El Servicio Secreto de los Estados Unidos incautó más de 100.000 tarjetas SIM y desmanteló una red de 300 servidores a tan solo 56 kilómetros de la sede de Naciones Unidas.
Durante el mes de agosto tres altos cargos del gobierno estadunidense – Un agente del Servicio Secreto y dos miembros de la casa blanca – fueron víctimas de amenazas telefónicas anónimas, esta situación activó las alarmas de las agencias de inteligencia y seguridad americanas que inmediatamente desplegaron un operativo para descubrir el origen de las llamadas y la identidad de los perpetradores. Operativo que requirió del trabajo conjunto del Servicio Secreto, el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, el Departamento de Justicia, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional y finalmente el Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York.
Esta campaña culminaría a finales de agosto con múltiples redadas en la ciudad de Nueva York, donde se incautaron de 100.000 tarjetas SIM y se desbarataron 300 servidores; funcionarios también mencionaron la presencia de estupefacientes, armas de fuego ilegales, celulares y computadores en manos de los criminales arrestados.
El Servicio Secreto posteriormente informaría que esta red clandestina de telecomunicaciones poseía la capacidad de paralizar las torres de telefonía de la ciudad, inhibir llamadas al 911 e incluso enviar 30 millones de mensajes de textos anónimos por minuto; este hecho fue calificado por Matt Mcool – agente encargado de las oficinas del servicio secreto en Nueva York – como un atentado con un impacto potencial similar al de la maratón de Boston y los atentados del 11 de septiembre.
Desde entonces y hasta la actualidad, el Servicio Secreto no ha realizado nuevas conferencias de prensa o aclaraciones respecto al incidente. Por lo que no es posible confirmar si dichos servidores iban a ser utilizados contra la 80ª Asamblea General de la ONU o si el propósito de estos era otro. No obstante, los análisis iniciales de algunas de las tarjetas SIM arrojaron como resultado al menos una conexión con un país extranjero. Diversos funcionarios han destacado lo sofisticado y costoso de una operación de estas características, por lo que se sospecha la participación directa o indirecta de países como Rusia, China o Israel, ya que estos son uno de los pocos países que cuentan con los recursos necesarios para llevar a cabo una operación de este estilo.
En un escenario internacional donde la tensión entre Estados Unidos y los posibles países involucrados se encuentra incrementando de manera constante, un incidente de estas características traería consigo consecuencias no menores a las relaciones diplomáticas entre estas potencias y por consiguiente a la estabilidad mundial.
Por otro lado, el grado de sofisticación presentado por esta operación deja la puerta abierta a sospechar el posible involucramiento de una agencia estatal de inteligencia extranjera trabajando en colaboración con organizaciones criminales de alto perfil.
Finalmente, no debe dejarse de lado la gran cercanía que dicha base de operaciones tenía respecto a la sede de Naciones Unidas, donde se realizaría la 80ª Asamblea General de la ONU y la posible intención de estos criminales de obtener información sensible de los representantes presentes.
Sin embargo, es importante recordar que de momento estas teorías no son más que especulaciones que carecen de bases sólidas como para ser tomadas consideradas reales, no obstante, en un escenario de alta tensión incluso una sospecha es capaz de desatar un conflicto diplomático entre estados cuyas relaciones son frágiles. De manera tal que el Servicio Secreto deberá moverse de manera rápida y efectiva si pretenden impedir un escenario de estas características.





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