En un contexto de creciente tensión geopolítica, Japón y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) acordaron el 9 de abril un incremento sustancial en su cooperación en Defensa, para hacer frente a las crecientes amenazas que suponen Rusia y China. El encuentro se dio en Tokio entre el Primer Ministro Shigeru Ishiba y el Secretario General de la OTAN Mark Rutte, y demuestra que el proceso de acercamiento que se disparó tras comenzar la guerra en Ucrania no solo mantiene su impulso, sino que pareciera acelerarse.

China y Rusia: Las amenazas al statu quo

La invasión rusa a Ucrania sumada al factor Donald Trump configura una situación más que delicada para las alianzas defensivas de los Estados Unidos en el norte del globo. Durante su primera presidencia, su mirada transaccional ya había tensionado la relación entre los miembros de la OTAN, que sentían que el socio principal cambió de prioridades. Las declaraciones de Trump a partir del inicio de la invasión rusa y sus acciones en el tema (negociación directa con Putin, cesión de territorios), una vez retomado el cargo, no sirvieron para calmar a nadie; mucho menos a quienes compartían la misma masa de tierra que Rusia.

Por otra parte, sobre China hay plena coincidencia, Rutte declaró que no puede negar el apoyo chino a Rusia y la preocupación por los ejercicios en torno a Taiwán, los cuales sigue de cerca.

Por su parte, Japón arrastra desde hace tiempo una disputa por el Artículo 9 de su constitución donde renuncia a la guerra como un medio legítimo para resolver disputas internacionales. El ex PM Shinzo Abe había soñado con cambiar la constitución en este aspecto y, si bien no lo logró, sí legó una intención de revisar cómo Japón maneja su defensa. Esa semilla tuvo tierra fértil con el establecimiento de China como una potencia militar regional con fuerte presencia naval.

A esto hay que sumarle la invasión a Ucrania. Para finales del 2022 el Ministerio de Defensa de Japón publica “Defense of Japan 2022” que establece la estrategia nipona en defensa a futuro. Dicha estrategia está marcada por una actitud mucho más activa de las Fuerzas de Autodefensa de Japón (JSDF por su siglas en inglés) y la reiteración, bastante insistente, del compromiso con evitar que actores individuales intenten cambiar el status quo por la fuerza (con menciones específicas a Rusia y China). 

Hay que considerar que Japón sostiene disputas territoriales con China sobre las Islas Diaoyu/Senkaku y con Rusia sobre las Islas Kuriles. Esta última evitó que se suscriban acuerdos de paz luego de la segunda guerra y, recientemente, declaraciones del vocero del Kremlin descartaron la posibilidad de revertir esto (citando las sanciones recientes de Japón a Rusia por la invasión a Ucrania).

En este respecto, el Ministro de Defensa de Japón, Gen Nakatani expresó interés en  sumar personal de las JSDF al Mando de Asistencia y Adiestramiento para la Seguridad de Ucrania (NSATU por sus siglas en inglés) cuya base está en la ciudad de Wiesbaden, Alemania. Según el ministro esto permitiría a Tokyo aprender de la invasión. Si bien la discusión está abierta, la participación no puede abarcar la participación en combate ya que para Japón sería inconstitucional.

Capacidad industrial, ciberseguridad y tecnología de punta

Otro punto sobre el que hubo acuerdos, fue mejorar la cooperación industrial para la defensa. Se resaltó la importancia de las tecnologías de uso dual, que incluyeron temas como el espacio y las tecnologías cuánticas, y la necesidad de estandarización. Estos esfuerzos fueron precedidos por iniciativas de ambas partes. Por su parte la OTAN ya intentaba buscar mayor cooperación con ‘los 4 del Indo-Pacifico’ (IP4 por sus siglas en inglés): Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Desde el 2022, cuando se invitó a los jefes de los respectivos Estados a participar por primera vez, hasta la actualidad han aumentado la cantidad de iniciativas y proyectos año a año. 2022 también es el primer año donde el Concepto Estratégico de la OTAN mencionó la importancia de la región Indo-pacifico para la seguridad de Europa y la región Atlántica.   

