A finales del mes de enero el Departamento de Guerra de los Estados Unidos conocido como DOW por sus siglas en inglés, reveló de manera oficial la Estrategia Nacional de Defensa 2026, este documento, similar al Libro Blanco de la Defensa argentino contiene las principales directivas que guiarán las acciones de defensa estadounidense a nivel internacional durante los próximos años.
El último documento de estas características fue publicado en el año 2022 durante la administración del expresidente Joe Biden, motivo por el cual el presente artículo pretende desglosar estas nuevas directivas en un esfuerzo por comprender el nuevo rumbo de la defensa estadounidense desde la toma de poder del actual presidente Donald Trump.
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Una de las primeras declaraciones y quizás una de las más significativas dentro del documento entero resalta la necesidad de Estados Unidos de dar un paso atrás respecto al intervencionismo internacional que este país ha llevado a cabo durante administraciones anteriores, pretendiendo de este modo una vuelta a los valores del clásico aislacionismo estadounidense de principios del siglo pasado y de la Doctrina Monroe, y cuestionando de forma directa a las administraciones anteriores las cuales colocaban la promoción de la seguridad global como una prioridad en lugar de centrarse en los intereses de sus propios ciudadanos.
No obstante, dichas declaraciones han sido recibidas con duras críticas que señalan la incoherencia del discurso con la realidad de las acciones intervencionistas llevadas a cabo a nivel internacional por el presidente en países como Venezuela, Irán y Nigeria.
Es de vital importancia notar que con el regreso de la Doctrina Monroe Latinoamérica vuelve a estar en la mira de Estados Unidos, así como sucedió en la década de los 80’ durante la cual el entonces presidente Ronald Reagan tomó acción determinante sobre América Central y del Sur en un intento por repeler el comunismo, de igual modo la administración Trump pretende en la actualidad hacer de Latinoamérica partícipe de sus intereses de modo tal que potencias como China y Rusia no tengan acceso a estos territorios de alto valor estratégico.
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Por el contrario, el continente africano parece seguir pasando desapercibido para las diversas administraciones presidenciales, ya que en ambos documentos su única mención recae en evitar las amenazas provenientes de actores no estatales tales como terroristas islámicos.
Otro de los grandes cambios en política exterior que esta administración trae consigo recae en el papel de Rusia como una posible amenaza para la seguridad interna del país y la de sus aliados. Mientras que la administración del expresidente Joe Biden reconocía a Moscú como un peligro inminente a causa de la invasión a Ucrania y ponía una gran cantidad de los recursos de Estados Unidos a disposición de la OTAN en un esfuerzo por repeler la agresión rusa, la administración actual estima a Rusia como un riesgo manejable y deja encomendada dicha tarea a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, especialmente a sus miembros de Europa del este.
Dicha directiva se encuentra alineada con la nueva forma en la que este documento concibe a los aliados estratégicos de Washington; en primer lugar, se pretende que los miembros sean capaces de valerse por sí mismos y en caso de precisar la ayuda de los Estados Unidos la misma debería ser ante un evento crítico y limitado, ejemplificando a la situación reciente de desinversión y apatía actual de los miembros europeos de la OTAN como un ejemplo negativo, por lo que pretende que los mismos contribuyan considerablemente más al presupuesto de defensa de la organización, a los esfuerzos de reclutamiento y a la expansión de sus instrumentos militares poniendo de este modo un fin a lo que Trump ha denominado como un “subsidio a la defensa de Europa”. Asimismo, se espera que los aliados estratégicos no conciban estos objetivos comunes como un favor hacia los Estados Unidos sino más bien como un trabajo conjunto para alcanzar metas compartidas.
Un ejemplo de esto puede ser observado en la situación del Indo-Pacifico donde frenar el rápido avance de China sobre esta región constituye un beneficio para los intereses de todos los miembros involucrados y no exclusivamente a los de Washington.
No obstante, dicha preocupación por el precipitado avance de Pekín sobre la región no es nueva ya que ambas administraciones presentan grandes preocupaciones al respecto en sus respectivas estrategias de defensa nacional, siendo este uno de los pocos puntos en común entre ambas y cuyas políticas contarán con una continuidad a pesar del cambio de mandato.
En última instancia la comparación de ambos documentos permite observar las marcadas diferencias de política exterior que existen entre la administración presente y la pasada, lo que incluye quienes son vistos como aliados, quienes como amenaza y quienes, como oportunidades, pese a ello los Estados Unidos sigue siendo el mismo gigante de siempre con la misma ambición de poder e intereses nacionalistas que siempre ha poseído.




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