participación de Gran Bretaña en la Comunidad Europea.
Sin embargo, en el volumen titulado Europa Unida, compilado por Ediciones Encuentro, se nos presenta a un Churchill particularmente interesado en el proceso de integración europeo.
En varios de aquellos discursos se observa su voluntad de avanzar en el proyecto federal europeo como la única forma de reconstruir a Europa después de la Segunda Guerra Mundial. En este punto su visión para el continente no se diferencia mucho de otros grandes europeístas que creyeron que la integración era la única salida para evitar los conflictos que destruyeron al continente en el pasado.
Su famosa frase «Estamos con Europa pero no somos parte de ella» puede confundir a muchos partidarios del Brexit quienes consideran que el Reino Unido debe permanecer como un aliado pero no como un miembro de la Unión Europea.
Sin embargo, esta frase puede interpretarse como una forma de abordar las distancias geográficas que separan a Gran Bretaña del resto del continente.
Desde tiempos de Napoleón, el canal de la mancha, la frontera natural que separa a este país del resto de Europa, sirvió como un dique de contención contra los enemigos históricos del Reino Unido, pero funcionó a la vez como una forma de separación política entre Londres y Europa.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, la intención del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido consistió en entablar una relación especial con los Estados Unidos, mantener relaciones cordiales con la Unión Soviética y acercarse más a Europa.
Si bien el objetivo inicial no era integrarse a la incipiente Comunidad Europea de Naciones, el rol que el Reino Unido jugó a la hora de forjar la unidad del continente -funcionando como un árbitro entre Francia y Alemania Occidental – lo convirtió en un pilar fundamental de la integración europea de la posguerra.
No podemos afirmar con certeza si Churchill hubiera votado a favor o en contra en el referéndum sobre el Brexit. Lo que sí podemos afirmar es que un declarado europeísta como Winston Churchill jamás apoyaría el desmembramiento de una unión europea entre países que tanto esfuerzo costó.




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