Japón ya poseía una historia que contemplaba interoperabilidad con sistemas de Defensa Norteamericanos. Un ejemplo notable son los sistemas de defensa antimisiles AEGIS montados en navíos japoneses actuales y futuros. Además por la particular alianza defensiva que sostienen estos dos países poseen un largo historial de ejercicios combinados. Solo a modo de ejemplo, el Ministerio de Defensa posee una lista de ejercicios de la Marina de Autodefensa donde puede observarse una preponderancia de ejercicios junto a los Estados Unidos.  Por otra parte, 2025 es el año en el que comenzará oficialmente el desarrollo del avión del Programa Aéreo de Combate Global (GCAP por sus siglas en inglés) en el que Japón colabora con socios europeos (Reino Unido e Italia) en el desarrollo de un avión de última generación que reemplace al Eurofighter Typhoon y al Mitsubishi F-2.

En materia de ciberseguridad lo primero que se observa es que la estrategia japonesa desde fines de 2022, que propone una ‘ciberdefensa activa’, se alinea con la mirada de la OTAN en ese campo. Ambos habilitan la posibilidad de ‘operaciones preventivas’, y esto permitiría que Japón se sume a las operaciones conjuntas entre la OTAN y los Estados Unidos de ‘caza de amenazas’ contra redes Rusas y Chinas. Japón ya contaba con presencia en el Centro de Excelencia en Ciberdefensa Cooperativa en Estonia.

Otro área que se menciona poco, pero no se descuida es la espacial. Japón desarrolló capacidades para realizar mantenimiento y reabastecimiento en órbita baja siempre obedeciendo muy de cerca las normativas para mantenerse en el sector civil (lo que no quita el potencial como tecnología de uso dual). Esto es un prospecto muy atractivo para la OTAN que desarrolló una red de satélites dedicada a apoyar sus operaciones multidominio y cuyo manejo de información puede ser un gran aprendizaje para los japoneses.

Por último, un área adicional de cooperación, que cobra relevancia a la luz de los logros de China en la materia, es la de tecnologías cuánticas. Ambas partes están queriendo producir satélites que puedan lograr replicar lo que hizo China (‘QKD’ o distribución cuántica de claves) lo que permitirá establecer comunicaciones seguras entre ellos. La OTAN también podría darle acceso a Japon a la Red DIANA, una incubadora que busca conectar startups con aplicaciones de tecnología cuántica con usuarios finales del sector de la defensa.

El futuro es incierto

El inicio de la guerra en Ucrania, tan cercano a lo que fue la primera presidencia de Donald Trump, pareció despertar abruptamente cierta complacencia a varios países. Ya fuera una excelente excusa para avanzar con ideas con las que los arcos políticos ya coqueteaban o la sensación de que no existían alternativas, la OTAN y Japón tuvieron que volver a pensar en su defensa. 

La cooperación entre China, Rusia y Corea del Norte marcó la pauta, también, de que los esfuerzos locales debían comenzar a articularse de manera global. Japón ya tenía un intenso vínculo en materia de defensa con quien es uno de los socios de mayor peso de la OTAN y esto parecía ser suficiente. Se podría adjudicar cierta responsabilidad al estilo discursivo de Trump, que permitió dudar de los Estados Unidos como un garante de la seguridad. En cualquier caso, la guerra en Ucrania confirmó a los dirigentes japoneses (como muestran los documentos del Ministerio de Defensa) que se requería una actitud más activa para poder sostener el status quo. Esto coincidió con la mirada que la OTAN arrojó al pacífico y permitió un notable aumento de la cooperación.

Resta ver si esto evoluciona en la conformación de un bloque que logra perpetuar el orden actual, o termina delimitando los bandos de un próximo enfrentamiento.

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