Desde tiempos inmemoriales, la historia de Occidente ha sido impregnada por el legado de la cultura clásica. Las ense de la Antigua Grecia dieron forma a Occidente tal y como lo conocemos. De las polis griegas surgieron dos paradigmas: Atenas y Esparta. Si Atenas representaba el auge de las artes y las ciencias, Esparta constituye el mito fundacional del militarismo, tal y como lo conocemos hoy en día. Entender las dos caras de la moneda griega, sus contrapuntos y diferencias insalvables nos permitirá entender el origen de muchos de los debates que salpican el debate público hoy en día.
Esparta: nacidos para guerrear
Para adentrarnos en el ethos Espartano no podemos pasar por alto la que quizás sea la guerra más emblemática de la historia (occidental), la guerra de Troya.
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Si bien este conflicto ha adquirido un carácter mítico gracias al poema de Homero, lo cierto es que en términos históricos este conflicto fue bastante menos relevante de lo que se cree. En su libro La guerra que mató a Aquiles, la autora Caroline Alexander busca desmitificar la relevancia histórica de Troya. Según Alexander, en Troya no existieron adquisiciones territoriales significativas, no sé modificaron fronteras y no sirvió a ninguna causa relevante.
El deseo de París por Helena, la esposa de Menelao, sumió a aqueos y troyanos en un conflicto absurdo, que solo servía a los intereses personales de los líderes de cada bando.
No es casual que un conflicto tan irrelevante en términos de historia militar haya sido popularizado por Homero. Después de todo, en Esparta, el alma guerrera de Grecia, los varones nacían, literalmente, para convertirse en soldados. Comenzaban su entrenamiento militar a los 7 años y si poseían algún tipo de discapacidad física eran descartados por la sociedad.
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Esta concepción del hombre nacido para la guerra dominó el destino de muchos jóvenes europeos durante siglos. Desde las guerras napoleónicas hasta la Primera Guerra Mundial, el personaje del héroe soldado, dispuesto a todo para defender a su patria, fue el epicentro de varias obras literarias y novelas de aventuras que impregnaron el imaginario europeo.
Esta veneración del joven guerrero que muere en el campo de batalla vio su fin luego de la Gran Guerra. Las imágenes de jóvenes europeos que no pasaban de los 20 años heridos y mutilados horrorizaron a una sociedad que finalmente comprendió los estragos que se producen al finalizar los conflictos armados, cuando los soldados vuelven a casa y el mundo que los vio crecer ya no existe.
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Troya es un excelente ejemplo para comprender también la relación de Occidente con su antítesis, Oriente. La ciudad de Troya está ubicada en Asia Menor, en la actual Turquía. Los troyanos son caracterizados como foráneos, aunque veneran a los mismos dioses que los griegos. Esta aversión de los antiguos griegos o aqueos a todo lo extranjero (troyanos, persas) nos permite reflexionar sobre la relación del Occidente actual con las culturas orientales. Cómo señala el historiador italiano Enzo Traverso, Occidente solo es capaz de definirse a sí mismo por la negativa, es decir, resaltando lo que no es antes de lo que es. En la actualidad Occidente sería lo opuesto a China, India o el Sudeste Asiático, por ejemplo.
Pero en su poema Homero nos propone una vuelta de tuerca. En la Ilíada, los héroes troyanos tienen nombre, una historia, razones (o no) para batirse a muerte con los aqueos y un objetivo por realizar. Los planteos del héroe Héctor a su hermano París son una representación de la aceptación del sinsentido de la guerra.
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Atenas: cuna de la civilización y las artes
Si Esparta inaugura la tradición guerrera y militarista de Occidente, Atenas es el germen de la cultura occidental. Si bien las primeras civilizaciones en la historia de la humanidad se originaron en la Mesopotamia, en el actual Irak; la construcción cultural de nuestra civilización se produce a partir del legado de los griegos. Platón, Sócrates, Aristóteles son solo algunos de los nombres más emblemáticos que diagramaron el pensamiento filosófico occidental.
Atenas, protegida por Atenea, la deidades los ojos de lechuza, se convirtió en un ícono cultural cuyas creaciones son relevantes incluso hoy día. Durante el siglo de Pericles, la producción artística alcanzó su auge. La tragedia y la comedia, con sus enseñanzas y producciones culturales, nos dieron historias eternas (Antígona, Medea, Edipo, Rey) que signaron las formas humanas de relacionarse por los siglos de los siglos.
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El ideal democrático ateniense se convirtió en un objeto de estudio indiscutido para los pensadores contemporáneos.
La democracia ateniense, aun con sus defectos varios -de la población de la polis solo una quinta parte participaba del Ágora, el ciudadano ateniense necesitaba de una importante cantidad de esclavos para cumplir sus obligaciones en la polis- es la piedra fundacional que dio origen a los sistemas democráticos modernos. La imagen de Grecia como cuna de la democracia se impuso fuertemente aun cuando la democracia directa de los griegos antiguos diste mucho de los gobiernos representativos de la actualidad.
Reflexiones finales
Desde la época del Renacimiento, Europa quiso convertirse en la versión moderna de Atenas, una usina cultural sin parangón en el resto del mundo. No obstante, la pulsión nacionalista y guerrera que se fue gestando en Europa con el surgimiento de los Estados Nación modernos, el ethos militarista y la competencia armamentística que llevaron adelante los Estados europeos recuerdan más a Atenas que a Esparta. Este militarismo desenfrenado vio su fin con los horrores de la Segunda Guerra Mundial. A partir de ese momento, Europa se decantó por la cooperación económica, política y cultural en detrimento de la confrontación bélica.
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En el presente, este militarismo parece estar de regreso. Son cada vez más los países miembros de la Unión Europea que deciden aumentar su gasto militar e instaurar nuevamente el servicio militar obligatorio. Ante la cada vez más certera amenaza rusa, armarse ya no parece ser una opción, sino una un imperativo para garantizar la integridad territorial. En paralelo, los gobiernos y partidos de extrema derecha impulsan el recorte a la cultura.
Sin desatender las cuestiones de defensa, es necesario que Europa aspire a convertirse en una versión moderna de Atenas, antes que en la Esparta de nuestro tiempo.





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