La Hungría de Víctor Orban: la destrucción de una democracia liberal en el corazón de Europa
En El Gran Hotel Budapest, el director estadounidense Wes Anderson, inspirado en la obra de Stefan Zweig, retrata el auge y caída de un hotel de lujo en una ficticia ciudad centroeuropea, a través de los ojos de Gustave, el elegante conserje de este hotel interpretado por Ralph Finnes. Gustave, se sirve de su empleado Zero Moustafa para hacer frente a una denuncia de asesinato que pesa en su contra. En un mundo donde predomina la xenofobia, los prejuicios y la hostilidad hacia lo diferente, Gustave se presenta como el representante de una concepción cosmopolita y progresista de la sociedad.
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Budapest es una urbe centroeuropea que, a principios del siglo XX competía con Viena y Praga como una de las capitales del Imperio Austrohúngaro. Luego de la Primera Guerra Mundial, la ocupación nazi y la guerra fría, Budapest fue perdiendo gran parte de su brillo y encanto. Al igual que el gran hotel, esta ciudad ha atravesado épocas de luz y oscuridad, de dolor y de gloria. En definitiva, es una historia que es también la historia de Europa.
En los años 90, con el proceso de democratización en Europa del Este, parecía que Hungría se convertiría en una democracia liberal pujante. Los casos de éxito de Polonia y Chequia no hacían más que confirmar estas expectativas.
Sin embargo, con el advenimiento del nuevo siglo, este país se sumergió en un espiral de corrupción, nacionalismo e inestabilidad política que desembocó en la Asunción de Viktor Orban a la Presidencia en 2010. Orban, que actualmente es el Jefe de Estado europeo que más tiempo ha permanecido en el cargo, llevó adelante una serie de reformas que convirtieron a Hungría en una democracia iliberal, una autocracia electoral donde la calidad de las instituciones está absolutamente erosionada, pero los procesos electorales se siguen celebrando como en las democracias liberales.
Etnonacionalismo y xenofobia: Orban contra la diversidad y el progreso
Desde su llegada al poder, Orban comenzó a despotricar constantemente contra la Unión Europea, los migrantes, la comunidad LGBTQ+, las mujeres, los disidentes políticos y los activistas de derechos humanos. En suma, cualquier persona que esté en contra de su concepción de la vida y la sociedad es considerada un enemigo para él.
Pero, en qué cree Viktor Orban, cuál es su concepción de la sociedad? Bueno, para responder a estos interrogantes debemos remontarnos al siglo XIII durante el reinado del Rey Estebán, considerado como el fundador de la nación húngara. Según Orban y su partido Fidesz, la entrada de Hungría a la UE, la globalización y el advenimiento del feminismo y el progresismo, constituyen una amenaza existencial para la nación húngara.
En sintonía con estas ideas, Orban fue uno de los principales defensores de la llamada “teoría del reemplazo”. Este supuesto pseudocientífico afirma que existe un plan que busca reemplazar a la población europea por inmigrantes musulmanes. Según esta teoría conspirativa, quien estaría detrás del “plan” seria nada menos que el filántropo y empresario estadounidense de origen húngaro George Soros.
No es casualidad que sea Soros el inculpado. El empresario, que también practica la religión judia, invirtió una gran cantidad de dinero en la educación superior en Hungría, sobre todo en la Universidad Europea, una prestigiosa casa de estudios que se convirtió en uno de los blancos preferidos de Orban a raíz de haber intentado resistir la deriva autoritaria de su gobierno.
Cualquier persona razonable vería con buenas intenciones la actitud de Soros, ya que se trata de alguien que utiliza su posición de privilegio para incentivar la educación superior en su país de origen. Sin embargo, Viktor Orban se vale de teorías claramente antisemitas para desprestigiar sus iniciativas.
La cuestión del antisemitismo y la Segunda Guerra Mundial han estado siempre presentes en el discurso de Orban. Quizá uno de los ejemplos más emblemáticos sea la reivindicación que hizo Orban de Miklós Horthy, quien fuera regente del Reino de Hungría durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Hungría se había aliado a la Alemania Nazi.
Al igual que muchos líderes de extrema derecha, Orban se convirtió en un enemigo acérrimo de la Comunidad LGBTQ+ y el feminismo. Mientras Bruselas exhortaba a todos los Estados miembros de la UE a adoptar políticas a favor de la diversidad, Orban cancelaba las marchas del orgullo. Este año, la población húngara decidió hacerle frente a la censura organizando un “orgullo gris”. De esta forma, los manifestantes se visten de gris para reclamar por sus derechos. Los clásicos colores que representan a la Comunidad LGBTQ+ están prohibidos en Hungría.
Las mujeres, que suelen ser el dique de contención contra este tipo de políticos, también constituyen un grupo demográfico atacado por Viktor Orban. En su concepción patriarcal de la sociedad, el presidente húngaro decidió implementar una serie de medidas que restringen el acceso a los derechos reproductivos a mujeres y niñas.
Entre las medidas más polémicas se encuentra una ley que obliga a las mujeres embarazadas que decidan abortar a escuchar el latido del corazón de su feto, sin tener en cuenta los efectos devastadores que esta práctica puede tener en la salud mental de las mujeres.
Radicalización social, reacciones internacionales y el de Hungría en la Unión Europea
Con la llegada de Orban al poder y su consecuente deriva autoritaria, la sociedad húngara experimentó un proceso de radicalización que se evidenció sobre todo en los medios de comunicación, que comenaron a reproducir acríticamente la visión del oficialismo, y, a pesar de los continuos ataques del Ejecutivo a las universidades, muchos acdémicos se alejaron de la Academia para engrosar la larga lista de seguidores de Orban.
No obstante, el autoritarismo de Viktor Orban no se plasma exclusivamente hacia dentro de las fronteras del país centroeuropeo. Desde su primer mandato, el presidente húngaro ha mantenido una serie de encontronazos con Bruselas que no hicieron más que escalar después de la invasión de Rusia a Ucrania. La negativa de Orban de cortar sus vínculos políticos y comerciales con Moscú, así como su oposición a enviar ayuda militar a Ucrania, conviertieron a Hungría en un paria dentro de la Unión Europea.
Reflexiones finales:
Parece que Orban ha creado un monstruo que puede llegar a ser más difícil de derrotar que una dictadura convencial. Las instituciones están erosionadas, los disidentes perseguidos, los derechos adquiridos amenazados; pero en Hungría se siguen celebrando elecciones, sigue siendo miembro de organiaciones internacionales como la Unión Europea y la OTAN y su voto a la hora de deliberar políticas comunes pesa tanto como el resto de los países. De esta forma, Hungría se convierte en un caso emblemático a imitar para muchos líderes autoritarios, un híbrido donde la democracia no termina de morir, pero tampoco goza de una vida plena.
Hoy el panorama es sombrio, pero afortunadamente existen todavía en Hungría individuos valientes, pertenecientes a una sociedad civil que no está dispuesta a renunciar a los derechos que a las generaciones anteriores les costó hasta su vida conseguir.
Esperemos que, algún día, un líder como Gustave tome las riendas de Hungría y el gran hotel vuelva a brillar.





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