Este martes 21 de octubre, la legisladora conservadora Sanae Takaichi se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de Primera Ministra en la historia de Japón, luego de ser nombrada por el Parlamento y confirmada en el cargo por el Emperador Naruhito. Sus visiones conservadoras sobre la familia y la sociedad, así como su proyecto para el futuro de la política exterior japonesa, se encuentran en sintonía con otros líderes reaccionarios en el mundo.

Sanae Takaichi nació el 7 de marzo de 1961 en la Prefectura de Nara, en Japón. Al igual que muchos de los jóvenes japoneses nacidos durante los años de la posguerra, Takaichi desarrolló un gran fanatismo por la música occidental, se convirtió en fanática de Iron Maiden y Deep Purple, convirtiéndose en una baterista de heavy metal durante su juventud. 

Su camino a la cima de la política japonesa no fue para nada fácil. En sus años como estudiante universitaria, tuvo que luchar contra varios obstáculos para poder obtener su título universitario en la Escuela de Gobierno de Kōbe. Por un lado, sus padres no estaban de acuerdo con que continuara sus estudios luego de la secundaria. 

Por otro lado, cuando finalmente logró convencer a sus padres sobre la importancia de continuar con su educación, debió viajar más de 6 horas para llegar a la universidad, ya que sus padres no le permitían irse a vivir sola antes de casarse. 

Admiradora de Margaret Thatcher, inició su carrera política en el Partido Liberal Democrático, un partido de orientación liberal y conservadora. Su ascenso en las filas del partido la convirtió en la protegida y mano derecha de Shinzo Abe, ex primer ministro de Japón asesinado en 2022.

Según la propia Takaichi, este nuevo gobierno japonés se encargará de estrechar sus lazos con el gobierno de Trump en Estados Unidos, a la vez que ejercerá bastante presión sobre el avance de China.

Su filosofía política se basa en una percepción del Japón primero, marcando una mayor hostilidad hacia los extranjeros en el país del sol naciente.

Cómo primera mujer en llegar a ocupar la jefatura de gobierno, es muy poco probable que logre avanzar con una agenda feminista, considerando su ideología conservadora. Su elección como primera ministra expone las contradicciones del Japón actual: un país que se presenta como muy avanzado en términos tecnológicos, pero que todavía le cuesta avanzar en los aspectos sociales. 

Takaichi también se enfrenta a una crisis política como gobernante de su país, incapaz de formar un gobierno estable desde el asesinato de Abe. Veremos si Sanae Takaichi logra atravesar estos desafíos.

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